Muere el cardenal Richelieu

Cardenal Richelieu
Imagen: Wikimedia Commons.

Armand-Jean du Plessis, más conocido en la historia como cardenal Richelieu o ‘la Eminencia Roja’, murió el 4 de diciembre de 1642 en París. Aunque es recordado en la memoria popular como el antagonista principal de Los tres mosqueteros, novela de aventuras de Alejandro Dumas, fue un gran estadista y probablemente la persona más influyente de toda Francia, responsable del devenir del país durante sus años de vida y posteriormente.

Hijo del dirigente local de Poitou, era el cuarto de cinco hermanos y debería haber dedicado su vida al mundo militar, pero su frágil salud y el azar quisieron que acabara entrando como obispo en la sede episcopal de Luçon. María de Médici, la reina madre, supo ver el valor de su astucia y habilidades políticas y lo colocó bajo su protección otorgándole diversos cargos que le harían ascender en la corte real. Richelieu acabaría por acercarse a Luis XIII, un rey que le despreciaba pero que era consciente del importante papel que podía jugar en el gobierno, y el nombrado primer ministro puso todo su empeño en defender los privilegios del clero, centralizar el poder absoluto del rey y arrebatar la hegemonía del centro de Europa a los españoles. Fue por Richelieu por lo que Francia conservó Quebec, apoyo a los protestantes alemanes y holandeses y se reprimió a los hugonotes franceses.

Al final de su vida Richelieu era un personaje odiado tanto por el pueblo llano como por los miembros de la corte. Su ambición desmedida y la falta de escrúpulos que demostraba con sus acciones hicieron que ganara una pésima fama. Además, la subida de impuestos con la que sufragaba sus guerras no ayudó a que los franceses le tuvieran más aprecio.

 

1870 Amadeo de Saboya acepta el trono de España

El 4 de diciembre de 1870 el italiano Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II y de la bisnieta de Carlos III de España María Adelaida de Austria, aceptó la corona española y asumió el trono de un país que ni había visitado nunca ni comprendía. Duró menos de dos años como rey.

La llamada Revolución Gloriosa de 1868 obligó a Isabel II a exiliarse y dio lugar a un gobierno provisional que promulgó una nueva constitución y acabó por ceder la regencia al general Serrano mientras el propio Parlamento buscaba un nuevo candidato que encabezara la monarquía española. El empeño del general Prim hizo que se eligiera a Amadeo de Saboya con 191 votos a favor, 100 en contra y 19 abstenciones. El italiano desembarcaba en Cartagena el 30 de diciembre de 1870 y ese mismo día fallecía Prim, su principal valedor, por las heridas sufridas durante un atentado tres días antes. Sin él, Amadeo de Saboya se encontró solo y rodeado de enemigos.

A la guerra que se estaba librando en Cuba y el tercer intento de los carlistas por poner a su candidato en el trono a la fuerza de las armas hay que sumar la inestabilidad política de sus gabinetes y la oposición ejercida por el clero, la burguesía, los republicanos, los obreros y los alfonsinos. Amadeo de Saboya renunció a la corona el 10 de febrero de 1873 y, al día siguiente, el Congreso y el Senado anunciaban la formación de la Asamblea Nacional y proclamaban la Primera República Española.

 

1978 España aprueba la primera Ley de Partidos de la democracia

El 4 de diciembre de 1978 se aprobó en España la Ley de Partidos Políticos, la primera de la nueva democracia y que servía para asentar el proceso de transición que dejara atrás definitivamente la dictadura franquista. Fue publicado en el BOE el 8 de diciembre y estuvo vigente hasta el 27 de junio de 2002, cuando fue sustituida por una nueva ley.

Desde la muerte del dictador Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975, España había vivido una serie de cambios muy rápidos que buscaban instaurar un sistema democrático íntegro. Las mismas leyes que habían sustentado al régimen durante 40 años sirvieron para ponerle fin cuando en 1976 las cortes franquistas aprobaron la Ley para la Reforma Política, germen del sistema de la Transición Española. La aparición de nuevos partidos dentro de la legalidad se hizo de forma progresiva, empezando con el Estatuto de Asociaciones Políticas de 1974 y siguiendo con la ley de junio de 1976 que trataba el derecho de asociación política.

El último paso fue la Ley de Partidos, que daba a los españoles la posibilidad de “crear libremente partidos políticos en el ejercicio de su derecho fundamental de asociación” y regulaba la creación y el funcionamiento de los nuevos partidos. Las ansias por la libertad y la pluralidad política de los españoles se vieron reflejadas durante esos años ya que, entre 1976 y 1978 surgieron alrededor de 150 nuevos partidos. En las elecciones de 1979 entraron al Congreso 13 partidos distintos.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.