Robert the Bruce, el auténtico Braveheart

Robert I, de la casa Bruce, llegó a rey de Escocia en 1306 tras rebelarse contra Eduardo I de Inglaterra. El apodo de ‘Braveheart’ se le atribuye a él y no a William Wallace.

Si en Escocia se habla de Robert the Bruce es como si habláramos de Alfonso X en España o de Bolívar en Latinoamérica. Su presencia es el comienzo de gran parte de la historia de esos países y eso les ha convertido en un símbolo muy potente. Robert the Bruce, ‘king of scots’, es uno de esos héroes legendarios de los que su pueblo no se cansa de hablar nunca.

Nacido en una de las familias más poderosas de Escocia y con antiguas pretensiones al trono, su padre y él se opusieron al nombramiento de John Baliol y lucharon junto a Eduardo I de Inglaterra para deponerle del trono. Con lo que no contaban es con que el rey inglés aprovecharía su poderío militar para extender su dominio a la zona norte de las islas. Aunque la casa Bruce le había jurado lealtad en 1296, el joven e impetuoso Robert acabó por unirse a la rebelión que estaba surgiendo de manos de William Wallace y fue nombrado Guardián de Escocia en 1298.

La derrota de los escoceses y la muerte de Wallace implantaron en Robert the Bruce la idea de que debían romper con el dominio inglés de una vez por todas y decidió lanzar una nueva ofensiva. Intentó reclutar a John Cormyn, el otro candidato al trono y enemigo acérrimo de Bruce. Se reunieron en el monasterio de Greyfriars y, ante la negativa de Cormyn de colaborar, le asesinó y huyó. Esta decisión le valió la excomulgación y el ser declarado proscrito por Eduardo I.

Desde ese momento, la vida de Robert the Bruce se convirtió en una carrera por ganar apoyos y sobrevivir a los ataques de ingleses y escoceses por igual. En marzo de 1306 fue coronado oficialmente como rey de los escoceses, aunque no poseía un reino que gobernar y le costaría un alto precio ganarlo. Su guerra comenzó con varias derrotas graves en las que sus tropas fueron emboscadas y masacradas, por lo que decidió romper con las reglas de caballería y utilizar técnicas más propias de una guerrilla para hostigar a los ingleses. Se podrían destacar las batallas de Methven, Glen Trool y Loudoun Hill; aunque en la que finalmente consiguió su victoria definitiva fue en la de los campos de Bannockburn, donde derrotó a Eduardo II y ganó un reino propio.

Robert I gobernaría hasta su muerte en 1329 por, se cree, secuelas derivadas de afecciones como la lepra o el sífilis. Debido a que había sido excomulgado, creía que su alma no podría encontrar reposo y le pidió a su fiel amigo Douglas el Negro que llevara su corazón hasta Tierra Santa para enterrarlo en el Santo Sepulcro. Sin embargo, Douglas moriría en su viaje y el corazón del rey sería devuelto a Escocia para enterrarlo en la Abadía de Melrose.

El rey proscrito’ (2018) se centra precisamente en el renacer de la rebelión de Robert the Bruce y sus primeros pasos hacia la corona (siendo precisos, la película narra hasta su primera gran victoria en Loudoun Hill). Aunque existen algunas irregularidades históricas añadidas con el único fin de hacer más interesante la trama, la película se aproxima bastante a los hechos reales y la ambientación es muy correcta e inmersiva. Sirve para dar visibilidad y eco a una interesante historia que extenderá la imagen de Robert the Bruce al resto del mundo, con el hacha en mano y su león rojo como enseña, rugiendo y lanzándose a la batalla.

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