Juana de Arco: la espada y la cruz de la Dama de Orleans

La líder militar francesa murió quemada en la hoguera por defender sus creencias y convicciones y siendo olvidada por su rey, que fue coronado gracias a ella.

La llamaban ‘La dama de Orleans’. Fue una gran líder militar, responsable de algunas de las victorias más importantes que consiguió el ejército francés durante la Guerra de los Cien Años y, al igual que muchos otros personajes contemporáneos, defendió su fe hasta su último aliento, siendo condenada injustamente y muriendo por sus creencias y sus convicciones.
Juana de Arco, patrona de Francia y canonizada por la Iglesia Católica en 1920, fue uno de los personajes históricos más relevantes de su tiempo. No solo por ser mujer, sino por los éxitos que cosechó en su tiempo como guerrera y por su propia historia. Nacida en el seno de una familia acomodada de campesinos en la pequeña comuna de Domrémy, ella misma afirmó haber tenido visiones divinas de San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita, quienes la instaban a llevar una vida piadosa y comprometida con una misión: apoyar al delfín Carlos, hijo de Carlos VI de Francia, en su lucha contra Enrique VI de Inglaterra por el trono.

Fue entonces, con apenas 17 años, cuando fue a reunirse con el delfín Carlos para que le permitiera ayudarle y llevar a cabo su misión. Aunque originalmente fue rechazada, el avance inglés hizo que se le entregara un ejército de 5.000 hombres. Con estas fuerzas a su cargo, Juana de Arco consiguió levantar el sitio de Orleans el 8 de mayo de 1429 y fue abriendo camino con la espada hasta Reims para que Carlos fuera coronado como rey de Francia. Tras haber cumplido su cometido, dejó de escuchar las voces que habían guiado su camino y se retiró a su hogar; pero fueron muchos los que pidieron su regreso para seguir combatiendo y acabó por regresar al campo de batalla.

En esta segunda etapa, participó en el fallido intento de tomar Paris en septiembre de 1429. Ocho meses después, sufriría otra derrota en Compiègne y sería capturada por los borgoñeses, aliados de los ingleses y que la entregaron a estos. Juana de Arco fue juzgada por un tribunal eclesiástico acusada de herejía y brujería. Durante el juicio, se afirmó que las voces que escuchaba no provenían de Dios sino del Diablo, con el objetivo de desprestigiar a Carlos VII por ser seguidor de una bruja. Ante la reafirmación de Juana de que las voces provenían de Dios y la ausencia de ayuda por parte del rey francés, la líder militar moriría quemada en la hoguera el 30 de mayo de 1431, a la edad de 19 años.

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