No, los vikingos no llevaban cascos con cuernos

A partir del siglo XIX, la imagen de los vikingos quedó vinculada a los cascos con cuernos. Pero es un error.

 

Hay clichés que cuesta bastante desarticular. Una vez se instalan en el imaginario popular, es difícil desarraigarlos. Se perpetúan con los años y, partiendo a veces de una anécdota, pasan a constituir el rasgo definitorio que más rápidamente nos viene a la cabeza cuando pensamos en algo.

En el caso de los guerreros vikingos, uno de los clichés es su fiereza, su aspecto barbudo y temible y su casco con cuernos. Es fácil encontrar representaciones de los vikingos que muestran este atributo particular, desde dibujos y disfraces hasta películas y series de televisión.  

Sin embargo, no existe ninguna evidencia de que sus cascos llevaran cuernos. De hecho, como veremos, apenas hay evidencia arqueológica de sus cascos en general.

Solo existe un casco completo conservado de la Edad Vikinga y, desde luego, no tiene cuernos.

 

Yelmo de Gjermundbu, el verdadero casco vikingo (sin cuernos)

Casco vikingo
Yelmo de Gjermundbu - Fuente: Wikimedia Commons

El 30 de marzo de 1943, el granjero Lars Gjermundbu encontró una gran tumba en sus tierras del municipio de Haugsbygd, Buskerud (Noruega). El túmulo funerario, de unos veinticinco metros de largo y casi dos metros de alto, contenía unos cuarenta objetos de la Edad Vikinga que debieron de pertenecer a un hombre muy rico. Según la datación, los objetos se remontan a la segunda mitad del siglo X.

Casi todo son herramientas y armas, junto con la pieza más valiosa: el único casco completo de época vikinga encontrado en toda Escandinavia, que hoy puede contemplarse en el Museo Cultural Histórico de Oslo. Es un yelmo mucho más sencillo que los casos merovingios (descendientes de Meroveo, rey de los francos) hallados en Suecia e Inglaterra. Está sin decorar, y destaca una especie de placa con anteojos que protegen parte de la cara. Tiene una anilla en su lado derecho, lo cual sugiere que estaba diseñado para enganchar una cota de malla que protegería el cuello. 

Su aspecto está muy lejos de la llamativa apariencia cornuda que nos pintó la leyenda. Un anillo en la base sirve de sostén y junta de las cuatro piezas de hierro que se unen mediante placas del mismo metal. No tiene mecanismos de cierre, y destaca por su generoso tamaño. Es un yelmo grande, cuya circunferencia interior mide unos 66 centímetros, por lo que seguramente se sujetaba a presión mediante forros de tela interiores.

 

Pocos cascos para muchos vikingos

El yelmo Gjermundbu, junto con la presencia de espadas y otros objetos de metal, indican que su antiguo propietario era de clase alta. Pero resulta sorprendente que solo se haya encontrado un casco de esta época y características.

Las sagas nórdicas, relatos épicos de los héroes vikingos, mencionan los cascos y las armas con cierta frecuencia. Fueron relatos orales que narraban las conquistas y luchas de los grandes héroes, sobre todo de la época dorada vikinga, entre el siglo IX y el XI. Primero se cantaban, y desde finales del siglo XII se empezaron a escribir.

Solo en Noruega, por ejemplo, se han hallado unas 10 000 armas de época vikinga. Lo extraño es que no hay apenas rastro arqueológico de los cascos. Ni siquiera aparecen yelmos en los grandes yacimientos vikingos, como es el caso de Birka, en el lago Mälar, donde se excavaron más de un centenar de tumbas, algunas de las cuales contenían armaduras de hierro, pero no cascos. Sí que los hay, en cantidades considerables, de épocas anteriores. Los historiadores tienen varias posibles explicaciones.

Tal vez el casco estuviera reservado para las clases más altas y a los guerreros llanos no se los enterrase con sus yelmos. Otra opción es que los cascos estuvieran construidos con un grosor tan fino que no resistieron el paso de los siglos, y el óxido se los comió. Algo parecido habría ocurrido en el caso de estar compuestos de materiales orgánicos, como el cuero o el lino, que no habrían llegado hasta nosotros.

Y puede que, simplemente, una buena parte de los guerreros vikingos no usaran cascos en batalla, y por eso se han encontrado tan pocos en las excavaciones de tumbas. En varias representaciones vikingas de época, datadas entre los siglos VIII y XI, aparecen figuras de guerreros escandinavos con la cabeza descubierta.  

Queda claro que las sagas nórdicas, escritas cientos de años después de suceder los hechos que relatan, no son una fuente histórica tan fiable como sería deseable; no al menos si se toma como la única referencia. El tema sigue siendo discutido por los historiadores académicos.

 

Siglo XIX: se hace popular la asociación de vikingos y cascos con cuernos

Cascos cascos Veksø - Fuente: Wikimedia Commons
Cascos cascos Veksø - Fuente: Wikimedia Commons

Los cascos con cuernos más famosos son los hallados en 1942 en Viksø, en la isla Zelanda (Dinamarca). Se trata de un par de cascos de bronce con elementos decorativos en forma de ojos y cejas, y unas curiosas crestas que terminan en ganchos que recuerdan a los picos de las aves rapaces. Se cree que su acabado incluía ornamentos compuestos por plumas de ave. Sus cuernos, con forma de ese, se asemejan a los de un uro, una especie de toro salvaje ya extinto.

Por la zona donde fueron hallados, se relacionaron con los vikingos. Sin embargo, la datación los sitúa casi 2 000 años antes, en el 900 a C., y se les atribuyen posibles usos ceremoniales, así como un origen en el antiguo Cercano Oriente.

Mucho antes de que aparecieran los cascos de Viksø, que como decimos nada tienen que ver con los vikingos, ya se asociaba a los guerreros nórdicos con los cascos cornudos.

Tal asociación toma fuerza en el siglo XIX, de la mano de pintores como el sueco Johan August Malmström, que retrata con yelmos y cuernos a los personajes de su obra El mensajero del rey Aella ante los hijos de Ragnar Lodbrok (1857).

Pocos años después, en 1876, los vikingos aparecen representados con este tipo de casco entre los actores de El anillo del nibelungo, pieza maestra de la ópera, compuesta por Richard Wagner. El pintor, ilustrador y diseñador de vestuario alemán Carl Emil Doepler diseñó cascos con cuernos para la primera producción de tan famoso ciclo operístico.

Desde entonces, los vikingos y los cascos con cuernos quedaron asociados sin que dicha vinculación tenga, como hoy sabemos, ningún fundamento histórico.  

 

Referencias:

Ahlqvist, L. et al. 2018. Hybrid beasts of the Nordic Bronze Age. Danish Journal of Archaeology, 7(2), 180-194.

Caple, C. 2020. The Yarm Helmet. Medieval Archaeology, 64(1), 31-64.

Frank, R. 2000. The invention of the Viking horned helmet. International Scandinavian and medieval studies in memory of Gerd Wolfgang Weber, 199-208.

Wester, K. 2000. The mystery of the missing Viking helmets. Neurosurgery, 47(5), 1216-1229.

Luis Cortés Briñol

Luis Cortés Briñol

Formado en filosofía y antropología, con un barniz en biología, neuropsicología y bioestadística. Soy escritor, guionista y documentalista. Intento introducir la filosofía allá donde voy, aunque no hace falta (pues está en todas partes). Vivo en una biblioteca.

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