La tecnología hidráulica en Petra

La antigua ciudad de Petra logró florecer en el desierto gracias a una eficiente gestión del agua.

«La metrópolis de los nabateos es Petra, como la llaman, pues se encuentra en un lugar que, si bien llano y liso, está fortificado todo alrededor por las rocas. El exterior del emplazamiento es escarpado y abrupto, mientras que el interior tiene abundantes manantiales tanto para el uso doméstico como para regar los jardines. Más allá de esta área rocosa, la mayoría del territorio es un desierto». Así describía el historiador griego Estrabón la ciudad en su Geografía.

Petra, la que fuese capital del reino nabateo, constituye una de las ciudades más sorprendentes de la antigüedad. Declarada patrimonio mundial por la UNESCO a mediados de la década de los 80, despunta por sus tumbas monumentales (más de 600) excavadas directamente en las paredes de roca y por su riqueza geológica. Este emplazamiento desértico jordano fue ocupado de forma ininterrumpida entre los siglos IV a.C. y VIII d.C., aproximadamente, y se convirtió en un importante centro comercial. Pero ¿cómo pudo florecer este núcleo urbano en un paraje aparentemente inhóspito, montañoso y con precipitaciones escasas?

La clave se encuentra en el refinado sistema hidráulico que desarrollaron los nabateos para hacer frente a la escasez de agua en la región. En primer lugar, la configuración geológica de la ciudad, encajada entre paredes de roca altas y estrechas, facilitaba la recuperación del agua pluvial. Aunque las precipitaciones en la región no eran abundantes, la roca impermeable impedía la filtración del agua en el subsuelo y facilitaba, al mismo tiempo, la formación de torrentes durante las estaciones más lluviosas.

Para aprovechar los recursos, los nabateos crearon un sistema de canales excavados en la roca que facilitaban la circulación del agua de lluvia hacia cisternas y pozos construidos expresamente para almacenarla. Estas reservas de agua, así como una distribución racional de las fuentes hídricas, permitieron a los nabateos cultivar cereales, mantener huertos e incluso producir algodón. A través de un sistema de canalización que incluía una red de tuberías y acueductos, el agua llegaba a todas las áreas de la ciudad.

Paradeisos Petra
Imagen: Wikicommons

La disponibilidad de agua potable no solo era imprescindible para asegurar la supervivencia de los habitantes locales, sino también para proveer de recursos a los comerciantes y caravanas que llegaban a la ciudad. Petra floreció gracias a su integración en la economía caravanera del Medio Oriente. Formaba parte de las rutas comerciales de productos de lujo, como el incienso y las especias, que la conectaban con Damasco y Gaza.

Los nabateos no solo utilizaban el agua para abastecer su economía, sino que también se convirtió en un bien de lujo capaz de mostrar el poder de las elites. El complejo de Paradeisos, también conocido como el complejo de la piscina y los jardines de Petra, supone uno de los resultados más palpables de la efectividad de la tecnología hidráulica en la ciudad jordana. El conjunto se emplazaba en el centro urbano, entre el Gran Templo y el mercado, estaba formado por varias construcciones situadas en un terreno aterrazado, con una gran piscina de unos 43x23 metros y más de dos metros de profundidad, en cuyo centro de emplaza un pabellón. Alimentada a través de una complicada red hidráulica, la piscina estaba rodeada por un jardín dispuesto a lo largo de las terrazas que, sin duda, requirió de grandes cantidades de agua para florecer.

También se han encontrado otros ejemplos significativos de arquitectura hídrica en Petra. Con la conquista romana del territorio, los nabateos no solo adoptaron los sistemas de tuberías romanos para responder a las demandas de agua de una población en expansión, sino también edificios como baños y ninfeos. En la ciudad se han hallado los restos de baños públicos del siglo I d.C., con un diseño inspirado en las termas romanas, así como una estructura dedicada a las ninfas.

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Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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