¿Cómo nació la magia?

Te contamos cómo nació el término "magia" y cuál era su significado original.

Es imposible determinar el momento preciso en el que los homínidos desarrollaron el pensamiento simbólico, el sentido de la religiosidad y la experiencia de la magia. Se considera que, entre los primeros cazadores-recolectores, ya se manifestó un incipiente sentir religioso, aunque las investigaciones realizadas con primates sugieren que este sentir ya se registra en algunas especias animales y, por tanto, antecede a la aparición del Homo.

¿Qué se entiende por magia? Este término tan debatido históricamente ha mutado su significado a lo largo de los siglos y los contextos culturales. La magia es una disciplina compleja, pero, en esencia, engloba una serie de conocimientos y técnicas que siguen los principios establecidos por las divinidades creadoras. A través de estas técnicas se puede operar sobre la creación para modificarla, redireccionarla o mejorarla, especialmente en casos de enfermedad, desgracia o peligros para el individuo o la comunidad. Constituye el modo principal en el que los seres humanos pueden intervenir en el orden cosmológico para reinstaurar el orden. Si nos guiamos por los textos escritos, los primeros ejemplos que testimonian prácticas rituales proceden de Mesopotamia y Egipto. En Mesopotamia, la magia o conocimiento ritual procedía de la sapiencia de dioses como Enki y Ningirima; en Egipto, de Heka.

Guerreros persas
Guerreros persas, Museo de Pérgamo. Imagen: Wikicommons

Las valencias despectivas del término magia surgen en el ámbito de la Grecia antigua. “Magia” y “mago” funcionan como vocablos polisémicos cuyo significado varía según el autor que lo utilice. En origen, los magos eran sabios, especialistas religiosos al servicio de reyes y emperadores en el contexto del imperio persa. La mageia constituía, por tanto, la disciplina que practicaban los magos.

En los textos griegos se da una visión negativa del mago. En obra teatrales como Edipo rey de Sófocles, se los presenta como charlatanes y vagabundos, interesados únicamente en ganar dinero mediante falsedades y engaños. En las tragedias, como las Suplicantes e Ifigenia en Táuride de Eurípides, los magos aparecen asociados a las artes oscuras, los encantamientos para prolongar la vida y la recitación de ensalmos en lenguas bárbaras e incomprensibles. Platón también rechaza la mageutikê, la técnica de la magia, como también lo hace Hipócrates en el texto médico Sobre la enfermedad sagrada, en el que repudia el uso de la purificación, técnica empleada por los magos, en el proceso terapéutico.

Otras perspectivas de la magia muestran una mirada más cercana. Algunos autores de la antigüedad atribuyeron a los magos persas el rol de continuadores de Zoroastro. Heródoto, por ejemplo, los presenta como intérpretes de sueños y de eclipses solares, algo fundamental en muchas culturas de la antigüedad, como la mesopotámica, en las que los eclipses de sol auguraban catástrofes. También realizaban ofrendas y libaciones a las divinidades, lo que los presenta como participantes activos del culto religioso.

Faravahar Persépolis
Faravahar, el símbolo del zoroastrismo. Imagen: Wikicommons

El desprecio por las prácticas de los sacerdotes apodados magoi nació, probablemente, de una interpretación peyorativa de sus prácticas rituales. Las letanías susurradas por los magoi, por ejemplo, probablemente sugirieron a los griegos lenguas incomprensibles y oscuros rituales con fines malévolos. Al fin y al cabo, como Circe o Medea, los persas encarnaban al extranjero peligroso, al bárbaro que se oponía a los conceptos de ciudadanía griega.

En ámbito latino, de hecho, Apuleyo menciona en su Apología dos definiciones constrastantes del término magus. Por un lado, el mago denomina el  sacerdote persa que cultiva la magia, esto es, la forma de culto divino establecido por Zoroastro. Por otro lado, y como desarrollo deformado del concepto, mago alude a la persona que utiliza su conocimiento de las cosas divinas en beneficio propio o por el puro placer de realizar actos maravillosos. Es esta segunda acepción la que prosperó y que acabaría asociada con la noción de crimen a través del uso de recitaciones, cantos maléficos, sustancias venenosas y secretismo en el ámbito nocturno para realizar maleficia.

De este sustrato cultural nace el concepto despectivo de la magia y sus practicantes, que el cristianismo también adoptará. Sin embargo, esto no impidió que se siguieran cultivando prácticas de carácter mágico como el uso de cuencos mágicos arameos y de amuletos cristianos.

Referencias

Bernabé Pajares, A. 2006. "Mágoi" en el papiro de Derveni ¿magos persas, charlatanes u oficiantes órficos?, en M. Valverde Sánchez et al. (eds.), Koinòs lógos: homenaje al profesor José García López, vol. 1, pp. 99-110. Murcia: Universidad de Murcia.

Bremmer, J. N. 1999. The Birth of Term Magic. Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 126: 1–12

Calvo Martínez, J. L. 2007. ¿Magos griegos o persas? Los usos más antiguos del término magos. MHNH: revista internacional de investigación sobre magia y astrología antiguas, 7: 301–314.

Rives, J. 2010. 'Magus' and its Cognates in Classical Latin, en R. L. Gordon y F. Marco Simón (eds.), Magical Practice in the Latin West: Papers from the International Conference held at the University of Zaragoza, 30 Sept.-1 Oct. 2005, pp. 53-77. Leiden: Brill.

 

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Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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