Las mujeres andalusíes y la vida intelectual

¿Hasta qué punto las mujeres contribuyeron a la vida y la producción intelectual en al-Ándalus? La mayoría de las 'sabias' andalusíes se dedicó a la poesía.

Desde sus orígenes en el desierto de Arabia, el pueblo árabe –principalmente nómada y dedicado al pastoreo y el comercio de caravanas– se fue enriqueciendo a raíz del contacto con otras culturas (india, persa o griega), cuyas aportaciones fueron fundamentales. La cultura andalusí –descendiente y heredera, en parte, de la árabe de Oriente– experimentó un notabilísimo desarrollo en el plano intelectual, una porción del cual, en diferentes ámbitos del saber, transmitió a la Europa cristiana medieval y fue determinante en la evolución de esta última.

Desde la Córdoba califal hasta la Granada nazarí, pasando por las resplandecientes cortes literarias de los reinos de taifas o los periodos de gobierno de las dinastías bereberes almorávide y almohade, la cultura andalusí adquirió de modo progresivo una impronta propia y un refinamiento que, en la esfera intelectual, se traduce en una nómina de 2.481 sabios y sabias, autores y autoras de poesía y de obras de disciplinas como la medicina, la filosofía, el derecho o la literatura, cuyas biografías y trayectorias intelectuales se trazan en la Enciclopedia de la cultura andalusí. Biblioteca de al-Ándalus.

La contribución intelectual femenina

Pero ¿hasta qué punto las mujeres contribuyeron a la vida y la producción intelectual en al-Ándalus? Para responder a esta pregunta, hay que atender a varios colectivos de mujeres cultas y a las actividades relacionadas con el saber y la ciencia que desarrollaron.

Las fuentes árabes medievales que recogen noticias sobre estas mujeres son, fundamentalmente, diccionarios biográficos, antologías y alguna que otra monografía que, por lo general, suelen ser bastante escuetas en cuanto a la información que transmiten. Frente a las biografías de los hombres sabios, que se ajustan a un patrón muy definido en cuanto a contenidos y al orden en que estos se presentan (nombre, genealogía, lugar de procedencia y/o nacimiento y residencia, materias en las que sobresalió, formación y maestros, obras y fecha y lugar de muerte), los retratos de las mujeres que sobresalieron en algún campo del saber se limitan, por lo general, a unas breves notas biográficas (en el mejor de los casos), algún suceso anecdótico y, con suerte, en el caso de las poetisas, alguna muestra de sus versos. A muchas de las mujeres sabias que conocemos ni siquiera se les dedica una biografía propia en estas obras. Las noticias sobre ellas se descubren dentro de las de individuos masculinos, generalmente en relatos de tipo anecdótico.

Es por ello que, a la hora de reconstruir las trayectorias vitales y las actividades y, sobre todo, la producción intelectual de las mujeres andalusíes, nos encontramos con serias lagunas, por ejemplo, al tratar de situar sus fechas de nacimiento o muerte (o, simplemente, la época en que vivieron y desarrollaron su labor intelectual) o, lo que es más importante, para construir un discurso bien armado acerca de su formación, su trayectoria y sus obras, que permita valorar sus actuaciones o la relevancia de sus figuras en el ámbito del conocimiento andalusí.

Las mujeres y el saber

De lo que pudo ser la actividad intelectual de las mujeres de al-Ándalus ha quedado en las fuentes árabes medievales un discreto rastro. El elenco de “sabias” andalusíes que conocemos alcanza las 116, de las cuales al menos 47 fueron autoras de alguna obra o versos, siendo la poesía la disciplina más cultivada entre ellas. Los datos hablan por sí solos, pues estas mujeres apenas suponen un 1,91% del total de autores que conforman el panorama cultural andalusí.

En un universo intelectual dominado y regido por nombres masculinos, las 47 mencionadas se ganaron el derecho a figurar en esas fuentes por mérito propio, si bien entre los dos tercios restantes hay mujeres que fueron incluidas en ellas por su relación de parentesco o de otra índole con un personaje distinguido o por méritos más cuestionables como copiar libros (lo cual, por otra parte, dice mucho de su nivel cultural). Pero no nos engañemos: las mujeres aparecen en estas obras antológicas y biográficas al nivel de los sabios de menor categoría y suponen para sus autores más material con el que engrosar sus repertorios.

La mayoría de estas mujeres andalusíes fueron libres (hurra-s) y pertenecieron a familias de la nobleza (incluso de la realeza) o que gozaron de prestigio social (por ejemplo sagas de secretarios de la administración, literatos u otros sabios). En muchos de estos casos, las mujeres siguieron la estela familiar en el cultivo de una determinada disciplina. Además de en la poesía, las hubo versadas en las bellas letras (fueron consideradas adiba -s), lo cual requería de un amplísimo bagaje cultural en materias fundamentalmente profanas. Otras destacaron en temas relacionados con la religión (Corán, hadiz o derecho), con el lenguaje (gramática o lexicografía) o las ciencias puras, como la medicina o la astronomía. Apenas conocemos el título de dos obras compuestas por estas sabias andalusíes y ambas se encuentran perdidas.En lo que respecta a la poesía, la situación cambia, aunque nuestro conocimiento no es pleno. La caligrafía y la copia de libros fueron también artes a las que se inclinaron estas mujeres, que, salvo las poetisas, no recibían remuneración económica, ya que en su mayoría no llegaron a desarrollar las actividades mencionadas de modo profesional. Su condición de mujeres libres las limitaba. De las esclavas de lujo (yawarino qiyan) hablaremos más adelante.

Las sabias andalusíes cuyo estatus social era libre vieron bastante limitadas su formación y el ejercicio profesional y público de sus disciplinas. Consideradas sagradas (hurma) en el islam y depositarias del honor familiar, su libertad de movimientos, su vida y sus actividades estuvieron forzosamente más apegadas al ámbito privado y de lo familiar, y sus relaciones alcanzaban básicamente a parientes y otras mujeres. Fueron, paradójicamente, menos libres que las esclavas. En consecuencia y salvo excepciones, no pudieron viajar en busca del saber a otras ciudades andalusíes y del mundo arabo-islámico medieval para formarse con los mejores maestros, como hicieran los hombres sabios. También tuvieron más limitada su transmisión del saber adquirido, así como su participación activa en la vida intelectual y cultural andalusí, salvo casos excepcionales, como algunas de las poetisas que mencionaremos.

Estas mujeres recibieron su formación, mayoritariamente, de la mano de sus parientes masculinos más cercanos (padre, esposo, hermanos, etc.). Otras estudiaron con maestros de prestigio en el ámbito del saber en cuestión; eso sí, en presencia de algún familiar, con otras mujeres y/o tras una cortina que las separaba de ser contempladas directamente por sus instructores. Una vez formadas, lo normal es que recibieran la licencia (iyaza)para transmitir sus conocimientos, aunque las fuentes raras veces lo explicitan.

Sí sabemos que hubo en al-Ándalus mujeres de entre este colectivo de sabias que ejercieron de maestras de otras mujeres y hombres sabios e incluso dieron a sus alumnos la licencia para transmitir todo lo aprendido con ellas, como era propio del sistema de transmisión del saber en el mundo arabo-islámico medieval. Así, Wallada bint al-Mustakfi, princesa omeya y poetisa cordobesa (s. XI), protegió a Muhya bint al-Tayyani, de origen humilde, y la introdujo en el arte de la poesía (que su alumna utilizaría después para satirizarla); por su parte, la también poetisa Hafsa bint al-Hayy al-Rakuniyya (s. XII) ejerció como instructora de las princesas almohades en Marraquech en los últimos años de su vida. Mujeres instruidas como ellas asumieron el rol de maestras, ocupándose de proporcionar una educación básica (nociones de escritura y de lectura del Corán) tanto a sus propios hijos como a otras mujeres.

Las poetisas andalusíes

La poesía cumplía un papel crucial en la vida de los árabes desde ya antes de la llegada y expansión del islam. Tenía una función social y cada tribu contaba con un poeta que actuaba como su portavoz y defendía su honor ante las demás, cantando a su vez las hazañas de sus propios héroes. Y así fue siempre, porque este arte nunca perdió su posición privilegiada en las sociedades árabes medievales, como la andalusí. Por ende, la poesía fue el género literario al que los andalusíes trataron con especial mimo y ocupó un lugar insustituible en las reuniones privadas (mayalis) que protagonizaron la vida social de las clases altas.

Conocemos los nombres de hasta 44 mujeres andalusíes que las fuentes nos presentan como poetisas, o de las que se dice que tuvieron ciertas dotes para memorizar poesía o recitar poemas (las esclavas cantoras, por ejemplo), pero no por ello se trataba de poetisas que recitasen versos salidos de su ingenio. El rastreo de las fuentes sacó a la luz los nombres de 35 mujeres poetas de al-Ándalus que compusieron sus propios versos, los cuales se han conservado parcialmente. La mayoría son de condición libre y algunas como Umm al-Kiram o Wallada, entre otras, fueron princesas.

La primera poetisa andalusí conocida fue Hassana al-Tamimiyya (siglos VIII-IX), granadina, hija de un poeta, Abu l-Majshi de Elvira (primero de los andalusíes nacido en al-Ándalus), quien, como su padre, dedicó sus panegíricos a los omeyas. La época que presenta una mayor presencia de poetisas es el siglo XII, el de los almorávides y los almohades, periodos que dan grandes nombres como las granadinas Hafsa bint al-Hayy al-Rakuniyya y Nazhun bint al-Qula’i. Junto a ellas, Wallada, quien un siglo antes dedicó pasionales versos amorosos a Ibn Zaydun, visir en la corte de Córdoba, contra el cual lanzaría más tarde todo tipo de improperios en sus sátiras.

Hasta la fecha, no se tiene constancia de que los poemas de ninguna de estas mujeres se reunieran en un poemario o diván. Tampoco nos bastan los escasos datos y versos que han transmitido las fuentes para apreciar el alcance de su calidad literaria. Al-Shaqundi –literato andalusí de época almohade–, en su Epístola en elogio de al-Ándalus(que compone para subrayar la supremacía de al-Ándalus frente al Magreb en todos los sentidos), destaca de entre todos los sabios y literatos de Granada a tres poetisas: Nazhun, Zaynab (bint Ziyab) y Hafsa, lo cual es indicativo del nivel y fama que llegaron a alcanzar en el gremio algunas de estas mujeres. Pero, en general, su capacidad de contribución al desarrollo de la literatura andalusí fue, como se ha explicado, limitada, debido a su condición de mujeres libres. Su poesía quedó relegada al ámbito de lo íntimo y, cuando componían panegíricos a gobernantes y personalidades, los escribían y se los enviaban a sus destinatarios o, en el mejor de los casos, estos organizaban una audiencia privada. Hubo casos de poetisas andalusíes que se sirvieron de la escritura para mantener correspondencia poética con otros literatos del momento, como Hafsa, Wallada o Nazhun, las tres de quienes más versos nos han llegado, en este orden. Estas mismas, junto con alguna más, se salieron de las convenciones sociales mencionadas, manteniendo relaciones en las mayalis con otros hombres y poetas (algunos de los cuales, fueron, además, sus amantes). La segunda, incluso, llegó a tener su propio salón literario en Córdoba, al cual acudieron hombres de letras y personajes de la alta sociedad de su tiempo.

Las esclavas cantoras

Se dice que, bajo el mandato de Abd al-Rahmán II,Córdoba se orientaliza. A ello contribuyen, en parte, las esclavas cantoras que este emir omeya hizo traer desde Oriente para que amenizaran las reuniones en la corte. Estas mujeres constituyen un grupo fundamental para comprender la historia social, la vida intelectual, la música y la poesía en el mundo árabe medieval. La mayoría fueron esclavas y representan las altas cotas de refinamiento y sofisticación alcanzadas por sociedades árabes como la andalusí en la Edad Media. Dotadas de exquisitas cualidades artísticas e intelectuales y de excelentes atributos físicos, contribuyeron extraordinariamente a convertir a esas sociedades en altamente refinadas, siendo piezas esenciales en el admirable desarrollo experimentado en ellas por la música, el canto y también la poesía, artes ligadas entre sí.

Esclavas de élite, recibieron una formación muy cuidada por parte de sus dueños antes de ser vendidas a personajes de clase alta, pues en ello residía parte de su valor en el mercado. Su destino fue deleitar y entretener a los asistentes a las tertulias y reuniones privadas cantando, sirviendo la comida y la bebida, sosteniendo conversaciones eruditas en las que hacían gala de su refinamiento, elocuencia y cultura y, por supuesto, recitando poesía, materia en la que memorizaban gran cantidad de versos. Algunas de estas esclavas cantoras fueron también poetas, como Qamar, llegada desde Bagdad a Sevilla en el siglo IX para goce de su amo, señor de la ciudad. Como parte de la educación superior y especializada que recibían se encontraban disciplinas como la música, el canto, la poesía, la gramática y otras materias. De hecho, otras esclavas de élite que no necesariamente fueron cantoras sobresalieron en esas ramas del saber y ejercieron de secretarias (al kataba) de palacio o de grandes señores, encargándose de redactar su correspondencia. Entre otras, conocemos a Kitman o Lubnà, secretarias de Abd al-Rahmán III y al-Hakam II, respectivamente.