Un vikingo fue el primer rey de las cruzadas

Ni hispánico ni germano ni franco: el noruego Sigurd Magnusson fue el primer monarca que emprendió una cruzada en Tierra Santa.

Sigurd Magnusson (1089-1130) fue un rey cristiano que emprendió un peculiar viaje para visitar los lugares sacros de Oriente. La hazaña le valió el apodo de El Cruzado, tras convertirse en el primer monarca europeo que tomó parte activa en una cruzada. Pero esta no fue su única particularidad, ya que Sigurd era un rey escandinavo que, miembro de un árbol genealógico que se remontaba a la era vikinga, ponía ahora su espada al servicio de la cristiandad.

Según apuntan las sagas nórdicas, el reino de Magnusson se caracterizó por la paz y la relativa estabilidad que se fragmentaría tras su muerte, momento en el que sucedieron las guerras civiles. Amado y respetado por su pueblo, ejerció como rey de Noruega entre los años 1103 y 1130, primero en triunvirato con sus otros dos medios hermanos, Oystein y Olaf, y, tras la muerte de ambos, en solitario.

Ataque cruzado
Ataque del ejército cruzado contra las tropas musulmanas. Imagen: Wikicommons

En plena juventud y después de dejar a su hermano Oystein al frente de Noruega, Sigurd Magnusson emprendió una cruzada para extender el cristianismo y sostener el recién fundado reino de Jerusalén. En el incipiente siglo XII, y en una realidad sociocultural compleja que se dividía entre el occidente cristiano latino, el cristianismo bizantino y el islam, Jerusalén constituía el centro espiritual de la cristiandad.

El viaje de Sigurd fue un periplo de varios años. Inició en 1107 en el puerto de Bergen y se prolongó hasta 1110, año en el que el monarca llegó a Tierra Santa, según apuntan textos como la Historia de las antigüedades de los reyes noruegos, de Teodorico y el Compendio de las sagas de los reyes de Noruega. Las sagas nórdicas, como la Heimskringla de Snorri Sturluson, informan de que unas 60 naves zarparon de las costas noruegas con un cargo total de unos 5000 hombres.

Distintas fuentes medievales recogen el itinerario que siguió el monarca y glorifican sus logros. En la poesía escáldica (la poesía cortesana compuesta por un bardo o skáld en la que se cantan las empresas heroicas y las virtudes militares de los monarcas), por ejemplo, se alaba su figura. El viaje del rey noruego también fue documentado por autores de los reinos por los que pasó, como Guillermo de Malmesbury y Alberto de Aquisgrán e incluso en fuentes árabes, como la Continuación de la historia de Damasco de Ibn al-Qalanisi.

La intervención de Sigurd Magnusson en las distintas tierras por las que pasaron, sin embargo, se asemeja más a las razias vikingas que a una mera campaña por extender y afianzar el cristianismo en el Mediterráneo contra el creciente poder islámico. Los primeros intentos por cristianizar Escandinavia se habían producido en el siglo IX. Entre los siglos XI y XII, época del reinado de Sigurd, la cultura vikinga agonizaba bajo el peso de la nueva religión monoteísta. El cristianismo modificó aspectos de la política, la sociedad y la economía, permitió la consolidación de la monarquía como institución y el abandono de las expediciones vikingas de conquista, que hasta entonces habían liderado jefes locales. Cuando Sigurd emprende su viaje, sin embargo, todavía perviven algunos valores y prácticas de la era vikinga que la comitiva puso en práctica con éxito.

Sigurd Magnusson
Sigurd Magnusson a caballo. Imagen: Wikicommons

Sigurd y su ejército cruzaron el Atlántico. Pasaron temporadas en Inglaterra y en la Península Ibérica, donde, a pesar de tratarse de un centro cristiano que los acogió, saquearon Santiago de Compostela. En Portugal, libraron batallas contra las poblaciones islámicas, pero también se dedicaron al pillaje y se apropiaron de un jugoso botín antes de penetrar en el Mediterráneo a través del Estrecho de Gibraltar. Llegados a las Islas Baleares, lucharon contra los sarracenos de Formentera, Ibiza y Menorca, y se apropiaron de numerosos bienes y tesoros.

Tras pasar un período en Sicilia en la corte de Roger II, navegaron hasta alcanzar las costas del Mediterráneo oriental. En Jerusalén los recibió el monarca Balduino I, con el que Sigurd participó en el exitoso Asedio de Sidón. Sigurd había coronado su misión cristiana y podía regresar a su país. Balduino le entregó una astilla de la Veracruz como reliquia que Sigurd portó consigo a su país.

Tras una estancia en Constantinopla con el emperador Alejo I Comneno, Magnusson entregó al monarca bizantino sus barcos a cambio de caballos. Si Sigurd había navegado para llegar a Jerusalén, para regresar a su país optó por la vía terrestre.  Entre los territorios que atravesó figuran Bulgaria, Hungría, la corte del Sacro Romano Imperio y Dinamarca. Se ganó por derecho el sobrenombre de Jórsafalari “el que ha viajado a Jerusalén”.

En 1123, Sigurd participó en otra cruzada, esta vez realizada en las tierras suecas de Småland, donde la población había rechazado sistemáticamente la conversión al cristianismo. Además de intervenciones militares, Sigurd Magnusson utilizó otros mecanismos para afianzar la iglesia cristiana en Escandinavia, como la construcción de iglesias y catedrales, y el establecimiento de un décimo en beneficio de la iglesia.

Referencias

D’Angelo, F. 2021. Il primo re crociato. La spedizione di Sigurd in Terrasanta. Roma: Laterza.

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Erica Couto

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Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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