Las mujeres en Esparta

Encargadas de engendrar y educar a los soldados del estado más mitificado de la Antigüedad. Ellas también fueron objeto de distorsión por parte de los autores antiguos.

 

A Gorgo, la esposa de Leónidas, le dijo una vez una extranjera: “solamente vosotras, las laconias, mandáis en los hombres”. Ella respondió: “Porque solamente nosotras parimos hombres”. He aquí una anécdota que resume en dos frases mucho de los valores, situación y forma de vida de las mujeres espartanas.

Entre el mito y la realidad

Sin embargo, antes de abordar este artículo acerca del rol de la mujer espartana conviene advertir los problemas historiográficos a los que nos enfrentamos. Según podemos leer en la tesis de María del Mar Rodríguez Alcocer sobre “La educación de las mujeres espartanas”:

Esparta es, probablemente, una de las sociedades antiguas más mitificadas a lo largo de toda la Historia occidental. Vista como el paradigma de la sociedad militarizada, todos los aspectos de la forma de vida de sus ciudadanos se han percibido, tanto en la Antigüedad como en momentos posteriores, en función de la guerra. La realidad es mucho más compleja, aunque la supuesta militarización ha encaminado la historiografía hacia la discusión sobre el aspecto bélico de las instituciones, las divinidades, sus valores, etc. En definitiva, la militarización ha condicionado los intereses investigadores sobre cualquier aspecto, incluida la perspectiva de género”.

Es decir, no solo tenemos pocas fuentes, sino que son poco objetivas y sesgadas. Entre las principales para conocer Esparta y su mundo tenemos a Jenofonte, autor del siglo IV a. C. que nos dejó la obra “República de los lacedemonios”. Y, por otro lado, está Plutarco, del siglo II d. C., quien en sus “Vidas paralelas” habló de espartanos ilustres como Licurgo, Lisandro, Agis y Agesilao. Estos dos autores, tan diferentes y separados por tantos siglos, tienen en común una importante admiración por la forma de vida que se implantó en Esparta, por lo que hay que saber interpretar sus palabras. Por si fuera poco, a ello se une un problema generalizado para el estudio del pasado: las fuentes están escritas desde el punto de vista masculino, desatendiendo por completo las cuestiones femeninas. Por eso es habitual que los historiadores de la Antigüedad hablen, sobre todo, del sexo y el matrimonio cuando escriben sobre las mujeres, pues son estos ámbitos en los que se puede hallar más información: los que ponen en relación a la mujer con el hombre. Y, si de las espartanas podemos saber algo más es, además, porque fueron señaladas como el mal que acabó con la hegemonía de Esparta.

La sociedad Espartana

Esparta fue el prototipo de aristocracia en la antigua Grecia. El ciudadano de pleno derecho, el hombre libre, correspondía a la noción de élite, llamados a sí mismos “los iguales”. Todos tenían la misma vida: habían superado el examen al que son sometidos al nacer, fueron educados y entrenados de la misma manera y con la misma dureza, vestían iguales y luchaban unidos formados en la falange espartana.

Licurgo fue el personaje semilegendario al que se le atribuyen las leyes, costumbres y sistema educativo que llevaron a Esparta a convertirse en una de las mayores potencias militares de la Hélade. Según Plutarco, los espartanos eran propietarios de lotes de tierras, pero los hombres libres se dedicaban exclusivamente a las armas, por lo que las actividades agrarias, comerciales y artesanales eran llevadas a cabo por otras clases subordinadas: los periecos, los mesenios y los ilotas, es decir, los esclavos.

En Esparta se implantó la comunidad de todos los bienes y personas. Es por ello que todo hombre libre podía mandar tanto en sus propios hijos como en la prole del resto de espartanos.

La educación espartana

Esparta fue famosa ya en la Antigüedad por la educación de sus ciudadanos, inclinada por completo a servir al Estado. Es muy conocido el examen al que los ancianos sometían a los recién nacidos para comprobar si tenía alguna malformación o mostraba alguna debilidad. Aquellos que no eran aceptados se abandonaban en las Apotetas, un barranco del monte Taigeto. En cuanto a las niñas recién nacidas, parece que este control no era tan riguroso.

Mientras que a los niños se les educaba para ser los mejores soldados, las niñas eran formadas en varias materias además de ser ejercitas para adquirir vigor en pruebas físicas que requerían velocidad y fuerza. Los entrenamientos, al igual que los varones, los hacían desnudas. Pensaban que de mujeres así saldrían hijos robustos. La mentalidad guerrera lo inundaba todo, el honor del guerrero lo era todo. Es por ello que en las tumbas espartanas solo se escribían los nombres de hombres caídos en combates y de las mujeres que morían durante al parto, es decir, de aquellos que morían cumpliendo su función.

Mientras que en otras ciudades-estado griegas se dedicaban a educar a las niñas para que aprendieran a tejer y cuidar de los niños y el hogar, en Esparta lo único importante en una mujer era que pudiera dar a luz y educar a una máquina de matar para las filas espartanas. Mientras que una ateniense podía estar casada con apenas 13 o 14 años, las espartanas se dedicaban a estudiar y trabajar su físico hasta los 18 o 20 años y, a partir de entonces, empezaba a dedicar atención a sus pretendientes.


Sexo y matrimonio

Pero tampoco conviene romantizar la situación de la mujer espartana. El mundo antiguo (y no tan antiguo) era machista. Es cierto que la mujer espartana recibía una educación que parecía hacerla más libre, pero su matrimonio seguía siendo un negocio llevado a cabo por su padre o hermano mayor.

La condición comunitaria que había con los hijos, en los que podía mandar cualquier espartano, se extendía a las mujeres. El adulterio no existía, sino que los hombres tenían libertad para procrear con otras mujeres más allá del matrimonio. Cierto es que las mujeres también podían mantener relaciones sexuales con otros hombres para llevar a cabo su función principal, la de parir soldados, pero las fuentes suelen hablar más de hombres tomando a otras mujeres a las que dejar embarazada.

Es por ello que el interés por el matrimonio era mínimo, lo importante era la procreación. A la hora de disfrutar del sexo, la homosexualidad tanto entre hombres como mujeres era una práctica tan extendida y aceptada como en el resto de la antigua Grecia. En cuanto a la ceremonia nupcial, tenemos testimonios que apuntan al igualitarismo reinante en el resto de ámbitos, aunque no podamos asegurar que fueran podemos leer aquí:

“Todas las doncellas eran encerradas en una estancia oscura, donde también se encerraban a todos los jóvenes solteros;
y a la que cada uno cogía, a ésa se la llevaba para casarse sin dote”.

Autoridad y derechos

A diferencia del resto de ciudades-estado griegas, en Esparta las mujeres podían heredar y ser propietarias. En ocasiones se ha dicho que las mujeres tenían esta libertad y estos derechos debido a las numerosas expediciones que realizaban los espartanos, dejando a ellas al cargo de la ciudad. Pero en otros estados tenían las mismas o más expediciones militares, así que más bien:

“En Esparta realmente los hombres habían renunciado a todo control sobre la vida familiar y
estaban limitados hasta el absurdo a la milicia”.

Sin embargo, esta situación fue suficiente para que muchos autores antiguos afirmaran que los espartanos vivían sometidos a sus mujeres, lo cual hizo que Esparta se debilitara. Pero en estas teorías lo que podemos ver en autores como Aristóteles es el miedo al poder femenino:

“Acuciados por tal miedo, las fuentes masculinas distorsionaron a menudo los hechos a los que tenían acceso, normalmente de segunda mano en el mejor de los casos, sobre las espartanas”.

Referencias:

Mark, J. J. 2021. Las mujeres de Esparta. worldhistory.org.

Murcia Ortuño, J. 2007. De banquetes y batallas. La antigua Grecia a través de su historia y de sus anécdotas. Alianza.

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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