El falso mito del Santo niño de la Guardia

Este relato popular de la Semana Santa oculta una cruel y sangrienta realidad histórica que prueba la animadversión de los inquisidores contra los judíos.

Ni tanto ni tan poco. Así es como, probablemente, mejor se debería definir la imagen que la sociedad tiene del Tribunal de la Santa Inquisición. Esta institución constituida en la Edad Media para “defender la fe cristiana” acabó por convertirse en el azote de aquellos que eran considerados herejes porque se salían de la doctrina establecida por Roma o los conversos acusados de no abrazar las enseñanzas de Cristo de forma sincera. Si bien es cierto que existe una potente leyenda negra que exagera el número de víctimas que la Inquisición dejó en su camino, no es menos cierto que llevaron a cabo acciones atroces y que utilizaron su poder a conveniencia. Un ejemplo perfecto es el falso mito del que aquí vamos a hablar, el del secuestro y asesinato del Santo niño de la Guardia.

Sigue siendo costumbre en muchos lugares el contar esta leyenda durante el día de Viernes Santo, conmemorando el día en que supuestamente tuvieron lugar los hechos. Existe un precedente directo a los hechos que nos ocupan, una historia vernácula recogida en el Código de la Ley de las Siete Partidas (1255) de Alfonso X el Sabio en la que se cuenta que unos judíos raptaron a un niño para crucificarlo igual que se había hecho con Cristo. Basados en este relato tuvieron lugar los hechos de 1489,  cuando la Santa Inquisición acusó a dos judíos y seis conversos de secuestrar a un niño frente a la Puerta del Perdón de la catedral de Toledo en el día del Corpus. La investigación llevada a cabo, liderada por el mismísimo Tomás de Torquemada, concluyó que los judíos habían crucificado al niño y planeaban mezclar su sangre con hostias consagradas para envenenar a los altos inquisidores.

Esta peculiar escena resulta poco creíble porque, como muchos imaginarán, no ocurrió realmente. Los ocho detenidos, entre los que se destaca el converso Yosef Franco (supuesto cabecilla del crimen), fueron sometidos a terribles torturas hasta que confesaron haber cometido el supuesto rapto y asesinato del niño por orden de rabinos judíos. Durante el juicio, los reos dijeron que el cuerpo estaba oculto en las cuevas de La Guardia porque era el paisaje más parecido a Palestina y que antes de asesinarlo habían representado la escena de la crucifixión de Cristo como una especie de teatro, pero el cadáver nunca fue hallado. El tribunal llegó a decir que los restos del niño nunca se encontraron porque, al ocupar el papel de Cristo y debido a su  desgraciado final, se produjo una ascensión o elevación a los Cielos.

Como es de imaginar, los ocho acusados fueron condenados y ejecutados en el año 1491 por los delitos de sacrilegio (al haber empleado la hostia consagrada para su plan) y por el asesinato del niño. Al año siguiente, este procedimiento judicial fue esgrimido como uno de los principales motivos para expulsar de España a todos los judíos en 1492.

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