Pictos, los guerreros celestes que se opusieron a Roma

El pueblo picto ocupó la actual Escocia y consiguió mantener la independencia del yugo romano.

En el año 55 a.C., el poderoso Cayo Julio César desembarcó en las islas británicas para iniciar un proceso de conquista y asentamiento que se alargaría durante años y concluiría con la victoria de Roma y el sometimiento de las tribus celtas y britanas que habitaban el archipiélago. Sin embargo Caledonia, nombre romano para el territorio que actualmente corresponde a Escocia, estaba habitado por un indómito pueblo que no solo pondría contra las cuerdas al invasor, sino que conseguiría resistir hasta la caída de este. Se trataba de los pictos, un pueblo que se pierde en la niebla del tiempo.

 

Origen

Fue el historiador Eumenio quien, en el siglo III, usó la palabra ‘picti’ para referirse a este pueblo que tantos quebraderos de cabeza les estaba trayendo. El término proviene del latín y se puede traducir como “pintura” o “pintados” y se cree que se les dio este nombre por la costumbre que tenían de pintar su cuerpo con tonos azules para la batalla o de hacerse tatuajes.

Lo cierto es que el origen de los pictos es prácticamente desconocido, ya que no existen demasiados restos arqueológicos y lo que queda suelen ser grabados y dibujos en piedra. Si bien es cierto que guardaban semejanzas con los pueblos celtas del resto de la isla, la teoría más extendida defiende que los pictos serían anteriores a los otros pueblos celtas, tratándose de los descendientes de pueblos prehistóricos que se habían asentado allí o de viajeros provenientes de Asia menor. La lengua picta se ha perdido y aunque se suele relacionar con la lengua celta, documentos históricos apuntan a que se trataba de un idioma distinto que acabaría por ser sustituido por el gaélico.

 

Sociedad, economía y religión

Los pictos vivían organizados en tribus independientes, con una jerarquía predominantemente masculina pero en la que la mujer jugaba un papel de peso: la herencia pasaba de madres a hijas, participaba en la economía y las decisiones políticas y acompañaba al hombre a la guerra para combatir. En su sociedad también existía la figura del druida como líder espiritual. Vivían en poblados formados por casas de piedra excavadas en el suelo llamadas ‘weems’ y torres circulares o ‘brochs’. Su economía se basaba principalmente en la ganadería, la pesca y, en menor medida, la agricultura debido a la dureza de la tierra.

 

Aunque generalmente vivían en paz y las distintas tribus solían interactuar entre ellas, comerciar e incluso unirse a través de matrimonios, las guerras y pequeñas escaramuzas también eran muy comunes. Cuando las tribus se unían y se hacían muy numerosas solía ser porque se elegía a un caudillo que las comandaba y actuaba como rey. Estas grandes alianzas se formaban para hacer frente a un enemigo común, como ocurrió con los romanos y pasaría más tarde con los vikingos.

Al igual que los celtas, la religión de los pictos era animista y politeísta, probablemente siendo esta una variante de la celta. La principal manifestación de su fe (al menos la que se conserva) se realizaba a través de enormes piedras y menhires en los que se realizaban grabados de símbolos y animales sagrados.

 

En tiempos de guerra

En el combate, los pictos eran un pueblo valiente y brutal. Se lanzaban a la batalla armados con espadas cortas, lanzas, rodelas (escudos de forma circular) y hondas para atacar a distancia, aunque consideraban que esto era símbolo de cobardía. Las representaciones que nos han llegado de ellos nos llevan a pensar que combatían casi sin protecciones, siendo la poca armadura que llevaban de cuero y haciéndolo en muchos casos con el pecho descubierto para demostrar su coraje.

Desconocían las principales formaciones de combate, por lo que solían recurrir a ataques sorpresa y emboscadas en las que acababan con el mayor número de enemigos posibles y desaparecían por el accidentado terreno escocés. Cuando presentaban batalla, decisión que les solía traer problemas, atacaban de forma desorganizada en grandes grupos y dándole mucho peso a sus ligeros carros de combate tirados por caballos que les permitían manejar y combatir con su lanza.

Aunque su economía se basaba en la cría de ganado, realizaban incursiones al sur con la llegada de la primavera y estas se convirtieron en un auténtico problema para los romanos, que se veían asfixiados por los constantes ataques y la ineficacia de sus legiones para combatir a las pequeñas guerrillas pictas. Este acoso llevó a Roma a construir el muro de Adriano (122-132d.C.), que cruzaba la isla de este a oeste, y el muro de Antonino situado más al norte.

 

Aunque hubo ciertos periodos de paz entre los pictos y Roma, las tribus guerreras mantenían su presión sobre los invasores con sus incursiones y saqueos y esto hizo que algunos gobernadores lanzaran grandes misiones de conquista para someter a los pictos. Puede que las más conocidas sean las llevadas a cabo por Cneo Julio Agrícola, que fue gobernador de Britania desde el año 77 y volcó sus esfuerzos en estabilizar la frontera norte. En el año 82 lideró una inmensa hueste contra el líder picto Calgaco (“el hombre de la espada”), un caudillo cuya figura histórica se mezcla con las leyendas. Agrícola consiguió una gran victoria en la batalla de Mons Graupius, pero su logro se perdió cuando Domiciano lo mandó a un destierro forzoso y ordenó su asesinato. El impulso conseguido tras la batalla se desvaneció y los pictos volvieron a imponerse.

Otra incursión destacable fue la de Septimio Severo, que comenzó como un intento de recuperar y reforzar la frontera (limes) de Roma en el norte de las islas y acabó en fracaso y retirada. El hijo de Septimio, Caracalla, abandonó el proyecto de su padre.

 

La llegada de los escotos

Desde el siglo V, tribus de escotos (Irlanda era llamada Scotia por los romanos) empezaron a instalarse en las costas suroccidentales de la actual Escocia y formaron el reino de Dalriada. Los recién llegados se unieron a los pictos para hacer frente a los romanos en sus últimos momentos en las islas y en general tuvieron buenas relaciones entre ellos. Poco a poco, ambas culturas fueron mezclándose a través de matrimonios y alianzas militares e incluso instauraron el gaélico como idioma común.

Para el siglo IX, hordas vikingas asolaban las costas de las islas británicas y los pictos, claramente superados, volvieron a aliarse con los cada vez más numerosos y mejor organizados escotos. En el 843, Kenneth MacAlpin se convirtió en el primer rey del territorio picto y escoto unificado, el cual pasaría a denominarse Alba y se convirtió en la actual Escocia (tierra de escotos). Los pictos, que tan fieramente combatieron contra los romanos para mantener su independencia, acabaron desapareciendo al ser absorbidos por otra cultura pero permaneciendo su nombre en las leyendas y vientos susurrantes de las Tierras Altas.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

CONTINÚA LEYENDO