Así combatían los temibles guerreros mayas

La concepción de los mayas ha pasado de agricultores pacíficos a violentos guerreros que sacrificaban a sus prisioneros de guerra.

 

La civilización maya se desarrolló en la península de Yucatán entre el siglo XII a. C. y el XVI d. C. Si bien su época de esplendor, el llamado clásico tardío, se dio entre el 600 y el 900 d. C., en un área central que ocupó parte de la actual Guatemala y de los estados mexicanos de Tabasco y Campeche. Como tantas culturas no europeas, ha sido considerada tradicionalmente como una civilización exótica y misteriosa. Nada que no arregle la fórmula de siempre: investigación y divulgación. En esta ocasión nos vamos a centrar un ámbito que suscita interesantes debates actualmente: la guerra en el mundo de los mayas.

De hombres pacíficos a crueles guerreros

Los investigadores tuvieron una imagen errónea de los mayas hasta mediados del siglo XX. En un principio se pensó que eran un pueblo pacífico, con gobernantes que solo dedicaban sus esfuerzos a la observación de los astros y a medir el tiempo con elaborados calendarios.

Sin embargo, hacia la mitad del siglo se produjeron dos hitos destacados en la investigación de los mayas. Gracias al esfuerzo de investigadores como Yuri Knórozov, Tatiana Proskouriakoff y Heinrich Berlin, se descifró la escritura maya. Cuando pudimos entender lo que habían escrito en estelas y demás obras de arte, comprobamos que no se representaban a dioses combatiendo en épicas luchas mitológicas, sino que se trataba de gobernantes que exhibían sus éxitos bélicos. Por si quedara alguna duda, en 1946 se descubrió las pinturas murales de Bonampak, en el estado mexicano de Chiapas. En ellas se ve la violencia con la que los mayas se enfrentaban entre sí, con claras muestras de torturas, degollamientos y sacrificios.

“Esta escena mostró al mundo que la sociedad maya estaba envuelta en implacables y sangrientas luchas, que se practicaban sacrificios humanos, que se torturaba a los prisioneros y que se exhibían orgullosamente sus cabezas como trofeos de guerra”.

Una vez aceptado este carácter guerrero de la civilización maya, se le ha visto más similitudes con las luchas entre polis griegas, que con una vida de simples agricultores obsesionados con los números. Las preguntas pasaron a ser otras: ¿por qué luchaban los mayas? ¿Cómo combatían estos guerreros?


¿Una guerra total?

El arte maya, unido a sus textos, nos ha ayudado a conocer un poco el ámbito de la guerra en esta civilización. Sin embargo, aún quedan importantes incógnitas por resolver. En palabras del paleoclimatólogo David Wahl:

“A pesar de más de un siglo de investigación arqueológica, la naturaleza y las consecuencias más amplias de la guerra maya siguen sin comprenderse bien”.

Los mayas fueron una civilización que levantó ciudades en plena selva. Gracias al control del agua por medio de canales y pantanos, lograron prosperar con un sistema agrario con el maíz como principal cultivo. Pero era un sistema frágil y propenso a desestructurarse con los cambios climáticos. Los mayas combatieron contra ciudades vecinas con la intención de arrebatarles sus recursos y someterlos a sus intereses. Es por ello que, originalmente, la guerra entre ciudades mayas se entendía como una lucha ritual que tenía unos límites.

Los mayas se enfrentaban, pero la ciudad-estado vencedora no arrasaba con el enemigo y su territorio, sino que los mantenían como subordinados para beneficiarse de sus recursos. No fue hasta el siglo IX d. C. cuando una importante escalada de las tácticas militares elevó a la guerra a otro nivel. Esto propició una desestabilización que llevó a los mayas a una guerra total en la que arrasaban las ciudades de los enemigos derrotados, lo que acabaría significando el colapso de la civilización.

Sin embargo, una investigación encabezada por David Wahl defiende que las ciudades mayas llevaron a cabo la guerra total antes de lo que se pensaba:

“Conectamos un evento de incendio masivo con un ataque descrito con una declaración de guerra del período Clásico. Múltiples líneas de evidencia muestran que ocurrió un gran incendio en la antigua ciudad de Witzna, coincidiendo con un relato epigráfico que describe un ataque y quema de Witzna en 697 d. C. Después de este evento, la evidencia muestra una disminución dramática en la actividad humana, lo que indica un gran impacto negativo en la población local”.

Una sociedad guerrera

Las victorias se medían por el número de prisioneros vivos apresados de las filas enemigas. Al regresar de la batalla, los vencedores conducían a los cautivos por la ciudad. Previamente los desnudaban y les colgaban tiras de papel para humillarlos durante el recorrido. Posteriormente, eran sacrificados en un ritual público llevado a cabo en los templos que coronaban las famosas pirámides escalonadas con una gran escalinata por la que hacían rodar el cuerpo del sacrificado.

Para evitar este destino, los mayas iban a la guerra lo mejor pertrechados posible, sobre todo aquellos que podían permitirse una panoplia apropiada, como era el caso de los nobles. Los mayas fabricaban sus armas con madera, piedra, pedernal y obsidiana. Portaron lanzas y hachas de piedra. Arcos, flechas y otras armas arrojadizas como cerbatanas, jabalinas y hondas. Podían defenderse tanto con escudos largos y flexibles, como con un modelo más rígido y de menor tamaño con forma redondeada. Vestían armaduras a base de algodón endurecido con baños de sal, una coraza adecuada para el clima húmedo y caluroso en el que combatían, pues eran ligeras y transpirables.

Todo ello, engalanados con pinturas de guerra, tocados con plumas, conchas, caparazones de tortuga y piedras preciosas que adornaban el cuerpo de unos guerreros que presentaban un aspecto temible.

Referencias:

Bueno, I. 2013. Los temibles guerreros de las ciudades mayas. Historia National Geographic 111, 18-21.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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