El griego antiguo: la lengua de los dioses

La lengua griega, cuna de nuestras ricas literatura, ciencia y filosofía, tiene 3.500 años de historia.

¿En qué lengua hablaban el poderoso Zeus y su hijo Apolo? ¿Qué palabras salían de la boca de la diosa Atenea o el temible Poseidón? Los dioses del Olimpo tenían su propia lengua, la misma que sus inventores humanos: la griega. En griego se contaron las leyendas y los mitos que explicaban el origen del mundo, las cosmogonías. El griego fue también la urdimbre con la que se tejieron las ciencias y la filosofía. Pero, ¿cuándo empezó todo?

La lengua griega, una de las lenguas indoeuropeas más antiguas, hunde sus raíces en la lejana época micénica. Los más antiguos testimonios descubiertos datan del siglo XV al XII a.C. A esa época pertenecen unas humildes tablillas de arcilla cocida halladas en 1900 en Cnosos, en la isla griega de Creta. Los palacios reales micénicos llevaban las cuentas y registros en esas piezas de barro cocido, hoy de incalculable valor lingüístico.

La escritura griega descubierta que esconden tales restos es muy distinta de aquella en la que el filósofo Platón compuso sus famosos Diálogos un milenio más tarde. Los micénicos empleaban un silabario conocido como "lineal B", que a su vez era una adaptación del "lineal A" que usaba la civilización anterior, la minoica. En este sistema de escritura cada signo, marcado sobre el barro fresco con una caña, no corresponde a un sonido, sino a una sílaba. A los signos silábicos (tenían unos noventa en total), los micénicos añadían varios símbolos y figuras de animales. Todo un rompecabezas por resolver para nuestros ojos modernos.

 

Tablillas de arcilla con escritura en lineal B
Tablillas de arcilla con escritura en lineal B

Justamente la tarea de descifrar los signos y abrir la puerta del pasado, es la labor de los epigrafistas. Trabajando durante años en las tablillas escritas en lineal B, hallaron algo curioso entre las listas de productos comunes e inventarios de ganado: nombres que podrían corresponder a varias deidades, entre ellas Zeus, Poseidón, Atenea, Ares y Dioniso. Los micénicos usaron su lengua para anotar las ofrendas que hacían a los dioses. Sin embargo, la poca cantidad de muestras y la dificultad de la identificación, nos siguen dejando muchas incógnitas.  

Para mayor desgracia, la destrucción de los palacios micénicos, en el siglo XII a.C., dio inicio a una época en la que los griegos se quedaron sin escritura: la edad oscura. Aparentemente dejaron de escribir y de leer, permaneciendo analfabetos durante varios siglos. Pero era un pueblo con estrella, que supo reinventarse una y otra vez. Y así lo hizo al incorporar el alfabeto fenicio, que tomó prestado gracias a sus relaciones comerciales con los pueblos del Mediterráneo oriental.

En un alfabeto los signos gráficos (grafemas), que llamamos letras, se corresponden aproximadamente a los sonidos que emitimos al hablar (fonemas). El alfabeto fenicio, derivado del alfabeto semítico del norte -que nos remite a Siria-, fue la matriz sobre la que los griegos construyeron su propio alfabeto. Pero, como eran muy suyos, lo hicieron a su manera. Dado que los fenicios no tenían signos para las vocales y escribían de derecha a izquierda, los griegos representaron las vocales reutilizando algunas letras fenicias, y además empezaron a escribir de izquierda a derecha, como lo hacemos nosotros. Así era más sencillo. Esto permitió la difusión de conocimientos y el uso cotidiano de su lengua escrita. A partir del griego se conformaron el resto de los alfabetos occidentales modernos que usamos hoy en día, incluido el nuestro, el latino.

Dialectos en la Grecia antigua
Dialectos en la Grecia antigua (1 a 4, eólico; 5: jónico; 6: ático; 7 a 14: dórico; 15 a 18: noroccidental; 19 a 21: arcadio-chipriota)

Los dioses del monte Olimpo encontraron la forma perfecta para seguir presentes en la memoria de su pueblo: la lengua escrita. De ese modo la riqueza de las narraciones orales podría trascender de generación en generación sin distorsionarse tanto por el camino. Los primeros testimonios de lengua griega escrita con alfabeto fenicio pertenecen al siglo VIII a.C., época en la que se difundieron (todavía de forma oral) los poemas atribuidos a Homero. Había nacido la literatura griega.

Poco a poco fueron apareciendo varios dialectos, entre ellos el jonio-ático, el dorio, el arcadio-chipriota y el eolio, vinculados a distintas regiones e islas. Provisto de su flamante alfabeto y gracias a las colonias, su dominio del mar y el comercio, el pueblo griego vivió una prosperidad sin precedentes. El éxito de esta innovación, sumado a su ingenio observador, permitió a los griegos crear todas las formas literarias clásicas: épica, lírica, prosa, filosofía, tratado científico y teatro.

Con el tiempo el esplendor cultural y comercial de Atenas provocó que uno de esos dialectos se impusiera sobre los demás: el dialéctico ático (lo que hoy llamamos griego clásico), que quedó vinculado con la Atenas del siglo de Pericles (siglo V a. C.). Eran tiempos dorados para la Hélade. Grandes genios que han marcado para siempre el devenir de las artes, las ciencias y los sistemas de pensamiento han pensado y escrito en griego antiguo: Alcibíades y Demóstenes (oratoria), Platón y Aristóteles (filosofía), Arquímedes y Eratóstenes (ciencias), Eurípides y Sófocles (poesía), Heródoto y Tucídides (historia), y tantos otros. 

Ánfora griega de terracota
Ánfora griega de terracota

El prestigio de la lengua griega perduró incluso cuando Alejandro Magno conquistó Grecia, estableciendo el griego como lengua franca en buena parte del Imperio romano. La lengua común, llamada koiné (ἡ κοινὴ διάλεκτος) fue la lengua culta durante los siglos dorados de Roma, como muestran las inmortales obras de Plutarco, Heliodoro y Plotino. Que el emperador Marco Aurelio escribiera sus Meditaciones en griego, ya en el siglo II d.C.,  es un ejemplo del poder de la lengua de los dioses, por usar la bella expresión de la ensayista italiana Andrea Marcolongo.  

Hoy en día, treinta y cuatro siglos después de que aquellos primeros escritores griegos dibujaran sus signos en las tablillas de barro, el griego antiguo parece una reliquia reservada al disfrute de unos pocos traductores especializados.

Pero se nos olvida que nuestra forma de entender el mundo se la debemos, entre otros, a los griegos antiguos. Y a ellos corresponde el mérito de haber inventado una terminología científica y filosófica que no recibieron como herencia, pero que sí nos legaron. Incluso cuando, en la actualidad, nos inventamos nuevas palabras usamos el griego como punto de partida para crear neologismos y tecnicismos. Así como ellos daban nombre a sus dioses, nosotros nombramos objetos o conceptos nuevos que ellos no tenían (como xenofobia, televisión, nostalgia, semáforo o helicóptero).

Escultura con la diosa Atenea portando su escudo
Escultura con la diosa Atenea portando su escudo

Si bien el griego antiguo ya no se habla en la actualidad y ni siquiera sabemos cómo sonaba, acercarnos a su estudio nos permite sumergirnos en la vida y la forma de pensar de una sociedad fértil e innovadora como pocas han existido. Además de ser una excelente oportunidad para descubrir en el pasado los cimientos de nuestra propia civilización. Ya que, como decía el poeta inglés P. B. Shelley, todos somos griegos.

 

Referencias:

Bernabé, A. et al. (2006) 'Introducción al griego micénico'. Zaragoza. Universidad de Zaragoza.

Gual, C. G. (1980). 'Lengua, historia y proceso filosófico en Grecia'. El Basilisco: Revista de materialismo filosófico, (10), 14-21.

Marcolongo, A. (2017). 'La lengua de los dioses: nueve razones para amar el griego'. Taurus.

Melena, J. L. et al. (2007) 'The Knossos Linear B Tablets: Genesis of the Listing of the Later Fragments'. Pasiphae: rivista di filologia e antichità egee: I.

Luis Cortés Briñol

Luis Cortés Briñol

Formado en filosofía y antropología, con un barniz en biología, neuropsicología y bioestadística. Soy escritor, guionista y documentalista. Intento introducir la filosofía allá donde voy, aunque no hace falta (pues está en todas partes). Vivo en una biblioteca.

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