Batalla de Farsalia: Julio César derrota a Pompeyo

El 9 de agosto del año 48 a.C. tuvo lugar en Grecia central este enfrentamiento, decisivo dentro de la Segunda Guerra Civil de la República de Roma.

La disputa por el poder entre Julio César y el Senado romano culminó –tras el famoso paso del Rubicón– en la marcha del ejército del primero hacia Roma, lo que obligó a Pompeyo y gran parte de los senadores a huir de Italia a Grecia en el año 49 a.C. Allí le sería más fácil a Pompeyo reclutar un ejército para enfrentarse a su antiguo aliado. César, a falta de una flota, consolidó su control sobre el Mediterráneo occidental (en concreto, Hispania) mientras esperaba conseguir los barcos que necesitaba para perseguir a su enemigo. Después de diversas escaramuzas entre las fuerzas de ambos ex triunviros –y de algunos intentos de alcanzar un acuerdo de paz–, Pompeyo cercó a César en Tesalia (Grecia) y los senadores que lo apoyaban le exigieron una victoria decisiva. De este modo, aceptó la batalla que el futuro dictador le planteaba en un campo cerca de Farsalia.

Las fuerzas de ambos eran muy dispares, a favor del primero: Pompeyo contaba con 110 cohortes (unos 50.000 hombres) frente a las 80 de César (unos 30.000). La desventaja mayor se daba en la caballería, con 6.700 jinetes pompeyanos frente a apenas 1.000 cesarianos –aunque estos datos, que proporciona el propio Julio en sus Comentarios sobre la Guerra Civil, han sido corregidos por otras fuentes que afirman que la diferencia habría sido menor, de 4.000 contra 2.000–. Sin embargo, el ejército cesariano tenía como ventaja sobre el pompeyano el hecho de que sus legiones fueran tropas veteranas, acostumbradas a las duras condiciones de vida de la guerra y a la ferocidad de los combates cuerpo a cuerpo y con un destacado papel en la conquista de las Galias, las expediciones a Britania y Germania y la campaña de Ilerda. En cambio, los legionarios de Pompeyo eran jóvenes recién reclutados por el Senado, con poca o nula experiencia previa de combate.

Otra diferencia era el mando: los legionarios de César le eran absolutamente leales y su comandante poseía un gran carisma con el que se aseguraba la fidelidad de sus tropas, mientras que Pompeyo no tenía apenas conexión con las suyas. El motivo era que, además de haber sido reclutadas sobre la marcha, el comandante llevaba más de una década retirado de los campos de batalla tras licenciar a su antiguo ejército, lo que contrastaba también con el hecho de que la fama de César como general exitoso era reciente, y eso influía en el ánimo tanto de sus legiones como de las de su enemigo. El reducido espacio del campo de batalla también favoreció a César, ya que impidió a Pompeyo aprovechar mejor su superioridad numérica. Así las cosas, la batalla de Farsalia, de unas dos horas de duración, iba a acabar siendo, contra todo pronóstico, la victoria que César necesitaba.

Las cifras de bajas en ambos ejércitos varían según las fuentes: 230-1.200 cesarianos frente a 6.000-15.000 pompeyanos. Pompeyo huyó cobardemente de Farsalia a Egipto, donde sería asesinado por orden del faraón Ptolomeo XIII, que envió su cabeza a César creyendo que así ganaría el favor del victorioso romano. Nada más lejos de la realidad: se aseguró un enemigo furioso, ya que César había concedido la amnistía a un gran número de los pompeyanos tras la derrota de Farsalia, en un intento de cerrar las heridas de la República de Roma. No obstante, Farsalia no logró poner fin a la Segunda Guerra Civil: dos hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto, y la facción pompeyana, dirigida ahora por Catón y Metelo Escipión, siguieron luchando. Así, César se vio obligado a continuar batallando durante varios años hasta acabar con los restos de la facción senatorial, pero sin duda, como afirma Cicerón, en Farsalia conquistó irrevocablemente la superioridad tanto militar como moral: el otro bando se desacreditó al huir sus mandos a Egipto y abandonar al ejército a su suerte.

Nacho Otero

Nacho Otero

Soy escritor desde siempre, y redactor y corrector en Muy Historia y otras publicaciones de G+J desde hace casi treinta años. Puedes contactar conmigo a través del correo iotero@zinetmedia.es

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