Tsushima, Bun’ei y el viento divino: samuráis contra las fuerzas del Kan

Kublai Kan, que dominaba medio mundo, vio frustrados sus planes al fracasar dos veces en la conquista de las islas japonesas.

Batalla de Bun'ei
Imagen: Wikimedia Commons.

Cuando Kublai, nieto del gran Gengis Kan, se convirtió en la cabeza de los mongoles y su imperio en el año 1260 supo que su misión era conservar y expandir los territorios que su abuelo había sometido. Sus dominios se extendían desde Polonia hasta Laos, conquistó toda China (donde conocería al comerciante veneciano Marco Polo) y logró la sumisión de Birmania y Corea. Sin embargo, con todo su poder y toda su fortuna, hubo un pequeño archipiélago de islas que se le escapó de las manos. Así fue cómo los poderosos ejércitos del Kan fracasaron en su intento de tomar Japón.

 

Primera invasión (1274)

Con el imperio que se gastaba, Kublai Kan era un hombre que debía administrar muy bien su tiempo y no realizar esfuerzos innecesarios. Es por eso que en 1266 y en 1268 envió a sus emisarios a negociar con el shogun los términos por los que Japón se sometería a la autoridad de los mongoles como parte de su imperio y juraría lealtad al gran kan. En ambos casos la propuesta fue rechazada y esto desembocó en la creación de una gran flota y el primer intento de invasión.

El plan del kan pasaba por reunir un contingente de alrededor de 40 000 guerreros provenientes de todo su imperio en la costa sureste de Corea, desde donde embarcarían e iniciarían un asalto masivo contra los nipones. Sus primeros objetivos eran Tsushima e Iki, dos pequeñas islas desde las que pretendían asegurar una línea de comunicación con Corea. Mientras que el grueso de las tropas niponas estaba preparando su estrategia en la isla principal, Tsushima contaba como única defensa con la guarnición del señor local, que se estima que era de entre ochenta y cien hombres. Los samuráis de Tsushima plantaron cara, lucharon y fueron masacrados frente a un enemigo muy superior. Iki no corrió mejor suerte.

Bun'ei
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Llegamos entonces al momento clave de esta primera campaña por el control de Japón, la Batalla de Bun’ei. El 19 de noviembre de 1274 los ejércitos mongoles llegaron a la bahía de Hakata, donde les esperaban unos 6000 defensores samurái. Las diferencias entre ambos ejércitos eran muchas y profundas: además de los números, los mongoles basaban su estrategia de combate en las cargas de caballería, las formaciones de falange de la infantería y la lluvia de flechas de sus letales arqueros mientras que los nipones, que se habían pasado los últimos años luchando entre ellos, creían en un combate honorable de uno contra uno. Las fuerzas del kan no tardaron en romper la línea defensiva de los japoneses en la que es considerada la primera batalla moderna por las tácticas y el equipamiento que se empleó (catapultas desde los barcos, ballestas propulsadas por pólvora, flechas envenenadas y rudimentarias granadas de mano).

Los hombres del shogun, en clara inferioridad, se vieron obligados a refugiarse en Dazaifu pero (y aquí viene lo interesante) los mongoles decidieron no perseguirles. Los historiadores llevan años debatiendo cuál es el motivo que llevó a los invasores a detener el ataque y lo cierto es que todavía existen muchas incógnitas. La teoría más extendida defiende que los mongoles creyeron que los 6000 soldados a los que se habían enfrentado eran solo una avanzadilla y que los japoneses se retiraban para conducirlos hacia una trampa contra un ejército mucho mayor. A eso hay que sumar que el tiempo empeoró rápidamente y los atacantes prefirieron coger sus barcos y marcharse antes que quedar atrapados en aquella isla ajena. Fuentes chinas (entonces bajo dominio mongol) de la época defienden que los samuráis contra los que lucharon en Hakata superan los 100 000 pero esta cifra resulta desorbitada y parece más un intento de justificar el fracaso.

Batalla naval japonesa
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Segunda invasión (1281)

La primera victoria había sido para los japoneses pero ambos bandos sabían que el asunto no había terminado. Mientras el shogunato se dedicaba a reestructurar el ejército, reforzar su flota y crear nuevos y mejores puestos defensivos, el kan se preparaba para reunir una segunda flota todavía mayor que la del primer intento.

Kublai Kan movió ficha en la primavera de 1281, cuando los barcos que tenía listos en Corea avanzaron y se enfrentaron a los japoneses, siendo repelido su ataque y teniendo que batirse en retirada a la espera de refuerzos. En esta ocasión los mayores combates se produjeron en varios puntos de Kyushu, la tercera isla más grande del archipiélago. La leyenda dice que los japoneses, temiendo que todo su esfuerzo no fuera suficiente para vencer a los invasores, rezaron a la diosa del sol Amateratsu y está invocó un terrible tifón que destruyó la flota de los mongoles y les obligó a retirarse de nuevo. A este tifón se le llamó en las crónicas y relatos  kamikaze, ‘viento divino’.

Algunos historiadores creen que, aun sin la intervención de las fuerzas de la naturaleza, los japoneses podrían haber defendido sus posiciones y haber logrado una victoria. En cualquier caso, Kublai Kan aprendió la lección y decidió no volver a atacar “una isla protegida por los dioses”.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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