Clara Offreduccio, enfrentada a Francisco de Asís

La religiosa renunció a una vida de comodidades y riqueza para dedicarse a los demás y fundó el primer convento femenino independiente.

Antes de ser Santa Clara de Asís, fue Clara Offreduccio. Esta religiosa que vivió en el siglo XIII fue una de las figuras femeninas más destacadas dentro de la Iglesia Católica y un ejemplo asombroso para su tiempo. Clara Offreduccio hizo lo que muchos consideraban inapropiado o incluso imposible y consiguió vivir su vida y su fe de la forma en que ella creía, sin tener que estar supeditada a nadie.

Nacida en el seno de una de las familias más ricas de la ciudad italiana de Asís alrededor del 1193 (su fecha exacta de nacimiento es desconocida), recibió una educación muy rica para la época y destacó desde niña por su carácter compasivo y piadoso. Conocía el latín en profundidad y sabía leer y escribir, además de ser capaz de organizar y administrar los recursos económicos de un gran hogar como era el suyo, habilidad que se esperaba que una buena esposa tuviera. A pesar de las infinitas comodidades con las que contaba, en la juventud de Clara salió a la luz su lado más próximo a la religión y era común encontrarla dando comida o limosna a los más necesitados, realizando ayunos o incluso usando un cilicio.

La joven Offreduccio no parecía estar muy conforme con la vida que le había tocado y encontró una forma de escapar de sus obligaciones cuando conoció a Francisco de Asís. El fraile había renunciado a la riqueza de su familia y había abrazado la pobreza como forma de acercarse a Dios. Tomándolo como ejemplo y, según algunos indicios, viendo cercana una posible unión marital, Clara Offreduccio decidió huir de su familia para buscar refugio con los Hermanos Menores de San Francisco. Una vez allí, renunció a todas sus posesiones y vida pasada para ingresar como Sor Clara.

Sin embargo, la cosa no quedó ahí. Desafiando incluso al propio Francisco de Asís y contradiciendo sus deseos, Clara dedicó muchos años de su vida a conseguir una aceptación oficial de su privilegio de pobreza y de sus propias normas, fundando el primer convento femenino que no estaba ligado a ningún monasterio masculino y donde no existía ni la jerarquía ni la riqueza.

Clara Offreduccio impartió con el ejemplo practicando la pobreza voluntaria, durmiendo en el suelo y dando su ropa a sus compañeras de convento. La Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, las clarisas, nació como una segunda orden franciscana y fue aceptada por el Papa en 1253. En agosto de ese mismo año, la religiosa falleció habiendo visto su sueño cumplido.

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