El origen de las sirenas y su transformación de aves a peces

Estas criaturas proceden de la mitología griega y en su origen eran mujeres con cuerpo de pájaro y no con cola de pez como se las representa actualmente.

Sirena
Imagen: iStock Photos.

Cualquiera que haya visto la película de Disney de 1989 o haya leído el cuento de escritor danés Hans Christian Andersen sabrá que las sirenas son criaturas mágicas mitad mujer (cabeza, torso y brazos) y mitad pez (cola en vez de piernas) que viven bajo el agua y se caracterizan por poseer una belleza deslumbrante, su carácter encantador y seductor y la irrefrenable curiosidad que sienten hacia el mundo terrestre de los humanos. Pues bien, ¿qué pasaría si esa imagen que la cultura popular nos ha dado de las sirenas fuese errónea? ¿Y si, en origen, estas criaturas mitológicas no tuvieran nada que ver con lo que todos conocemos?

 

Plumas, no escamas

Las sirenas son criaturas que presentan muchas dudas y espacios en blanco en cuanto a su procedencia y función en el mundo de la mitología griega. Su nombre deriva del término en griego antiguo Σειρήν, que se suele traducir como “las que atan o encadenan”. Todas las fuentes coinciden en señalar que eran personajes femeninos relacionados de algún modo (tal vez indirecto) con el agua y el mar y que su mayor don era su habilidad para la música y su hermosa voz.

A partir de aquí, lo que se sabe de las sirenas resulta algo confuso debido a las distintas versiones que existen y a que gran parte de este conocimiento se conservó siguiendo una tradición oral y, en consecuencia, terminó por ser modificado o alterado. No sabemos con seguridad, por ejemplo, quiénes eran sus progenitores ya que algunas fuentes señalan que eran hijas del dios Aqueloo, del dios marino Forcis o de alguna (o varias) de las musas. Tampoco se sabe cuántas eran ya que los números varían entre dos y cinco. El aspecto de las sirenas era el de unas jóvenes virginales muy atractivas pero esto cambiaría con el secuestro de Perséfone, figura a la que parecen estar vinculadas.

Perséfone era la hija de Démeter y Zeus. Un día estaba recogiendo flores y frutos por el bosque con las sirenas, sus amigas y guardianas, cuando el dios del Inframundo Hades abrió una grieta en el suelo y secuestró a Perséfone llevándosela en su carro sin que nadie le viera. Afligidas por la desaparición de su señora, las sirenas emprendieron una búsqueda incansable para dar con ella y con la persona responsable de su secuestro. Fue precisamente durante esta búsqueda cuando las sirenas se convirtieron en híbridos de mujer y pájaro con rostro humano (torso incluido o no), garras de ave de presa y grandes alas con las que surcar los cielos. Según la versión que se consulte, esta transformación fue el castigo al que las sometió Démeter por no haber cuidado de su amada hija o una petición de las propias sirenas a los dioses para poder volar y que la búsqueda de Perséfone fuese más eficaz.

Muchos historiadores y antropólogos creen que la figura de la sirena llegó a la cultura griega por influencia egipcia ya que estos contaban con el ba, un espíritu con cuerpo de pájaro y cabeza humana que actuaba como mediador entre el mundo de los vivos y el más allá. De hecho, se cree que esta podría haber sido la función original llevada a cabo por las sirenas.

Sirenas en la Odisea
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La aventura de Odiseo

La primera vez que se menciona a las sirenas en un documento escrito fue en la Odisea, de Homero. Se trata, por supuesto, del mítico encuentro entre Ulises, el héroe de Ítaca, y las sirenas que buscan atraer a los marineros hacia una muerte segura.

Parece ser que, tras la búsqueda de Perséfone, las sirenas decidieron retirarse a unas islas rocosas en el Mediterráneo para dedicarse a sus grandes pasiones, el canto y la música. Se dice que la voz y las melodías de las sirenas eran escuchadas por los barcos que pasaban cerca de su isla y que estas hacían perder la cordura a sus ocupantes, dirigiéndose de forma irracional hacia ellas y terminando ahogados al chocar las naves contra las escarpadas rocas de la guarida de las sirenas. Ocurrió así que Ulises, en su camino de vuelta tras la Guerra de Troya, descubrió que su rumbo lo llevaba directo a la isla de las sirenas pero ya había sido avisado por la hechicera Circe. El astuto guerrero pudo anticiparse así a lo que iba a ocurrir.

Antes de que se pudiera escuchar el hipnótico canto desde su posición, Ulises ordenó a todos sus hombres que se taparan los oídos con cera para que el hechizo de las sirenas no les hiciera efecto y él mismo se ató al mástil y dejó muy claro que, sin importar cuánto suplicara, no debían liberarlo hasta que hubiera pasado el peligro. Conforme se iban acercando a la isla de las sirenas, Ulises perdió la cordura y comenzó a agitarse violentamente intentando liberarse de sus ataduras y a gritar a sus hombres para que le soltaran pero ellos siguieron navegando sin escucharle gracias a la cera que cubría sus oídos. Así, el barco de Ulises llegó sin sufrir ningún daño a la isla de las sirenas habiendo superado sus peligros y pudiendo continuar el viaje en paz.

¿Y cómo es que Ulises prefirió atarse al mástil del barco antes que cubrirse las orejas? Se dice que las sirenas tenían por ley que, si un hombre oía su voz y lograba llegar sano y salvo hasta ellas, el hechizo se rompería y una (o todas, según otras versiones) morirían. Ulises sabía esto y quiso asegurarse de que las sirenas no ocasionarían más daño a futuros marineros que pasaran por allí.

Sirena
'Una sirena', de John Williams Waterhouse. Imagen: Wikimedia Commons.

 

Ser sirena en el Medievo

La idea de la sirena sobrevivió, como tantas otras, hasta nuestros días pero fue sufriendo cambios que la alejaron de su esencia original. La transformación de mujer-pájaro a mujer-pez se produjo a lo largo de varios siglos desde la entrada en la Edad Media y parece que estuvo fuertemente influida por la nueva mentalidad dominada por el cristianismo.

Empecemos hablando de su aspecto antes de pasar a su carácter y simbolismo. Ya cuando eran mujeres aladas, las sirenas guardaban relación con el agua y el océano por parte de padre. Si a esto le sumamos que la historia más famosa relacionada con sirenas las sitúa en una isla en mitad del mar, alguien en algún momento de la historia podría haber pensado que estas criaturas tenían que ser mitad peces. Lo más probable es que la figura de la sirena se confundiera con la de la nereida, ninfas del mar Mediterráneo que vivían bajo el agua, eran famosas por su belleza y en ocasiones eran representadas con cola de pez. El paso de los siglos y la pérdida de conocimiento del mundo clásico que hubo durante la Alta Edad Media propiciaron que ambas criaturas se confundieran y las diferencias entre una y otra quedaran diluidas.

Hablemos para terminar del cambio de carácter y significado de las sirenas. Si nos fijamos en la historia original, las sirenas eran mujeres fieles y comprometidas con su amiga Perséfone que (voluntariamente o no) pagaron sus faltas emprendiendo una búsqueda larga y agotadora. La historia que aparece en la Odisea ya nos las presenta como criaturas peligrosas para el hombre que utiliza sus encantos y lo conduce a una muerte segura. Esta segunda interpretación de las sirenas se vería acentuada durante la Edad Media, haciendo de ellas un presagio de mal agüero en el mar y un símbolo de ira, lujuria y ambición que debía ser evitada por todos los hombres.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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