La historia del verdadero MacBeth, ni asesino ni sanguinario

El auténtico MacBeth fue un noble escocés que subió al trono tras derrotar a Duncan I en batalla y no asesinándolo en la cama como cuenta Shakespeare.

Suele decirse que la historia la escriben los vencedores. Aquellos que ganan batallas y perduran en el poder tienen la capacidad de establecer el tono con el que se escriben las crónicas de su tiempo y pulir algunos detalles que puedan resultarles incómodos o poco útiles. Pero la cosa no suele terminar ahí y es habitual que con el paso del tiempo surja una tendencia revisionista que o bien busca cambiar la perspectiva que se tiene del pasado o bien reafirmarla. Para este segundo caso la literatura suele ser una herramienta muy útil ya que las historias populares tienden a calar hondo en la sociedad. Y como las cosas se entienden mejor con un ejemplo, nos disponemos a exponer uno de los casos más paradigmáticos de cómo una ficción puede distorsionar la historia y lo hacemos con MacBeth, de William Shakespeare.

 

La obra de Shakespeare

El bardo inmortal escribió Macbeth en algún momento de 1606 y 1607 y fue publicada en 1623 a partir de un libreto utilizado durante sus representaciones o de la transcripción de este, presentando el texto cambios u omisiones respecto al original. Se trata de la obra más breve de William Shakespeare, sin apenas subtramas y, sin embargo, una de las más potentes debido a la trágica y cruda historia que se nos cuenta y a la oscuridad presente en ella.

La trama comienza con MacBeth y Banquo, dos generales del rey Duncan I, que vuelven de una batalla en la que han derrotado a un grupo de rebeldes. En su camino se encuentran con las tres fatídicas hermanas, brujas que hablan a MacBeth y le dicen que su destino es convertirse en rey. De vuelta en su castillo, la profecía consume a MacBeth y esa misma noche asesina al rey y toma su corona mostrando tanto él como su esposa la ambición y la cruel naturaleza que poseen. En su delirio MacBeth ordena asesinar a Banquo, a quien las brujas predijeron que si bien él no sería rey sí que engendraría a futuros reyes, y Lady MacBeth muere presa de la locura y la culpa.

La obra termina con un ataque contra MacBeth liderado por Malcolm, el hijo de Duncan, en el que el tirano rey cae en combate frente a MacDuff, un noble que había descubierto el crímen de MacBeth y promovido la rebelión contra él. En una escena, las tres brujas le dicen a MacBeth que “ningún hombre nacido de mujer” podrá dañarle y como MacDuff nació por cesárea tras la muerte de su madre en el parto, la profecía se cumple y el círculo se cierra.

MacBeth y las tres brujas
Las hermanas fatídicas revelan su destina a MacBeth. Imagen: Wikimedia Commons.

 

El auténtico Macbeth

El personaje histórico en el que William Shakespeare se basó para escribir su obra se llamaba Mac Bethad mac Findláich y fue un noble escocés que nació alrededor del año 1005 en las tierras del centro de Escocia. Su padre era Findlaech MacRuaridh, mormaer (señor) de Moray, y se cree que su madre era la segunda hija del rey Malcolm II. MacBeth (pronunciación de su nombre gaélico en inglés) fue enviado a un monasterio con siete años para recibir la educación propia de sus estatus social y asumió el cargo de su padre como señor de Moray alrededor del 1031. MacBeth se casó con una viuda llamada Gruoch, descendiente del rey Kenneth III, y adoptó a su hijo Lulach como propio.

En el año 1034 el rey Malcolm II murió y su hijo Duncan tomó la corona de Escocia. Algunas crónicas de la época hablan de su mala gestión, sus ansias de poder y de las abundantes derrotas sufridas en el campo de batalla bajo su mando. Sea como fuere, en agosto del año 1040 MacBeth encabezó a un grupo de nobles que se rebelaron contra Duncan y se enfrentaron en la batalla de Elgin, cayendo el rey en combate (no siendo asesinado en la cama como nos dice Shakespeare) y asumiendo MacBeth el trono.

Durante su reinado, el escocés tuvo que hacer frente a varios levantamientos rebeldes y a los intentos del earl de Northumbria (norte de Inglaterra) de conquistar parte de sus territorios. A pesar de esto, el reinado de MacBeth trajo cierta estabilidad al panorama político escocés y fue un periodo de introducción y difusión del cristianismo en Escocia. En el año 1050, la situación era lo bastante buena y el rey decidió realizar un peregrinaje hasta Roma para recibir la bendición del papa. El declive de MacBeth llegó en el año 1054, cuando se vio forzado a ceder parte de su territorio a Siward de Northumbria; y en el año 1057 Malcolm, hijo de Duncan I, se alió con los ingleses e inició una invasión de Escocia para recuperar el trono de su padre y deponer al usurpador. MacBeth murió ese mismo año en la batalla de Lumphanan y al año siguiente Malcolm mataría a Lulach y se haría con el trono.

MacBeth
MacBeth asesinando a Duncan I mientras duerme. Imagen: iStock Photo.

 

¿Realidad o ficción?

Una vez expuestas ambas versiones es fácil ver que Shakespeare se tomó sus libertades a la hora de escribir la obra. Esto se debe primero a que utilizó como fuentes principales las crónicas escritas por los ingleses (aliados de Malcolm III) por lo que la historia ya estaría bastante distorsionada. Pero además, cuando Shakespeare escribió MacBeth lo hizo con la intención de denunciar los abusos de poder y la codicia y favorecer la candidatura de James VI de Escocia al trono de Inglaterra alegando que el orden natural de sucesión siempre era mejor que la llegada de nuevos candidatos.

No sería la primera vez que una obra de teatro se convierte en un arma arrojadiza contra o a favor de determinado personaje público. De hecho, el mismo Shakespeare retorció la figura del rey Ricardo III y la convirtió en una criatura cruel y sin corazón en la obra que lleva su nombre con fines parecidos. Por lo tanto, ¿era MacBeth esa sombra ambiciosa y sanguinaria dispuesta a todo por alcanzar el poder? No. ¿Era un santo que luchó por la libertad de su pueblo y que terminó cumpliendo el dicho que afirma que “quien va para redentor acaba crucificado”? Tampoco. Macbeth no fue un ser humano tan complejo como frágil, “un pobre actor que en escena se arrebata y contonea y nunca más se le oye”.

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