El último rey de Babilonia

Nabónido subió al trono tras una crisis política, pero el Imperio persa acabó con él y su ciudad.

 

Son muchos los grandes gobernantes de la antigüedad con historias parecidas: el niño de familia humilde con un destino marcado por los dioses que termina trabajando en la corte imperial y, tras una crisis, el pueblo lo aclama como gobernante. Estudiar la historia antigua es lidiar constantemente con el mito y la leyenda, de ahí la riqueza de interpretaciones que se pueden obtener de los mismos sucesos. En el caso de los reyes del Próximo Oriente, el ejemplo a imitar fue el de Sargón de Acad (2333 – 2278 a.C.), el considerado primer emperador de la historia. Sargón pasó de ser copero de un rey sumerio a gobernar un imperio. Nabónido, el último rey de Babilonia, vivió más de 1600 años después, pero su historia (o leyenda) es muy parecida, solo que con un final más dramático.

De cautivo a rey

Nabónido nació en Harrán, al norte de Siria. A su madre, Adad-guppi, se le atribuye una autobiografía que escribió con 104 años (lo que decimos en el párrafo anterior siempre presente). El rey babilonio, Nabopolasar, destruyó Harrán en el año 609 a.C., y es posible que los padres de Nabónido fueran llevados a Babilonia como cautivos. Pero el destino de Nabónido estaba escrito, según su madre:

“Sin, el rey de los dioses, me miró. Él llamó a Nabónido, mi único hijo, mi vástago, a la realeza. Él personalmente le entregó la realeza de Sumer y Acad, desde la frontera de Egipto y el mar superior, hasta el mar inferior, toda la tierra”.

Se desconoce bien el proceso, pero acabaron trabajando en la corte. Nabónido llegó a servir al mismísimo rey Nabucodonosor II y, desde su posición, pudo ir adquiriendo importancia hasta el punto de intervenir en la crisis política que sufrió Babilonia tras la muerte de Nabucodonosor en el 562 a.C.

Conjuras y asesinatos acabaron con tres reyes en poco tiempo. El último de ellos fue Labashi-Marduk, nieto de Nabucodonosor, asesinado en una conjura en la que pudo haber participado Nabónido. Casualmente, tras la caída de Labashi-MArduk, el pueblo aclamó a Nabónido como soberano. Así lo cuenta el modesto Nabónido en una crónica que él mismo mandó escribir sobre su reinado: “en mi mente no estaba la idea de ser rey”. Ya ves que el género autobiográfico de políticos para defender su persona y legitimar sus acciones es tan antiguo como la propia política.

Rezar, construir y huir

Una vez aupado al trono, Nabónido procuró lo que todo rey del Próximo Oriente debía hacer para ser considerado buen soberano: honrar a los dioses, construir/reconstruir ciudades y templos, y conquistar territorios. Este último elemento, no solo no pudo ser llevado a cabo por Nabónido, sino que prácticamente vivió escondido sus años de gobierno y, a la postre, terminaría siendo el último rey de Babilonia.

Puso mucho cuidado en mantener el culto a las principales divinidades del panteón babilonio, sobre todo a Marduk, dios patrono de Babilonia. Restauró el templo de Ishtar de Acad, en la ciudad de Agadé. Y reconstruyó el Ebabbar, el templo principal de la ciudad de Sippar. En los trabajos de restauración del templo se encontró una estatua de Sargón de Acad y Nabónido ordenó rendirle culto en el mismo templo como a un dios más. Por si fuera poco, colocó junto a la de Sargón una estatua suya, ya puedes imaginar con qué intenciones.

Pero la amenaza se cernía sobre Nabónido y, en su cuarto año de reinado, abandonó Babilonia para establecerse en el oasis de Teima, en el desierto de Arabia. Allí se hizo construir un palacio amurallado ante el temor a Ciro II, el forjador del Imperio persa.

 

Ilustración de Babilonia
Babilonia

Cae Babilonia

Nadie vio con buenos ojos la huida de su rey que, tras diez años, regresó a la capital solo para empeorar las cosas: Nabónido decidió rendir culto a Sin por encima de todos los dioses. Hasta el templo de Marduk fue consagrado a Sin. Lo veían como un traidor a la ciudad y ahora también a sus tradiciones.

Una conspiración contra Nabónido fue tomando forma, pero en el 539 a.C. el ejército de Ciro el Grande masacró Babilonia. No tenemos certeza de qué ocurrió con Nabónido, pero el historiador griego Jenofonte escribió que fue asesinado.

Referencias:

Montero, J. L. 2012. Breve historia de Babilonia. Nowtilus.

Van de Mieroop, M. 2020. Historia del Próximo Oriente antiguo. Trotta.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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