Mentiras y medias verdades sobre los vikingos

Los vikingos son uno de los pueblos cuya historia y tradiciones han sido más deformadas con el paso del tiempo, convirtiéndolos en poco más que animales rabiosos.

Vikingos
Imagen: Wikimedia Commons.

En la historia siempre ha habido buenos y malos o, al menos, en la que nosotros nos contamos. Aunque resulta relativamente sencillo promover la idea de los bandos diferenciados y otorgar a cada uno de ellos una serie de valores o comportamientos negativos y positivos según corresponda, la realidad del mundo rara vez es tan simple y en toda situación, momento, lugar y cultura podemos encontrar matices y grises intermedios que nos permiten ver las cosas de forma mucho más amplia y cercana a la realidad.

No hay que olvidar que aquellos a los que con más facilidad se les colgaba la etiqueta de bárbaros solían sorprender con conocimientos y costumbres de los que otros carecían (véase a los “salvajes” mayas que construyeron una obra arquitectónica de la talla de Chichén Itzá). Resulta indudable que, con esa tendencia tan propia de quedarnos con un único punto de vista, los vikingos son uno de los pueblos que más se ha demonizado y distorsionado a lo largo de los siglos. En este artículo nos disponemos a tirar por tierra algunos de los mitos más extendidos (y erróneos) sobre esos conquistadores que llegaron del norte de Europa.

 

Dos visiones de un mismo pueblo

Aunque los vikingos sabían leer y escribir (en su propio idioma rúnico, por supuesto) no era un pueblo con una gran tradición escrita y durante los primeros momentos de la Era vikinga seguían prefiriendo la transmisión oral o las tablillas grabadas. Esto hizo que, durante siglos, las fuentes y documentos históricos que hablaban de los vikingos procedieran casi de forma exclusiva de los pueblos con los que estuvieron en contacto a través del comercio, los saqueos y las invasiones. Puede que las más célebres sean las crónicas anglosajonas, principales responsables de la imagen de bárbaros brutales y despiadados que beben sangre y cortan cabezas que se tiene de los vikingos.

La idea del vikingo como saqueador fue la que quedó grabada en el ideario común y penetró en el mundo cultural a través de novelas, pinturas u óperas. Si bien es cierto que el movimiento romántico suavizaría un poco a los vikingos, no sería hasta el siglo XX cuando las investigaciones arqueológicas y los estudios históricos empezarían a aportar una visión menos maniquea de los nórdicos medievales. Entre los muchos autores que participarían en este lavado de cara se destaca Peter Sawyer, cuya obra La Era de los vikingos (1962) analizaba el conjunto de la sociedad vikinga y los presentaba como “comerciantes, no asaltantes”.

Casco vikingo de Gjermundbu
Casco vikingo de Gjermundbu. Imagen: Wikimedia Commons.

 

Llevaban cuernos en los cascos                             

Este es el bulo más popular sobre los vikingos y está tan grabado en el ideario común que cualquiera al que se le pida dibujar a un vikingo lo hará con un casco con cuernos.

Lo cierto es que no se han encontrado pruebas arqueológicas ni documentos que pongan de manifiesto la existencia de este tipo de protecciones incómodas e innecesariamente pesadas. Los vikingos se pasaban gran parte de su tiempo en un barco por lo que llevar exceso de peso no era algo conveniente en caso de caer al agua. Se cree que los cascos con cuernos podrían provenir de una leyenda popular por la que los antiguos pueblos conquistados habrían querido demonizar a los vikingos diciendo que tenían cuernos u otra clase de rasgos monstruosos. Otra teoría nos llevaría hasta el año 1820, cuando Gustav Malstrom ilustró una reedición de la Saga de Frithiof con unos fieros vikingos que llevaban cuernos en los cascos. Este diseño fue adoptado por, entre otros, Richard Wagner para sus obras La Valquiria y El ocaso de los dioses.

Aguila de sangre
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Bebían la sangre de sus enemigos directamente de su cráneo

Esta imagen es un poquito gore y hace que uno se dé cuenta de la imagen tan exagerada que se tiene de ellos. Salvando algún posible caso peculiar que no debería ser interpretado como una norma general, los vikingos preferían el hidromiel y la cerveza antes que la sangre, ya fuese humana o de algún animal. Además no usaban el cráneo de sus enemigos para beber sino cuernos vaciados. Esta confusión parece ser fruto de un error en la traducción: en una recopilación de textos rúnicos publicada por Olaus Wormius en el siglo XVII se mencionaba que los vikingos bebían de los cuernos que salían de los cráneos pero al llevar el texto al latín solo se hizo mención al cráneo y se obviaba el cuerno.

Otras prácticas como el águila de sangre han sido tremendamente exageradas. Esta forma de tortura y ejecución ejemplar consistía en rajar la piel de la espalda desde la columna, abrir las costillas para que parecieran dos alas desplegadas y sacar los pulmones por encima de los hombros; era considerada un sacrificio ceremonial en honor al dios Odín. Los historiadores llevan años discutiendo sobre la autenticidad de esta técnica ya que las fuentes en las que se mencionan son relatos literarios más cercanos al mito y a la ficción que a la realidad histórica, e incluso ahí sus apariciones son escasas. Muchos expertos creen que el ritual era más una metáfora que una práctica real.

Joyería vikinga
Muestra de joyería vikinga en el Museo Nacional de Dinamarca. Imagen: Wikimedia Commons.

 

Eran unos salvajes analfabetos

La Edad Media fue un periodo de guerras y oscuridad en la ciencia y el uso de la razón en la que el mundo se movía por el misticismo y la espada. Metidos como estaban en ese jardín se puede decir que los vikingos sí que eran un tanto brutos pero no más que tantos otros pueblos y culturas que consideramos “civilizados”.

Lejos de ser unos bárbaros que solo sabían matar y destruir, los vikingos demostraron ser un pueblo capaz, hábil y muy astuto que logró salir de su frío hogar en el norte de Europa y conquistar amplios territorios en todo el continente. Además de granjeros y fieros guerreros los nórdicos eran unos excelentes artesanos que sabían trabajar el metal con maestría y cuyas armas y joyas eran muy bien valoradas por propios y ajenos. Los museos de media Europa están llenos de espadas, cascos, armaduras, broches, cinturones, pulseras, alfileres y collares de gran calidad.

Tampoco eran nada tontos. Sus barcos (los famosos drakkars) les convirtieron en unos de los mejores navieros de todo el continente por sus características únicas que les permitían navegar en mar abierto y en ríos por igual y los hacían extremadamente ligeros. Fue esta gran movilidad y la rapidez de la que hacían gala lo que les permitían llevar a cabo sus incursiones relámpago y desaparecer con el botín antes siquiera de que se corriera la voz. A esto se sumaba un gran interés por saber cómo eran las sociedades a las que atacaban y así poder encontrar sus puntos débiles. Los vikingos usaron como principales estrategias los ataques sorpresa durante las festividades religiosas, los muros de escudos como formación defensiva, las emboscadas y los ataques por la retaguardia o en ciudades desprotegidas.

 

Solo vivían para conquistar y saquear

Teniendo en cuenta que el término vikingo debería aplicarse únicamente a aquellos nórdicos que participaban en expediciones de ultramar, esta afirmación no sería del todo incorrecta pero tampoco cierta al 100%.

La principal labor de los vikingos era la de granjeros y agricultores, además de los ya mencionados artesanos. El auge de las expediciones vikingas llegó en un momento en el que las condiciones climáticas permitieron a los nórdicos navegar hacia el oeste (las islas británicas) y en el que vivieron un deterioro de la situación económica que forzó a muchos a buscar nuevas tierras donde asentarse y otras formas de ganarse la vida. Además de los saqueos y el pillaje, la principal función de las incursiones vikingas era la creación de asentamientos  y el traslado de sus familias a nuevas tierras más ricas y fértiles. Esto lo consiguieron tanto por medio de la conquista y la usurpación como a través de acuerdos y pactos con la nobleza de los países.

En sus viajes, en los que llegaron a navegar hasta el sur de España, la costa norte de África o Turquía, descubrieron las ventajas del comercio y ganaron una buena posición intercambiando sus productos por media Europa. De hecho, cuando llegaron a estas tierras del sur su fama como guerreros les precedía y el Imperio Bizantino los contrató para que formaran la guardia personal del emperador.

Skjaldmö
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Las mujeres luchaban igual que los hombres

En la cultura nórdica existía la figura de la Skjaldmö o doncella escudera, una mujer guerrera que aparecía en numerosas sagas y encontraba su máximo exponente en las valquirias. Sin embargo, la realidad es que la presencia de las mujeres vikingas en combate era considerablemente menor de lo que dicen las leyendas. Existen pruebas arqueológicas de grandes guerreros vikingos que han resultado ser mujeres y aunque podía darse el caso de que estas escuderas acompañaran a los hombres en las expediciones y lucharan junto a ellos, los ejércitos estaban formados principalmente por hombres.

La sociedad nórdica presentaba, en el papel de la mujer dentro de ella, muchas semejanzas con la espartana. Las mujeres gozaban de una serie de derechos y libertades en la cultura nórdica de las que carecían en otras muchas del resto del continente y recaía sobre ellas la responsabilidad de organizar el funcionamiento de las finanzas y del hogar.

 

Eran endogámicos

La defensa que el nazismo hizo de la pureza de la raza aria llevó a muchos a pensar que los vikingos tenían por norma casarse y tener descendencia con los suyos, rechazando a cualquiera que no consideraran lo bastante nórdico.

La historia, por otro lado, nos demuestra que esta afirmación no podría estar más equivocada. Parece que los vikingos no tenían problema ninguno en mantener relaciones con personas de otras etnias o culturas en sus viajes y, de hecho, son muchos los casos que nos demuestran que intentaban mezclarse con los nativos de las tierras que conquistaban tanto cultural como genéticamente. Rollon el Caminante, por ejemplo, consiguió que el rey de Frankia le cediera la Normandía a cambio de defender el territorio de sus compatriotas y su descendencia se pierde por gran parte de los reinos de toda Europa. Lo mismo ocurrió con los vikingos que conquistaron Dublín y acabaron integrándose en la sociedad irlandesa o las generaciones que permanecieron en territorio anglosajón.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

Continúa leyendo