La erupción del volcán que acabó con Pompeya no sucedió cuando creíamos

Durante siglos hemos confiado en un texto que estaba equivocado. Así lo demuestra la arqueología.

En el año 79, el Vesubio entró en erupción y sepultó las ciudades romanas de Pompeya, Herculano y Estabia. Tradicionalmente se ha pensado que el trágico suceso, que acabó con miles de personas, ocurrió el 24 de agosto. Sin embargo, varias evidencias arqueológicas apuntaban a una fecha distinta. Un equipo de investigación ha confirmado estas sospechas: la erupción del Vesubio no tuvo lugar en agosto. ¿De dónde viene el error de la fecha tradicional? ¿Qué evidencias indican la nueva datación? 

Pompeya Vesubio

Las ruinas de Pompeya con el Vesubio al fondo | iStock

Un error persistente

“El noveno día antes de las calendas de septiembre mi madre le advirtió que se divisaba una nube de tamaño y forma insólitos […] Se elevaba una nube —los que la miraban de lejos no sabían muy bien de qué montaña salía, después se supo que el Vesubio—, su aspecto y forma se parecía a la silueta de un pino. Pues proyectándose en el aire, como un tronco larguísimo, se ramificaba. Creo que sucedía así porque, al debilitarse la corriente que impulsaba, la nube, carente de esa fuerza o, tal vez vencida por su propio peso, se ensanchaba. Tan pronto era blanca como sucia y manchada, según lo que transportara fuera tierra o ceniza”. 

Así narró Plinio el Joven la erupción del Vesubio en la carta 16 del libro VI enviada a Tácito. Se trata de la fuente escrita más importante para estudiar el suceso y se considera el punto de partida de la vulcanología moderna. Plinio se encontraba en Miseno, a unos 30 kilómetros de Pompeya, por lo que fue testigo directo de lo que ocurrió, al igual que su tío, Plinio el Viejo, que murió al acercarse a la zona afectada para observar mejor aquel evento e intentar echar una mano a quien lo necesitase. Los romanos del siglo I no sabían lo que era un volcán y de ahí la catástrofe que siguió a la erupción.

Sin embargo, esta preciada fuente también nos dejó en herencia un error que ha perdurado muchos siglos en la tradición literaria. El noveno día antes de las calendas de septiembre, según el calendario romano, es el 24 de agosto, fecha atribuida a la erupción. Pero los especialistas están seguros de que el desastre ocurrió más tarde, por lo que la fecha citada por Plinio debe ser un error de interpretación. Como ocurre con la mayoría de las fuentes clásicas, no conservamos los textos originales, sino que leemos las transcripciones medievales que se hicieron de los autores griegos y romanos. El codex Laurentianus Mediceus, del siglo IX, es el documento más antiguo en el que se recogen las palabras de Plinio el Joven, pero no parece el más fiable. Otras transcripciones llevan la fecha del 24 de octubre y otras indican el 1 de noviembre. Esta sería la horquilla temporal que coincidiría con las evidencias arqueológicas. 

Las pistas arqueológicas

Los especialistas llevan años poniendo en duda la fecha tradicional. Varios hallazgos arqueológicos demostraban que Pompeya no fue destruida en verano, sino en otoño. Entre los restos descubiertos en las ciudades que se vieron afectadas por la catástrofe se encuentran higos secos, castañas, nueces y granadas, frutos propios del otoño. El vino se encontraba sellado en los recipientes de terracota, por lo que la vendimia, propia de septiembre, ya había pasado. Las víctimas encontradas vestían ropa gruesa, inusual para el mes de agosto en la península italiana. Algunas casas ya tenían braseros preparados para calentar las estancias. Incluso se demostró que la dispersión de los depósitos de la erupción, que volaron mayormente en dirección sur, responde a la dirección dominante del viento durante otoño e invierno, diferente a los vientos habituales de verano. 

“Con estos elementos, ahora es posible establecer que la fecha de la erupción no puede ser el 24 de agosto, sino que debe limitarse a un intervalo que va desde el 7/8 de septiembre hasta el 1 de noviembre”.

Inscripcion Pompeya 2018

La inscripción descubierta en 2018 que podría ser la prueba definitiva para fechar la destrucción de Pompeya. Doronzo et al. 2022.

La prueba definitiva

A estas evidencias arqueológica se unió el hallazgo de una moneda fechada a partir de septiembre y, sobre todo, el descubrimiento en 2018 de una inscripción que podría ser la prueba definitiva para afirmar que la erupción del Vesubio fue en otoño. 

“El día dieciséis antes de las calendas de noviembre, se entró a la comida de forma desmedida”

Este es el texto que se puede leer en la pared de una casa que fue reutilizada como almacén. La fecha mencionada corresponde al 17 de octubre según nuestro calendario. Queda claro, que nadie pudo anotar esto después de la erupción del Vesubio, por tanto, el desastre tuvo que ocurrir con posterioridad a este día. Una duda razonable sería pensar que la inscripción podía ser de algún año anterior al 79, pero está escrita en carboncillo, un material poco resistente. Los investigadores creen que esta nota no hubiese aguantado un año sin borrarse en la pared, pero se ha encontrado así gracias a la buena conservación de Pompeya bajo los sedimentos volcánicos. 

Un estudio reciente ha revisado por completo la erupción del Vesubio desde varios enfoques y disciplinas con la idea de recopilar una base de datos con la que poder relacionar los depósitos, la cronología de la actividad volcánica y el impacto medioambiental. En cuanto a la cronología, se confirma que el Vesubio enterró Pompeya en otoño: 

“Ya era finales de otoño, y por lo tanto la fecha más probable debe necesariamente caer entre el 24 de octubre y el 1 de noviembre”. 

Referencias:

Doronzo, D. et al. 2022. The 79 CE eruption of Vesuvius: A lesson from the past and the need of a multidisciplinary approach for developments in volcanology. Earth-Science Reviews 231, 10407. DOI: 10.1016/j.earscirev.2022.104072.

Huertas, P. 2022. ¿Cuándo fue destruida realmente Pompeya? historia.nationalgeographic.com.es.

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Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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