Larva convivialis: comer con la muerte en la Roma antigua

Los antiguos romanos acostumbraban a sentar un esqueleto a la mesa durante los banquetes. Hablamos de la larva convivialis

El término latino larva hace referencia a fantasmas malignos, por lo general espectros de criminales y malhechores difuntos, que podían incordiar a los vivos. El mismo vocablo se utilizaba para aludir a las máscaras. La larva convivialis, sin embargo, hace referencia a un curioso objeto que acompañaba a los participantes de los suntuosos festines de la alta sociedad romana.

La larva convivialis (es decir, larva convival o del convite) tenía la forma de un esqueleto que los romanos solían colocar sobre la mesa mientras comían, a modo de memento mori. Servía para recordarle a los comensales la caducidad de la existencia. Puesto que la vida era demasiado breve, la larva advertía que convenía vivirla a fondo, disfrutando de todos los placeres que tenía que ofrecer y que empezaban allí mismo, en las mesas repletas de viandas y manjares deliciosos.

El esqueleto solía disponerse sobre la mesa después de que los comensales de las clases pudientes habían disfrutado del banquete. De pequeñas dimensiones, la singular figurilla se realizaba en metales como el bronce y la plata, y era articulado, de manera que sus extremidades podían moverse para hacerle adoptar la posición deseada. La movilidad de la pieza hacía que resultara más sencillo asociar el esqueleto al humano vivo, enfatizando así el mensaje de que los presentes eran como ese esqueleto que cambiaba de posición sobre la mesa. Los banquetes, con sus delicias culinarias, la suntuosidad de la decoración de los comedores y la alegría contagiosa de los participantes, invitaban a este tipo de reflexiones sobre la fugacidad de la vida y la necesidad de disfrutarla al máximo.

Esqueleto copero
Imagen: Wikicommons

El autor latino Petronio describe, en un fragmento del Satiricón, el momento en el que la larva se instala en el comedor y reflexiona sobre el mensaje que trae. En la obra, Trimalción, el anfitrión de la velada, declara que el ser humano es miserable, pues el dios infernal Orco lo espera al final del camino. Por tanto, y puesto que la muerte es el único destino del ser humano, a este solo le queda disfrutar de los placeres que la vida ofrece. Parece que una práctica similar también fue común entre los egipcios. Según cuenta Heródoto en las Historias, durante los banquetes se exponía ante los invitados un cadáver realizado en madera que recordaba que la vida era breve y los placeres necesarios.

Aunque el concepto filosófico del «recuerda que vas a morir» posee orígenes griegos, la idea se desarrolló ampliamente en el marco de los autores latinos y, en concreto, como parte de las reflexiones de la escuela epicúrea. La imagen del esqueleto con relación al memento mori, el carpe diem y los placeres de la vida se encuentra ya en mosaicos del siglo III a.C., como el emplazado en Antioquía, que representa un difunto comiendo pan y bebiendo vino. En los yacimientos arqueológicos de Herculano y Pompeya también se han encontrado representaciones de esqueletos. El conocido mosaico del esqueleto copero de Pompeya porta jarras de vino entre sus dedos huesudos y, con probabilidad, decoraba la sala de banquetes de la casa en la que se halló.

La imagen del esqueleto como abogado de las francachelas y la diversión se encuentra en otros objetos de época romana. El Tesoro de Boscoreale conforma un conjunto de más de un centenar de piezas de orfebrería romana, sobre todo vajilla de mesa realizada en plata y oro, que se hallaron en la villa romana de Pisanella a finales del siglo XIX. Entre sus piezas labradas figuran dos copas decoradas con esqueletos. La incisión de sus nombres sobre el metal identifica a los huesudos como los filósofos y autores Sófocles, Zenón y Eurípides. Las copas portan igualmente sendas inscripciones que invitan a disfrutar de la vida: «Disfruta mientras vivas, pues el mañana es incierto. La vida es una comedia, el placer es el bien supremo».

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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