Así era Esparta, envidia del Mediterráneo

La sociedad espartana es una de las más conocidas y, por desgracia, tergiversadas de la Antigua Grecia. Te contamos como fue el pueblo de Leónidas.

Esparta
Imagen: iStock Photos.

Laconia es la región más sureña de la Grecia continental. La recorre el río Eurotas, cuya llanura fluvial, muy fértil, se halla limitada al este y al oeste por sendas cadenas montañosas que actúan como defensas naturales. Hasta allí llegaron, hará unos 3.000 años, las invasiones de los dorios, que unificaron cuatro aldeas de nativos para fundar la nueva ciudad  (polis, en griego) de Esparta o, como preferían llamarla sus habitantes, Lacedemón.

Antes del siglo VI a. de C. fue refundada, convirtiéndose en una peculiarísima ciudad-estado que pasó a la historia y que ha perdurado gracias a la imagen popular que arte, literatura y cine nos han hecho llegar de esta sociedad de intrépidos guerreros. ¡Esto es Esparta!

 

Instituciones y política

Si bien se suele decir que Esparta era un caso particular incluso dentro del mundo griego, la temida ciudad-estado no era tan distinta a otras grandes polis. La vida en Laconia y su sociedad, al igual que podía pasar en Atenas, se moldeaban en función de unas leyes propias.

El conjunto de normas y la Constitución de Esparta se atribuyen a Licurgo, aunque curiosamente se sabe muy poco de su persona. El sistema político que él diseñó se basaba en un principio fundamental llamado la Gran Retra: “Que el pueblo tome las decisiones. Pero si se equivoca, rechácenlas los ancianos y los reyes”. El gobierno efectivo de Esparta recaía sobre dos reyes que gobernaban de forma simultánea para que el poder estuviera repartido y buscando así una mayor amplitud de miras. También existía una especie de consejo de ancianos, los éforos, cuya autoridad estaba por encima de todas las demás y que actuaban como mediadores y conciliadores en asuntos importantes.

En el aspecto económico, Licurgo estableció la división de la tierra en lotes iguales, capaces de producir más de lo necesario para sustentar a una persona, y los repartió equitativamente entre los ciudadanos. Los espartanos funcionaban de forma comunitaria y utilizaban los bienes de producción como moneda de cambio ya que el dinero había sido invalidado fácticamente. Con este sistema se buscaba disminuir el uso de las monedas espartanas eran de hierro, grandes y pesadas; evitar la codicia o al menos ponerla en evidencia y fortalecer un sistema autárquico sin contacto con el resto del mundo en el que los extranjeros que quisieran asentarse en Esparta lo tuvieran muy difícil.

En cuanto a política exterior, Esparta funcionaba a través de alianzas basadas en las administraciones locales pero dirigidas por un ciudadano espartano para poder controlar el inmenso territorio que llegó a tener bajo su dominio.

 

Milicia

Los espartanos eran, ante todo, guerreros. Su forma de luchar era tan conocida que otros reinos o ciudades-estado solían colmarlos de regalos para ganarse su favor antes de iniciar una campaña. Esparta era la única polis que tenía un ejército permanente y ellos mismos fomentaban una mentalidad militarista exacerbada. Sus soldados eran conocidos como espartiatas, ciudadanos con plenos derechos entrenados desde la infancia para ser capaces de soportar el dolor y educados en un impulso patriótico ferviente y un cuidado estudio de la estrategia en combate. Espartiatas eran los trescientos soldados del rey Leónidas que cayeron contra los ejércitos persas de Jerjes I en las Termópilas y también los que, junto a los atenienses, consiguieron derrotarlos en Platea.

El entrenamiento comenzaba a los siete años y se llevaba a cabo progresivamente con una serie de pruebas que buscaban endurecer a sus soldados. Además de adiestrarlos y obligarlos a pelear entre ellos, se les hacía pasar hambre y frío y se les abandonaba en la naturaleza para que sobrevivieran. Aprendían a hablar poco y a decir las cosas de la manea más exacta y breve posible y se les educaba en la lectura y la escritura. A los dieciocho años se consideraba que su entrenamiento básico había acabado y pasaban a ser soldados que se mantenían en régimen cuartelero severo hasta los treinta.

Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David
Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David. Imagen: Wikimedia Commons.

 

Era costumbre que, cada año, los reyes espartanos declararan la guerra a los ilotas (esclavos) y organizaran un cuerpo de voluntarios que se dedicaba a matar a aquellos que pudieran poner en peligro a Esparta provocando una insurrección. La Krypteia, como era conocida esta especie de policía represora, se consideraba un servicio público y un honor que permitía a los jóvenes tener su bautismo de fuego y mantenía a los esclavos asustados y bajo control.

En el siglo V a.C. Esparta vivió un momento de esplendor militar consecuencia del desarrollo de nuevas técnicas militares y el uso de unidades con armadura pesada conocidas como hoplitas. Sus planes de ataque se basaban en el empuje frontal de una masa de guerreros que avanzaban portando pesados escudos y cargaban con lanzas y espadas. Las victorias y la predominancia militar de Esparta les llevó a un abandono de casi cualquier otra de sus capacidades que no fuera la guerra por lo que la actividad cultural decayó gravemente y profundizó en comportamientos totalitarios como la obediencia total a la autoridad y el desprecio a la retórica y los discursos como herramienta. En esta falta de interés en la palabra hablada tiene su origen el término ‘laconismo’.

 

El papel de la mujer

Uno de los aspectos que más descolocaba al resto de griegos sobre la sociedad espartana (esa que tantas veces se nos ha representado como a un puñado de bárbaros sanguinarios) era el papel que las mujeres jugaban en ella.

Las espartanas poseían un estatus de igualdad casi total con los varones. Aunque no iban a la guerra, eran adiestradas en combate y se ejercitaban en los mismos juegos y entrenamientos que los hombres para tener un cuerpo fuerte y esbelto. Eran las mujeres las que administraban y manejaban las finanzas y el control de la hacienda y de los negocios e incluso se les permitía asistir y participar en las asambleas políticas. Podían heredar libremente las posesiones de sus padres y eran ellas quienes elegían a su marido, con el que solían casarse a la edad de 20 años y después de pasar un tiempo viviendo una especie de noviazgo en el que la pareja se veía de noche y a escondidas únicamente para tener relaciones sexuales, manteniendo así sus cuerpos “recientes en el amor, por dejar siempre en ambos la llama del deseo y de la complacencia” (Plutarco).

Una anécdota muy popular es la que cuenta que un extranjero (hombre o mujer según la versión) acudió a hablar con la esposa del rey Leónidas sorprendido por el hecho de que las espartanas eran las únicas mujeres que conocía capaces de dominar a sus hombres. La entonces reina le respondió: “Será porque solo las espartanas parimos hombres de verdad”.

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Ilustración del cómic '300', de Frank Miller. Imagen: Norma Editorial.

 

Sociedad

La estructura social espartana era similar a la del resto de ciudades de la Antigua Grecia pero basada en su propia forma de ver el mundo. La mayor parte de la población de Laconia eran pereicos (hombres libres que no tenían derechos) o ilotas ( esclavos). Estos dos grupos se encargaban de garantizar la subsistencia y la libre disponibilidad de los espartiatas, la élite que ejercía la política y cuya principal función era la lucha y el combate.

Licurgo creía que cuanto mejor fuera cada ciudadano, mejor sería el propio Estado y por ello dio gran importancia a la educación dentro de un sistema que se basaba en la idea de la supremacía. Los recién nacidos eran examinados y si alguno de ellos presentaba problemas que le incapacitaran para lo que se esperaba de él era arrojado al vacío desde el monte Taigeto (se tiene constancia de hombres con taras físicas de nacimiento que sobrevivieron y ocuparon altos cargos en Esparta). Los niños vivían con los padres hasta los siete años y en ese momento el Estado se hacía cargo de los varones mientras las mujeres podían permanecer en sus casas. Se les educaba desde muy pequeños a superar los miedos infantiles y las supersticiones y se les enseñaba a valorar Esparta y a desarrollar un sentimiento de sacrificio y entrega hacia su patria que los moldearía tanto en el campo de batalla como en su vida cotidiana.

El patriotismo de los espartanos llegaba hasta el punto de que era obligatorio casarse y quienes no lo hacían eran castigados públicamente por no haber dado nuevos hijos a Esparta o al hecho de que los funerales de los ciudadanos que llegaran a la vejez (que eran considerados sabios y respetables) eran organizados por el propio Estado con una gran ceremonia. La obsesión por el espíritu comunitario era tal que, para fomentar la camaradería y ayudar al mantenimiento de Esparta existía una institución obligatoria conocida como Fidicia, una especie de sociedad gastronómica en la que sus miembros debían organizar banquetes en los que confraternizar y educar a los más jóvenes.

Sobre la moral sexual, al igual que en el resto de Grecia, los espartanos eran bastante abiertos y evitaban cualquier tipo de prejuicio o escándalo. Las exhibiciones y competiciones deportivas se solían realizar sin ningún tipo de ropa y la bisexualidad estaba más que normalizada (como el matrimonio era obligatorio para todos los ciudadanos muchos se veían forzados a mantener relaciones con ambos sexos). La noción de adulterio resultaba extraña para los espartanos ya que tanto hombres como mujeres podían tener amantes e incluso se daban situaciones en las que la pareja y sus respectivos amantes (uno o varios) vivían bajo el mismo techo.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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