Monstruos de la historia: brujos y brujas

La brujería es un conjunto de prácticas relacionadas con la magia y lo sobrenatural. En el pasado, quienes la practicaban eran tan admirados como temidos.

Si eres mujer tienes que tener un gato negro, un caldero humeante, la escoba voladora (imprescindible), el sombrero picudo, una verruga en la nariz, piel verde, pelo de esparto y una sonrisa chirriante. Si eres hombre toca túnica larga complementada con algún tipo de amuleto, una barba por debajo del ombligo, sombrero tipo pico y un báculo o bastón del que emana todo tu poder. La imagen actual que la cultura popular ha difundido de brujos y brujas se acerca bastante al nivel caricaturesco o al estereotipo que hemos encontrado durante años en cuentos y películas. Sin embargo, la brujería es un concepto tan antiguo como el propio ser humano y que se manifiesta de formas dispares según el momento y el lugar.

Empecemos definiendo las características que definen a un brujo o una bruja (aunque ahora el género del término no importa, más adelante será clave). Un brujo es aquella persona que hace brujería, entendiendo esta como un conjunto de prácticas y elementos mágicos o sobrenaturales. Aunque por entonces no lo llamaran así, esta figura vinculada con el mundo de los espíritus y con fuerzas que sobrepasan la condición humana se da desde la Prehistoria en forma de chamanes, druidas para los pueblos celtas o videntes para los germanos. No solo existían, sino que ocupaban los escalafones más altos del sistema social y eran respetados y temidos a partes iguales. Por supuesto, la brujería no es algo exclusivo de Europa sino que es una manifestación existente en todo el planeta, cada sitio con sus particularidades.

En la Edad Antigua, con sociedades más complejas y estructuradas, la brujería empezó a verse como una herramienta de gran utilidad a la vez que como un peligro. En Grecia, por ejemplo, eran miles los que acudían hasta Delfos para consultar a su oráculo y este podía determinar si una ciudad-estado iba o no a la guerra. También era habitual ver a importantes líderes acompañados por personas sabias que presumían de tener habilidades extraordinarias (véase el caso de Arturo Pendragón y Merlín). Sin embargo, la brujería también era fuente de recelos y temores debido a que proporcionaba a determinados individuos poderes que otros no tenían y que podían usar en beneficio propio. En tiempos de Roma, la Lex Cornelia prohibía las prácticas de brujería, hechicería y adivinación bajo pena de muerte.

Brujas
Imagen: Getty Images.

 

El concepto que se tenía de la brujería vuelve a cambiar en la Edad Media, principalmente debido a la expansión de las ideas y la moral cristianas. Aun cuando la Biblia apenas hace una o dos referencias a las brujas, los que practican la brujería pasaron a ser adoradores del demonio que obtienen sus poderes de la magia negra y por lo tanto solo pueden tener propósitos siniestros y malvados. El término latino por el que se empezó a conocer a las brujas en la Europa medieval es maleficae (maléfica, malvada). Es interesante analizar la degeneración del término y la facilidad con la que se usaba para señalar a cualquier persona que hiciera algo que cuestionara la férrea y cerrada mentalidad católica. No nos referimos a tradiciones paganas o rituales, sino a conocimientos científicos que eran descartados por la Iglesia y llevaban a su difusor a finales que podían incluir una celda en prisión o la hoguera, entre otros.

Es también en la Edad Media cuando las diferencias entre brujo y bruja aumentan en niveles muy distintos a los del simple término. Igual que se hizo desde el Génesis con Eva y la manzana, las mujeres pagaron la peor parte de la brujería ya que el término pasó a incluir toda clase de comportamientos o señales que las autoridades y la sociedad de la época consideraban reprobables. Si una mujer era acusada de lascivia y libertinaje, podía ser también acusada de brujería al haber abandonado a Dios para seducir a los hombres. Algunos de los mejores ejemplos de esta idea se dieron en el Nuevo Mundo, donde numerosas colonias de puritanos llegados desde Inglaterra fueron el escenario de un miedo eufórico en el que murieron muchas personas inocentes. El caso más conocido es el de los juicios contra las brujas de Salem (Massachusetts), donde se ejecutó a 18 personas acusadas de brujería.

La situación se calmó a partir del siglo XVIII, cuando todo lo relacionado con la brujería empezó a verse como elementos de leyendas y supersticiones. La mejor y más generalizada educación, movimientos racionalistas como la Ilustración y la inclusión de brujos y brujas en relatos hicieron que pasaran a formar parte del folklore y la cultura popular de muchos países. En el siglo XX, en Estados Unidos, apareció una religión que tomaba elementos de las antiguas creencias paganas y de la brujería como base para unas creencias pacifistas y naturalistas conocidas como Wicca.

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