Este es el motivo por el que los españoles tenemos dos apellidos

No solo los españoles, también todos los países latinoamericanos han heredado la misma costumbre cuyo origen proviene de la época de la expulsión de los judíos.

La España de los Reyes Católicos

La España de Isabel la Católica y de su marido Fernando de Aragón fue un punto de inflexión entre la Edad Media y la Moderna, un período de transición en el que sucedieron tantas cosas que podrían hacerse miles de tesis doctorales. Resumiendo a grandes rasgos al lector, a finales del siglo XV, concretamente en el año 1492 pasaron muchas cosas, todas ellas tan importantes que cambiarían el ritmo, el rumbo de nuestra historia. En primer lugar el descubrimiento de América. Un hito que hizo convertirnos en un imperio, en la primera potencia del mundo conocido en la época y que trajo consigo que hoy día seamos millones de personas en el mundo los que compartimos un mismo idioma, el español, y muchas mezclas culturales. Tal y como explica el historiador Stanley Payne: “Entre el siglo XI y el XV se produjeron cambios fundamentales en la actitud de los cristianos hacia moros y judíos. Para Alfonso VI de Castilla (finales del XI), el enfrentamiento con los musulmanes era asunto político, no religioso, y en la tumba de Fernando III el Santo (1119-1252) hay un epitafio que lo ensalza como rey de las tres religiones”.

Hay un hecho muy curioso que conviene recordar (especialmente para desmontar tantos mitos de la llamada leyenda negra) y es que durante el transcurso de algunas campañas militares acaecidas en el XII y XII, los cruzados franceses, por entonces aliados de Castilla y Aragón (recuerde el lector la implicación francesa durante siglos en la corona navarra, además), llegaron a romper alianzas con los distintos reinos peninsulares cuando, una vez vencidos a los musulmanes en batallas, se negaban a matar a los prisioneros.

Ramón Llull y la conversión de los judíos

Ramón Llul (1232-1316) y los dominicos de Valencia propusieron la educación y conversión de los infieles, no la expulsión ni la sumisión. Es decir, había vías “tolerantes” hacia ellos. No se perseguía en la forma que siglos más tarde se hará en países como Inglaterra a católicos o a anglicanos según el monarca reinante.

Para cualquiera que sea conocedor de la historia de España no puede extrañarle que la convivencia que hubo durante siglos entre cristianos, judíos y musulmanes fue "relativamente pacífica y cordial". Es decir, hubo un mestizaje como también este se dio en las nuevas tierras descubiertas en América. Un mestizaje que perdura hoy día. En el idioma, en las costumbres, en los apellidos, etc. Esto, en cualquier caso hay que observarlo no desde la óptica de la tolerancia actual sino de la del momento.

El origen de los dos apellidos

En 1492, además de finalizar la reconquista tras 800 años de presencia musulmana en el reino nazarí de Granada, también se produjo el edicto de expulsión de los judíos. Este fue ordenado por los Reyes Católicos mediante el llamado Edicto de Granada con la finalidad de que estos siguieran expandiendo su religión. Más que hablar de expulsión de judíos habría que hacerlo de prohibición de profesar su fe y esto está totalmente enraizado con la creación, catorce años antes de la Inquisición Española en la corona de Castilla y nueve antes en la de Aragón.

Conversión o expulsión

Los Reyes Católicos encargaron al inquisidor  Torquemada la redacción de tal edicto en el que se fiaron tres condiciones. La primera de ellas es que si practicaban el delito de la usura serían expulsados, dos, que si querían seguir en tierras cristianas se tenían que convertir al catolicismo mediante el bautismo y, para que tomaran esta decisión se les otorgaba un plazo. El que optaba por la conversión pasaba a ser llamado converso. La última condición fue que se respetasen sus bienes salvo oro, plata y caballos.

Y, precisamente en los conversos es dónde encontramos el origen de los dos apellidos. El judaísmo se hereda por vía matrilineal, es decir, a través de la madre. Sólo se es judío si se ha nacido de una judía. Esto en la teoría y más en aquella época. Tiene su lógica que se estableciese así ya que no habiendo en esos momentos manera de averiguar una paternidad, de la maternidad generalmente no se duda.

Obligando a poner el segundo apellido, que es el que corresponde a la madre, se sabía si el origen era judío, por tanto se podía tener controlada a la población conversa que llegó a ser bastante numerosa. Y esta es una más de las muchas herencias que la presencia sefardita dejó en nuestra vasta e interesante historia.

 

Referencia:

Payne, S. 1985. Historia de España. La España Medieval. Playor

 

 

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