Armas de la historia: Edad Media

Rompemos algunos mitos sobre las armas, armaduras y estrategias militares empleados en las guerras de la Alta Edad Media.

La Edad Media es una de las épocas más populares y mitificadas de la historia. Las muchas novelas y películas que se sitúan entre los siglos V y XV han extendido versiones idealizadas de galantes príncipes y hermosas princesas, nobles caballeros y majestuosos castillos que dan forma a historias de romances y aventuras. Pero la Edad Media también fue un momento de grandes cambios e inestabilidad, con enfrentamientos bélicos casi constantes y una pérdida de valores y conocimiento que derivaba del mundo antiguo. En este vídeo vamos a repasar esa situación convulsa desde una perspectiva estratégico-militar.

En el año 476 d.C., la mala situación económica y las invasiones de los llamados bárbaros provocaron el colapso del Imperio Romano de Occidente. Roma controlaba el imperio más grande de su tiempo y su desaparición provocó un escenario de bruscos cambios estructurales en la sociedad y la política. Surgió así el sistema feudal con la nobleza, el clero y la gleba y los territorios se dividieron en reinos gobernados por monarcas que ejercían su poder sustentados en los ejércitos de nobles y terratenientes fieles. Las disputas por el poder (tanto entre reinos como dentro de los mismos) eran algo muy común y esto hizo que la morfología de las ciudades y las formas de hacer la guerra cambiasen respecto a lo visto en la Edad Antigua.

Las tácticas militares eran muy variadas. El encuentro de los distintos contendientes en un campo de batalla alejado de las ciudades seguía siendo más que común pero con algunas diferencias internas. Las cargas de caballería, los asedios y las técnicas de tierra quemada ganaron importancia y los muros de escudos (distintos a las formaciones blindadas de las legiones romanas) fueron muy populares desde el siglo VIII en el mundo anglosajón. Los combates eran, en parte, más desorganizados y dependían menos de la estrategia ya que los nobles impusieron un sistema de reclutamiento en el que los plebeyos y campesinos sin formación militar constituían el grueso de la infantería de los ejércitos.

En cuanto al equipamiento, hay que diferenciar el que utilizaban los soldados profesionales y la nobleza y el que utilizaba el pueblo llano. Los primeros solían utilizar como arma principal la espada, un arma elegante símbolo de estatus social que cambiaba significativamente su morfología respecto a las utilizadas en el mundo antiguo. La expansión del cristianismo popularizó la forma de cruz típica de las espadas europeas y la influencia de los pueblos britanos y germanos popularizó la espada de dos manos, mucho más larga y que solía utilizarse como arma ceremonial, en juicios por combate o en manos expertas. Las espadas eran armas caras, hechas a medida para su dueño y que requerían armeros hábiles para forjarlas por lo que no estaban al alcance de todos. Era un arma de caballeros, mercenarios profesionales y gente adinerada. Las armaduras siempre contaban con una cota de malla de anillas de hierro entrelazadas que protegía de los cortes y los impactos pero era vulnerable frente a puñaladas o proyectiles.

Pero, a pesar de que la espada es mucho más icónica, el arma predilecta del medievo era el hacha. Esta arma contundente era barata de fabricar, no necesitaba a un maestro y su manejo era mucho más sencillo. Un hacha era utilizada por el campesinado como herramienta de trabajo y eso hacía que prácticamente cualquiera tuviera una a mano y que supiera manejarla con cierta facilidad. Su forma típica permitía emplearla como un arma de una o dos manos y era especialmente eficaz para combates de choque dado que provocaba golpes contundentes y su forma permitía desarmar al enemigo y quitar o romper su escudo.

Fueron los vikingos, una sociedad en la que una misma persona podía ser guerrero y granjero según la época del año, quienes más aprovecharon el potencial del hacha como arma de guerra. Era común encontrar hachas de hasta larga, con un cabezal mucho más grande que requería de fuerza y habilidad pero que, a cambio, era devastadora en el combate y capaz de machacar incluso una armadura de placas (típica de la Baja Edad Media). Esta infantería formada por las clases bajas solía protegerse con las pocas piezas de armadura que se les entregaban o con jubones acolchados.

Hay que tener en cuenta que, desde el siglo XIV, los avances tecnológicos permitieron desarrollar armas de proyectiles capaces de atravesar armaduras y máquinas de asedio que volvieron a cambiar las estrategias militares y las armas que se empleaban en los enfrentamientos.

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