Letradas: mujeres que escribieron la historia de Mesopotamia

Descubre a las escribas que fijaron en la arcilla un fragmento de la historia cotidiana. Ocurrió en Mesopotamia hace 3800 años.

Durante siglos, la educación, el estudio y las empresas intelectuales fueron ámbitos casi exclusivamente masculinos, hasta el punto de que figuras como Hipatia, Christine de Pizan o Hildegarda de Bingen se han convertido en excepciones históricas que, si bien notabilísimas, confirman la regla. En la Mesopotamia del segundo milenio a.C., las cosas no eran diferentes. Las escuelas en las que se formaban los escribas eran ámbitos de predominio masculino, así como también eran hombres los expertos que aconsejaban al rey, que guiaban la ejecución de rituales o que leían los cielos.

En las primeras evidencias escritas procedentes de Mesopotamia y Egipto cuesta encontrar referencias a mujeres escribas, autoras o figuras doctas. Hay que escarbar mucho y profundo para conseguir desenterrar esa parte de la historia sepulta en las planicies desérticas. Y, sin embargo, gracias a proyectos de investigación e iniciativas académicas como el Workshop on Gender, Methodology and the Ancient Near East vez se sabe más sobre ellas.

Conocemos a Madawada, por ejemplo, una mujer perteneciente a una rica familia de comerciantes asirios instalados en la colonia anatólica de Kaneš. Su modesto archivo atestigua la labor que llevó a cabo como prestamista en torno al 1900 a.C. Princesas y reinas también escribían o dictaban sus misivas a los escribanos de palacio en las que informaban a sus maridos y familiares de asuntos políticos, problemas domésticos y cuestiones personales.  Incluso se conoce a la autora de una serie de himnos religiosos, Enheduanna, una figura controvertida que es considerada por muchos la primera poetisa de la historia.

Junto a ellas, ignaras de su contribución futura, aparecen las mujeres escribas, las que se dedicaban a la administración y la burocracia en las cortes de Mari o en la ciudad de Sippar.

Mujeres emprendedoras del siglo XIX a.C.

Tablilla Shamash
Imagen: Wikicommons

A unos 30 quilómetros al sudoeste de Bagdad, en una planicie de color terroso, se sitúa la antigua ciudad de Sippar. Allí, en este centro urbano a orillas del Éufrates, operaron un grupo de mujeres que se dedicó a una intensa actividad económica. Eran las nadītus de Šamaš, dios solar y divinidad mesopotámica de la justicia. Compraban y alquilaban propiedades, actuaban como prestamistas y gestoras de un patrimonio templario por el que velaban y que buscaban expandir. Y, por supuesto, también escribían.

El término nadītu corresponde a una categoría profesional de mujeres al servicio del templo. Se sabe que pertenecían a las clases pudientes y que ingresaban en la institución por elección de sus familias, que aportaban bienes y propiedades a tal efecto. No podían tener hijos, aunque, en algunos casos, llegaban a contraer matrimonio. Vivían en un área cerrada dentro de la ciudad, en el Ebabbar, el templo dedicado a Šamaš.

Al menos una veintena de mujeres escribas se mantuvieron en activo bajo los reinados de las dinastías de Sippar y Babilonia. Como han apuntado asiriólogas como Katrien De Graef, todavía existen lagunas en la comprensión de estas figuras, de la amplitud de sus roles profesionales en el culto religioso y de la razón por las que se les exigía que no tuviesen hijos para asumir el cargo de nadītu. Se considera que la prohibición de procrear les permitía ocuparse de actividades económicas de cierta envergadura. Al trabajar por el incremento de la riqueza de la institución, probablemente se evitaba la dispersión de un patrimonio creciente.

¿Qué escribían las nadītus de Sippar?

Figurilla terracota
Imagen: Wikicommons

Utilizando tablillas de arcilla y cálamos hechos con cañas, las escribas de Sippar redactaban textos similares a los que escribían sus compañeros masculinos de profesión. En los textos que redactan, se denominan a sí mismas «mujeres escribas» o, simplemente, «escribas», sin determinación de género alguna. Se han encontrado contratos de compra de casas, campos y esclavos, de alquileres, aparcerías y donaciones. También se ocuparon de asuntos burocráticos más espinosos, como los procesos y disputas legales, en los que a menudo aparecen como testigos. Una de ellas, Inanna-ama-mu, ejerció una dilatada actividad a lo largo de cuatro reinados y es la única, por la información de la que se dispone, en presentarse como escriba de los jueces del templo de Šamaš.

Estas burócratas, emprendedoras y escribientes escribieron una parte importante de la historia mesopotámica. No la que se ocupa de gestas y grandes eventos políticos, sino la que se construye en lo cotidiano, en lo económico y productivo. El hallazgo de las tablillas redactadas por las nadītus de Sippar prueba que las mujeres de las elites podían aprender a leer y escribir, y aplicar estas capacidades a la producción de riqueza.

A las mujeres de las elites se les proporcionaba cierta capacidad de actuación en ámbitos y contextos en los que los hombres no podían o debían participar, como las áreas palaciales reservadas a las mujeres, por ejemplo. Sin embargo, la actuación de mujeres en otros ámbitos letrados de la Mesopotamia antigua, como la escritura de textos especializados de astronomía, medicina o adivinación, apenas están atestiguados.

Referencias

Lion, 2009. Les femmes scribes de Sippar. Topoi. Orient-Occident Suppl. 10.

Schlüter. 2021. Madawada - Portrait of a "Businesswoman"? Distant Worlds Journal Special Issue 3. DOI: https://doi.org/10.11588/propylaeum.886.c11956

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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