Curiosidades sobre Arturo Pendragón, rey de los bretones

El rey Arturo es uno de los personajes más conocidos de la literatura y el ideario medieval. Recopilamos algunas curiosidades sobre su historia y origen.

Lo hemos visto convertirse de ese niño flacucho que sacó una espada de un yunque en un rey justo y noble, hemos leído las hazañas que llevó a cabo junto a sus leales caballeros, hemos oído su nombre cada vez que el viento se colaba por entre los árboles y, para qué engañarnos, es muy probable que en un momento u otro hayamos soñado con ser él. El rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda son algunos de los personajes más universales que existen en la cultura humana y su historia nos acompaña desde hace siglos como máximo exponente de caballería, aventuras, romance y honor. Pero, ¿qué sabemos exactamente de él? ¿Existió? ¿De dónde viene su leyenda? El viaje comienza aquí…

Rey Arturo
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Historia de Arturo Pendragón

Son muchos los relatos que componen la historia del rey Arturo y no todos parecen estar de acuerdo en algunos puntos concretos, dando lugar a distintas versiones de un mismo acontecimiento. Vamos a empezar tratando los aspectos más generales y difundidos del personaje.

Arturo es el hijo bastardo de Uther Pendragón, rey de los bretones, y la esposa del Duque de Cornwall, Igraine. Uther se enamoró de la hermosa doncella y una noche, mientras la alojaba en su castillo, se disfrazó como su marido y la sedujo, yacieron juntos y de esa infidelidad nacería Arturo (recordando bastante a la forma en la que Zeus engendró a Hércules). Para protegerlo, el sabio Merlín ocultó al niño, lo educó y preparó para el futuro que le esperaba. Mientras, Uther moría y el reino quedaba descabezado, estableciendo Merlín que solo aquel que fuera capaz de extraer una misteriosa espada de la roca sería digno de convertirse en rey.

Pasaron los años y el destino quiso que Arturo fuese mandado a buscar una nueva espada para su hermanastro sir Kay. Al ver la hoja clavada en la roca, y sabedor de la profecía de Merlín, Arturo decidió probar suerte y tuvo éxito donde cientos de valerosos caballeros habían fracasado, probando su derecho a sentarse en el trono. Se dice que Arturo actuaba con tal nobleza y justicia que consiguió unificar todos los reinos bretones  y, bajo su reinado, la fortaleza de Camelot vivió una edad dorada de paz en la que se erigió como una cuna para las artes y la riqueza, modelo de lo que cualquier reino del mundo medieval querría ser. Arturo reunió a los mejores caballeros del reino y los sentó en la mesa redonda, un lugar de consenso en el que nadie estaba por encima de los demás.

Arturo y la Dama del Lago
Imagen: Wikimedia Commons.

 

La Dama del Lago entregó a Arturo Excálibur, una espada mágica forjada años atrás por Merlín que siempre estaría afilada y cuya vaina protegería a Arturo de cualquier herida. Con este extraordinario objeto al cinto y guiado por su fiel consejero Merlín, el rey emprendió toda clase de arduas tareas para proteger a su reino de los males que lo acechaban, fuesen o no humanos. Pero la misión más importante fue la de encontrar el Santo Grial, la copa de la que Jesucristo bebió en la última cena. Durante la búsqueda, Arturo descubriría que su esposa Ginebra le engañaba con uno de sus hombres de confianza, Lancelot, y aunque quien fue el amor de su vida salvó su vida (acabó recluyéndose en un convento) no pudo  olvidar la traición de Lancelot y lo persiguió hasta Francia. Esta ausencia sería aprovechada por Mordred, el hijo que Arturo tuvo con la hechicera Morgana le Fay, para hacerse con Camelot e imponer un reinado de terror.

La historia de Arturo Pendragón, tan idílica hasta ahora, acaba en tragedia. Arturo vuelve y convoca a sus ejércitos para enfrentarse a Mordred en la batalla de Camlann. Durante el combate, casi todos los caballeros de la mesa redonda mueren y Arturo se enfrenta cara a cara a su hijo, matándose el uno al otro. Gravemente herido, Arturo devuelve Excálibur a la Dama del lago para que la guarde hasta que vuelva a ser necesaria y es llevado por una redimida Morgana a la isla de Avalon, donde sus heridas se curarán y esperará el momento de poder regresar para reinar de nuevo. Es por esto que Arturo es conocido como ‘el rey que fue y será’.

Camelot
Representación de Camelot. imagen: Wikimedia Commons.

 

Nacimiento y construcción de una leyenda

Como pasa con muchas otras historias, la de Arturo se fue construyendo con remiendos y préstamos de varios autores a lo largo de los siglos hasta convertirse en lo que es hoy. Resulta un tanto complicado rastrear todos los elementos que dan forma a las leyendas artúricas pero sí que puede tomarse una serie de fuentes como referencia y observar su evolución.

La primera mención conocida que se tiene de Arturo aparece en el poema celta Gododdin, escrito en el siglo VI. En él se hace una elegía a los bretones que lucharon contra los invasores sajones y se dice que cierto guerrero fue capaz de vencer a un poderoso enemigo pero que “no era Arturo”, dando a entender que este tal Arturo era todavía más hábil y poderoso. Varios siglos después, en el año 1130, el monje Godofredo de Monmouth escribió Historia de los reyes de Britania en la que unía crónicas de batallas, leyendas y relatos fantásticos para construir la historia de Arturo, esta vez como un importante rey. Aparecen por primera vez la espada Caledfwlch (Caliburn en latín), el reino de Caerleon y el druida Myrddin. En el 1155 el manuscrito fue traducido del latín al francés por el autor Wace, quien incorporó por primera vez la mesa redonda.

Fue esta versión en francés la que el poeta Chrétien de Troyes utilizó como base para escribir una serie de romances de gran éxito como la historia de Lancelot, el caballero de la carreta o Gawain y el caballero verde. También se incorporó la relación entre Arturo y la reina Ginebra, el triángulo amoroso de estos dos con el caballero Lancelot y la búsqueda del Santo Grial como una reliquia mágica extraída de las leyendas celtas y adaptada a la imaginería del cristianismo y las Cruzadas. El éxito de esta obra fue tal que muchos otros autores reinterpretaron y ampliaron las historias de Arturo hasta crear un mito de enormes dimensiones y muy extendido por Europa.

En el siglo XV sir Thomas Malory escribió La muerte de Arturo, donde recopilaba las tramas más importantes que habían dejado los años. Esta última obra es considerada por muchos como la fuente de referencia para conocer las leyendas artúricas y es de la que surgen casi todas las versiones posteriores ya fuesen otros libros o películas.

Muerte de Arturo
Muerte de Arturo. Imagen: Wikimedia Commons.

 

¿Existió de verdad?

No hay forma de saber a ciencia cierta si Arturo existió de verdad. Por supuesto, y como hemos ido viendo, el Arturo de las leyendas es una invención formada a partir de esto y aquello a lo largo de los siglos, moldeado según los intereses de distintos autores como un rey guerrero idealizado en el que se podían encontrar todas las virtudes que un gran líder debería tener.

Por lo poco que dicen las fuentes más antiguas, la postura de la mayor parte de historiadores defiende que, en caso de que existiera, Arturo fue un guerrero o cacique celta que vivió en las islas británicas en los siglos V o VI, se alió con los romanos durante sus últimos años de ocupación (abandonaron Britania en el 410) y luchó con fiereza contra los invasores sajones procedentes del centro de Europa. Es probable que se destacara como líder o guerrero y que por ello su figura alcanzara cierto aire heroico del que nacerían las leyendas posteriores. Precisamente esta interpretación realista y perfectamente factible es la que utiliza la película  El rey Arturo (2004), como punto de partida.

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