Beowulf, el gran héroe de la leyenda anglosajona

El poema anglosajón es uno de los relatos míticos más conocidos de las islas y narra la leyenda del guerrero Beowulf en su lucha contra el demonio Grendel.

Las historias están para contarlas. Desde que el ser humano adquirió la capacidad de percibir más allá de lo que veían sus sentidos ha construido, contado y compartido todo tipo de sucesos con el fin de entretener o educar a aquellos a los que se les transmitían. Partiendo de creencias que se van complementando y acaban por erigirse como una religión entera hasta tramas universales que han llegado más allá de donde sus propios creadores pensaron que llegarían jamás, las historias de la humanidad han superado la tradición oral y han pasado a formar parte del ideario común de la especie entera.

Con ese elemento didáctico del que hablamos, muchas historias y leyendas no eran otra cosa que una forma de enseñar cuál debía ser el ideal al que podrían aspirar o los miedos e inquietudes de ese momento. En una sociedad guerrera serán el coraje, la fuerza y el arrojo en la batalla las cualidades más deseadas. Entre los pueblos anglosajones del siglo VIII se popularizó la historia de un hombre que encarnaba esos valores y más: Beowulf.

El origen de su leyenda se suele situar alrededor del año 750 d.C. aunque es probable que sea previo ya que entonces era costumbre transmitir las historias de forma oral antes de que se empezara a generalizar el texto escrito como medio para conservar la información. Como poema, tiene una extensión de 3.182 versos en los que se narran las hazañas de Beowulf desde su juventud hasta su muerte. Por la antigüedad de la historia, algunos historiadores y expertos consideran el poema Beowulf como la primera gran epopeya europea moderna, a la altura de la de Gilgamesh pero nacida en el Viejo Continente. Además, Beowulf es el equivalente inglés al Cantar del Mío Cid en España, la Canción de Roldán en Francia o el Lebor Gabála Érenn (Libro de las Conquistas) de Irlanda.

El ejemplar que se conserva en la actualidad (datado alrededor del año 1.000 d.C.) se encuentra guardado en la Biblioteca Británica de Londres y es una de sus piezas más importantes, además de haber dado nombre a ese manuscrito que incluye otras historias que no guardan relación con la de Beowulf. Fue John Ronald Reuel Tolkien, uno de los escritores de fantasía más importantes del siglo XX y autor de El Señor de los Anillos, quien realizó su primera adaptación del relato a un formato en prosa. Se trata de una de las historias más conocidas de la literatura anglosajona y cuenta con su propia versión cinematográfica y cómic.

Beowulf tras vencer a Grendel y a su madre. Imagen: Wikimedia Commons.

 

De cómo nació un héroe

Todo empieza en Heorot, capital del reino de Lejre (Dinamarca), donde el buen rey Hrothgar erigió un impresionante palacio en el que todas las noches se celebraban banquetes y se celebraba la riqueza y la prosperidad de esas tierras. Tanto ruido generaban en las noches que atrajeron la atención de Grendel, una especie de ogro demoniaco que habitaba en los pantanos de alrededor y que, hambriento de carne humana, empezó a colarse en el palacio y a devorar a todo aquel que encontrara en su camino.

Pasaron doce años en los que Grendel campó a sus anchas y Heorot cayó en desgracia, pues nadie era capaz de enfrentarse a las temibles garras del monstruo. Así fue hasta que un drakkar arribó a las costas de Lejre, cargado de guerreros que seguían a Beowulf, príncipe de un pueblo germánico llamado gauta. A pesar de parecer un humano corriente, el joven poseía una fuerza extraordinaria y había llevado a cabo hazañas que sorprendieron al mismísimo Hrothgar, quien puso su confianza y su destino en manos del extranjero. Esa misma noche, mientras todos los demás se escondían, Beowulf se enfrentó a Grendel sin arma ni armadura y, con sus manos vacías, le arrancó un brazo de cuajo e hizo huir a la criatura. La herida era mortal, por lo que el asunto se dio por concluido y el guerrero invicto recibió una amplia recompensa.

El brazo de la bestia fue colgado en el gran salón de Heorot como trofeo y todos se dedicaron a la celebración. Pero, esa misma noche, la madre de Grendel entró en el castillo y se llevó el brazo de su retoño, masacrando a todo aquel que encontró en su camino. Dudosos de si el ogro seguía vivo o tenía un compañero, Beowulf se sumergió en las pozoñosas aguas del pantano donde habitaba el monstruo y llegó hasta una cueva oculta, donde lo esperaba la poderosa bruja cambiaformas. Tras un intenso combate, Beowulf volvió a la superficie con una espada mágica que había encontrado en la cueva, la cabeza de Grendel bajo el brazo como prueba y dejando una bruja muerta en las profundidades.

Beowulf y Wiglaf enfrentándose al dragón. Imagen: Wikimedia Commons.

 

De cómo murió un rey

Medio siglo después, encontramos a un Beowulf anciano que se sienta en el trono como rey de los gautas (traducidos como los godos en algunas versiones) y cuyo nombre ha alcanzado la fama y la gloria tanto por sus hazañas guerreras como por su sabiduría como monarca. Cuando le comunican la noticia de que un ratero de poca monta intentó robar el tesoro de un dragón y que el flamígero reptil anda suelto en una cólera destructiva, siendo consciente de la proximidad de su propia muerte, Beowulf decide presentar batalla por última vez.

Al llegar ante el monstruo, los caballeros y criados del rey huyen atemorizados pero Wiglaf, su más fiel aliado. La lucha es larga y temible y Beowulf comprende cómo las fuerzas y habilidad que le acompañaron en sus aventuras de juventud le han abandonado, pero consigue sobreponerse y asestar un golpe mortal al dragón del que él también sale gravemente herido. En sus últimos momentos, Beowulf nombra su sucesor a Wiglaf y para él celebran un funeral al estilo vikingo, quemando su cuerpo en una enorme pira junto a sus armas y las riquezas del dragón. El relato termina con un llanto que despide al héroe y consagra su historia en los anales del tiempo.

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