Herederos de la Historia de Roma

Tanto el modelo político como la ordenación urbana, las infraestructuras, los usos jurídicos, la medición del tiempo, etc. los hemos heredado del Imperio Romano.

Acueducto de Segovia

De un modo u otro, somos hijos de Roma. Herederos de un Imperio singularmente avanzado que unificó por las armas gran parte del mundo –entonces conocido– dotándole, para garantizarse su explotación, de las estructuras urbanas allí donde no existían.

Calzadas, puentes, acueductos son poderosos vestigios que mantienen aún hoy en muchas partes el recuerdo vivo de su presencia.

En ninguna otra parte del mundo antiguo se construyó tanto, tan grande y tan bien para disfrute de los ciudadanos.

Aquellas ciudades contaban con edificios e instalaciones destinados a un uso puramente secular: basílicas, termas, anfiteatros… de unas dimensiones y solidez desconocidas hasta entonces en Occidente.

Roma también dejó diseñado el campo español. Durante el Bajo Imperio quedó definida la tipología de esos complejos de vivienda y explotación agrícola-ganadera que hoy conocemos por pazo en Galicia, cortijo en Andalucía y La Mancha, masía en Cataluña o Torre en Aragón. Hoy siguen vigentes. Como esa tríada mediterránea que se extendió por toda Hispania: olivo, trigo y vid.

Además, con ellos aprendimos las ventajas de la agricultura intensiva y del regadío a gran escala, gracias a las redes de acequias y canales en los que vertían los acueductos y los primeros pantanos.

Una sociedad tan práctica no podía dejar de intentar poner orden en el calendario y la organización de sus días y sus horas.

El calendario anual también es heredero de los cálculos romanos, que con la introducción del año bisiesto en el llamado calendario juliano, lo dejó prácticamente listo. Sólo necesitó un último ajuste en el siglo XVI.

Al recitar la nomenclatura de los meses, también latina, estamos repasando la lista de las figuras más destacadas del Imperio: julio por el emperador Julius, agosto por el emperador Augustus…

Y al cantar los días de la semana –que se fijaron definitivamente en siete– cantamos los dioses del panteón romano: Marte el martes, Júpiter el jueves…

El calendario religioso católico se limitó prácticamente a darle la vuelta a las festividades paganas romanas.

Navidad coincide con las Saturnalias romanas, también de una semana y dedicadas al solsticio de invierno y el nacimiento de la luz. La Pascua de Resurección sustituye a la celebración del equinoccio de primavera y la Anunciación con la del inicio de esta misma estación.

¿Cuántas palabras nos han dejado?

Y no sólo términos latinos, si no tamién las lenguas romances que enlazan con el pasado de la cultura clásica romana.

Alfabeto griego y abecedario latino; ésta es la base de lenguas latinas como el gallego, el catalán y el castellano.

Y el alfabeto es griego porque vino a través de Roma.

Como el latín vulgar que trajeron los legionarios con su primer ejército profesional y dio origen a estas lenguas, también nos llegó la letra mayúscula.

Para introducir la escritura imperial en las provincias, Roma obligaba en todos los escritos a poner la primera letra en latín.

Las evoluciones gramaticales más complejas también tienen su origen en latín: las preposiciones son herederas simplificadas de las declinaciones de la lengua latina.

Los mismos romanos tejieron relatos heroicos, tragedias grandilocuentes y hasta amables comedias de Roma.

Muchos de estos temas han pasado a nuestro patrimonio cultural y han sido recreados por la literatura, la música, la pintura o la escultura.

Durante el Imperio, la educación floreció más que nunca multiplicándose en Roma y en las provincias las escuelas, instituciones especializadas que también enseñaban cálculo, geometría y música.

 

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