Estos eran los productos cosméticos que se usaban en Mesopotamia

Los mesopotámicos utilizaban aceites, resinas, minerales, plantas y conchas para elaborar cremas y maquillaje con los que potenciar la belleza.

«Me bañé, me enjaboné, me froté con jabón del brillante recipiente. Me ungí con buen aceite, me pinté los ojos con kohl, alisé el cabello alborotado de mi nuca». Quien habla es Inanna, diosa sumeria de la realeza, terrible en los asuntos de la guerra y el amor, que se prepara a recibir a su amante Dumuzi. Textos cuneiformes como este, que pertenecea un himno redactado hacia el 1800 a.C., muestran como el juego erótico y la cosmética, el placer y el cuidado de la apariencia iban de la mano, y de qué manera cremas y ungüentos se utilizaban para acentuar el atractivo personal. Pero ¿qué más podemos saber de los gustos estéticos, los afeites y el maquillaje en Mesopotamia?

En los tres milenios de historia mesopotámica, aceites y perfumes se utilizaron con asiduidad para el uso personal, ritual y médico. Se recurría a plantas aromáticas, especias, aceites vegetales — especialmente de sésamo, aunque también de oliva — y resinas, que procedían de los jardines y huertos dependientes de las instituciones locales o que se importaban. Eran habituales el cedro, el mirto, el ciprés y el enebro, junto a otros ingredientes de difícil identificación, con los que se elaboraban perfumes en talleres especializados ligados a palacios y templos. Estos perfumes se utilizaban tanto para el cuidado personal como en las ceremonias de culto. Los aceites aplicados sobre el cuerpo no solo protegían la piel en un clima marcado por las altas temperaturas, sino que también le proporcionaban suavidad y un aspecto brillante. Para lavarse, se elaboraba un tipo de jabón con la planta denominada naĝa o uhūlu, que se ha identificado con la saponaria o con la salicornia.

La mirada se embellecía como el šembi o guhlu, una pasta de color entre azulado y negruzco derivado del antimonio similar a la usada en el antiguo Egipto. Se aplicaba para agrandar los ojos, símbolo de fuerza y vitalidad. También se utilizaba con fines terapéuticos gracias a sus propiedades antibacterianas. También se utilizaban arcillas y minerales para crear ungüentos pastosos que se aplican sobre los ojos, las mejillas o los labios, y conchas, como la denominada ayyartu, de color rojizo, probablemente de procedencia pérsica. Los colores predilectos en lo que a maquillaje se refiere incluían el negro, el azul, el verde y el rojo, que se aplicaban en los ojos, las mejillas y los labios.

Relieve asirio
Imagen: Wikicommons

La industria de la cosmética antigua no se limitaba a la preparación de coloretes y sombras de ojos. Los pequeños objetos de tocador eran igualmente relevantes. La presencia de peines y peinetas, frascos de perfume y polveras se atestigua ya en los enterramientos más antiguos de Iraq. En el cementerio real de Ur — una de las necrópolis más espectaculares del tercer milenio en Mesopotamia —, la tumba de la reina Pu-abi reveló recipientes cosméticos muy elaborados. Se habían realizado con materiales como la plata, la concha y el lapislázuli, y algunos estaban decorados con escenas de caza de gran detalle. Muchos de estos cofres y cajitas todavía contenían restos de cremas y maquillaje. Se utilizaban conchas naturales para mezclar pigmentos, o se fabricaban recipientes que las imitaban en metales como el oro, dignos de la aristocracia. También se utilizaban paletas para la aplicación de maquillaje y pequeños morteros que servían para reducir a polvo minerales antes de ser aplicados.

Tampoco faltaban los espejos, que ya se encuentran en el tercer milenio a.C. Tenían la forma de pequeños discos de metal pulido, por lo general de bronce o cobre, y a veces se recubrían de cuero. Los peines, que se han encontrado en tumbas tanto de hombres como de mujeres, se fabricaban en madera, marfil o incluso plata. También se utilizaban pinzas y otros objetos de metal, probablemente cuchillas, para afeitarse o rasurarse el rostro. Tanto la tradición textual como las representaciones artísticas muestran una preferencia por el cabello largo y la barba poblada en los hombres, expresión de dominio y fortaleza. Algunas categorías profesionales, que incluían las sacerdotales, sin embargo, se afeitaban la cabeza y el rostro. Después de lavarse, perfumarse y maquillarse, y una vez vestido el atuendo de gala, solo quedaba completar el conjunto con pendientes de filigrana de oro, brazaletes tintineantes o collares de cuentas de lapislázuli y cornalina.

Referencias

Cassin, E. Kosmetik. 1980-1983. Reallexikon der Assyriologie 6: 214-218.

Cousin, L. 2022. Miroirs, peignes et cosmétiques: objets de parure féminins dans les sanctuaires assyro-babyloniens. En Florence Gherchanoc and Louise Quillien (eds.), Les parures divines. Du Proche-Orient à la Méditerranée dans les mondes anciens: quelques pistes de recherche (Cahiers Mondes Anciens 15).

Middeke-Conlin, R. 2014. Cuneiform Font the Scents of Larsa: A Study of the Aromatics Industry in an Old Babylonian Kingdom. Cuneiform Digital Library. https://cdli.ucla.edu/pubs/cdlj/2014/cdlj2014_001.html

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Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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