Vídeo de la semana

San Isidoro de Sevilla, el humanista visigodo

Repasamos la vida de San Isidoro de Sevilla, uno de los hombres más eruditos de su tiempo y prolífico escritor.

San Isidoro de Sevilla
Wikimedia Commons

Isidoro nació en Sevilla en torno al 560. Su familia era de origen hispanorromano y había llegado a esa ciudad desde el levante de Hispania, quizá de un lugar cercano a Cartagena. Tenemos pocos datos sobre sus padres, Severiano y Teodora (o Túrtura), pero conocemos el nombre de tres de sus hermanos, todos mayores y todos, como él, dedicados a la religión: Leandro, que lo precedió en el obispado de Sevilla; Fulgencio, obispo de Écija; y Florentina, abadesa. La familia se desplazó desde el este probablemente por la presión de los bizantinos que llegaron a la península en 552, en el contexto de la rebelión de Atanagildo (555-567) contra Agila I (549-555). Atanagildo, más favorable a los católicos, dominaba la zona de Híspalis, donde se estableció la familia de Isidoro. Isidoro se quedó huérfano muy pronto y fue educado por sus hermanos, sobre todo por Leandro, probablemente con vistas a que fuese su sucesor en la sede episcopal hispalense, cosa que sucedió efectivamente en el año 602.

Herramientas para la virtud

Isidoro fue uno de los hombres más eruditos de su tiempo. Además de las Etymologiae, la obra enciclopédica más importante de la Edad Media, su producción escrita es impresionante. Poseedor de una amplísima cultura y de una conciencia lingüística excepcional, trata todos los temas, desde el mundo natural hasta la historia, la literatura y, por supuesto, la religión. Muchas de sus obras están encaminadas a facilitar la lectura y comprensión de la Biblia. Los Prooemia son proemios o prólogos a los libros bíblicos, que introducen sus temas y aclaran dificultades. Las Quaestiones in Vetus Testamentum explican controversias sobre puntos del Antiguo Testamento, desde un punto de vista exegético y alegórico. Sobre los personajes bíblicos, tenemos De ortu et obitu Patrum, una colección de breves biografías y las Allegoriae, que ofrecen una interpretación alegórica.

Por otra parte, las Diferencias ayudan al buen uso del léxico explicando diferencias entre conceptos semejantes, más generalistas en la primera parte y mas religiosos y doctrinales en la segunda. Los Synonyma es un lamento sobre el alma pecadora y la búsqueda de la gracia, pero es famoso por su técnica compositiva, basada en la acumulación de sinónimos, la repetición y la paráfrasis. Aunque puedan parecer obras de corte lingüístico (y, por supuesto, ofrecen valiosa información sobre las ideas lingüísticas y los conocimientos de la época), están planeadas más bien como herramientas para el estudio religioso y el perfeccionamiento de la virtud cristiana.

A este mismo propósito sirven obras como las Sententiae o De summo bono, un libro que conoció un gran éxito durante la Edad Media; se trata de una preparación para la vida cristiana, que trata temas teológicos junto con otros doctrinales o de moral cristiana. El De ecclesiasticis officiis versa sobre los ritos católicos, los sacramentos y las jerarquías eclesiásticas. La Regula monachorum es una regla monástica para una comunidad de monjes, con sus tiempos de oración, festividades, ayunos, etc. Finalmente, el De fide catholica contra Iudaeos es una obra polémica antijudaica dedicada a su hermana Florentina.

El proyecto de Sisebuto

En el terreno de las obras históricas, los Chronica son una enumeración cronológica de hechos históricos, más parecido a un listado que a una narración. Las Historiae Gothorum, Vandalorum et Sueuorum son la narración de los orígenes y andanzas de estos tres pueblos, que conformaban la historia de la península ibérica, hasta el año 626. El De uiris illustribus también puede incluirse entre las obras históricas: es un catálogo de escritores cristianos, interesante porque muchos de los autores reseñados son de origen hispano.

El De natura rerum es una obra de corte científico dedicada a la astronomía, la meteorología y los fenómenos naturales.

Isidoro escribió también algunas epístolas y unos versos sobre las obras de su biblioteca. Además, Braulio menciona en su catálogo un De haeresibus y un Liber numerorum; aunque se conservan escritos con estos títulos atribuidos a Isidoro en manuscritos medievales, es probable que no sean los que escribió el sabio hispalense, sino obras más tardías que circularon amparadas en su prestigio.

Algunos de estos libros están relacionados con el programa cultural y político del rey Sisebuto (612-621). Además de las campañas militares en el norte de la península, este rey emprende otras batallas no menos importantes (ni menos violentas, en algunos casos): un ambicioso proyecto cultural nacional y una dura política antijudaica. Sisebuto tenía un genuino interés en las letras: es uno de los pocos laicos del periodo cuyas obras literarias han llegado hasta nosotros, pero su programa cultural estaba encaminado, además, a la legitimación cultural de la monarquía y a la educación de la élite. El monarca tomó a Isidoro como pilar de su proyecto; gran parte de las obras del hispalense data de los años del reinado de Sisebuto y se supone que fueron promovidas por él. Sisebuto añadió su Carmen de luna al De natura rerum de Isidoro, obra que constituye una rareza en la producción del sabio sevillano; las Etymologiae fueron dedicadas a Sisebuto en las primeras etapas de su composición; también se supone que las obras históricas y antijudaicas de Isidoro (Chronica, Historiae Gothorum y De fide catholica contra iudaeos) se debieron al impulso del rey. Por otra parte, Sisebuto promulgó leyes muy duras contra los judíos y abogó por las conversiones forzosas, que suponían un grave problema doctrinal. A la muerte de Sisebuto, en 621, las obras de Isidoro se desligaron de la figura del monarca, probablemente por desacuerdos sobre su política sobre los judíos.

Reinterpretación de su figura

Isidoro murió en 636. Aunque su veneración empezó en fechas tempranas, no fue canonizado hasta 1598. El rey Almotamid de Sevilla envió a Fernando I las reliquias del santo en 1063. Sobre este viaje se escribieron varias historias míticas, que narraban los milagros que iban obrando las reliquias en las etapas de su camino hacia el norte. En León se levantó una imponente basílica románica para alojar los restos de Isidoro, ya que la figura del santo otorgaba prestigio a la ciudad y la monarquía. Con el objetivo de promocionar la figura del santo, Lucas de Tuy escribió sus Milagros de san Isidoro a principios del siglo xiii , una obra que conoció una amplísima circulación durante varios siglos. La figura de Isidoro fue reinterpretada como obispo-guerrero, a raíz de una visión que tuvo Alfonso VII en 1147 antes de la toma de Baeza, en la que asoció al santo hispalense con Santiago Matamoros. Esta es la imagen que ha pervivido en representaciones como la del Pendón de Baeza, en donde Isidoro aparece a caballo, con una cruz en una mano y una espada en la otra; nada más lejos de la verdadera personalidad del erudito hispalense, cuya vida estuvo dedicada a la lectura, el estudio y la oración.

Continúa leyendo