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Ciro II, el rey que condenó a muerte a un río

El rey aqueménida de Persia y fundador del Imperio aqueménida pasó a la historia por ser bastante cabezota.

Ciro II, el Grande, era tan guapo que mucho después de su muerte los escultores persas continuaron modelando sus rasgos porque representaban un ideal de belleza física. Era alto y delgado, con nariz recta, barbilla firme y labios gruesos. Tenía mucha coloración en la piel, caminaba un poco rígido y se mostraba a la par iracundo o sonriente, dependiendo de la ocasión. Así lo relatan historiadores antiguos como Heródoto y Jenofonte, que hablaron con profusión y detalle de las conquistas militares de Ciro, su educación, la forma de dirigirse a sus tropas o incluso sus modales en la mesa.

Al igual que Alejandro Magno, Ciro II forjó un gran imperio y, de la misma forma, no vivió para organizarlo.

Sin embargo, hay una cualidad en este rey persa que destacaba sobremanera: su cabezonería.

 


Historias interesantes

Existe una anécdota que ha pasado a la historia por ser de lo más insólita. Y, según, algunas fuentes históricas, la víctima de este evento fue un río, el Gyndes (Diyala).

Concretamente, el historiador y geógrafo griego Heródoto cuenta que en 559 a.C, el rey persa secó y redirigió un río entero tras intentar cruzarlo y morir ahogado uno de sus caballos, debido a las fuertes corrientes del río. Ante esta “afrenta” por parte del río, Ciro II decidió condenarlo a muerte y llevar la sentencia a cabo. Así lo relata Heródoto:

"Cuando Ciro avanzaba a Babilonia, llegó al río Gyndes, que, teniendo su origen en la tierra de los mateños, fluye a través de la tierra de los dardanianos y desemboca en el Tigris... Cruzaron el río Gyndes y cuando uno de los caballos blancos sagrados de Ciro entró audazmente en el río e intentó cruzarlo, la corriente del río lo arrastró bajo el agua y se lo llevó. Ciro estaba extremadamente enojado con el río por su insolencia y amenazó con debilitarlo. Tanto que en el futuro, las mujeres podrían cruzarlo fácilmente sin mojarse las rodillas. Habiendo hecho esta amenaza, pospuso su expedición contra Babilonia y dividió su ejército en dos unidades, una para cada lado del río. Luego, inspeccionando con una cuerda, delimitó el terreno por 180 canales a cada lado del Gyndes y conduciendo desde él en todas direcciones. Debido a que su fuerza laboral era grande, este trabajo finalmente se completó, pero no hasta que hubieron gastado el entero verano allí trabajando ".

 

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Así, nos encontramos en medio de la conquista de Babilonia. En 539 a.C., el rey persona invade el Imperio babilónico siguiendo las orillas del Gyndes en su camino a Babilonia. Una vez creados los canales y desviada la corriente del río para facilitar su cruce, Ciro derrotó al ejército babilónico en una batalla cerca de Opis. Los babilonios abrieron sus puertas sin resistencia.

El rey de Babilonia Nabonido huyó, y Ciro envió a su sirviente Ugbaru, el gobernador de Gutium, a capturar Babilonia. Después de dos semanas, Ciro fue recibido en Babilonia con grandes festejos.

Gracias a esta nueva conquista, Ciro añadió a sus títulos el de “rey de Babilonia”. Heredó todos los territorios que habían pertenecido al Imperio Babilónico, y aparentemente no tuvo problemas para pacificar todas estas regiones.

Sarah Romero

Sarah Romero

Periodista especializada en ciencia y nuevas tecnologías. Soy redactora de contenidos web en la revista Muy Interesante y Muy Historia. Puedes contactar conmigo a través del correo ladymoon@gmail.com

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