La edad de oro de los vikingos

El rey Harald Diente Azul unificó Dinamarca y cristianizó a los vikingos.

El cine, las series y los videojuegos han aupado a los  vikingos entre las culturas del pasado que más interés (y pasiones) despierta en la actualidad. Varones aguerridos, con barbas frondosas, poderosos brazos portando hachas y unos ojos azules mirando al horizonte del mar que navegan sobre sus rápidas naves. Pero, aunque estén pasando por una edad de oro en el entretenimiento actual, queremos hablar del momento álgido histórico de los vikingos.

Esta imagen de los vikingos está, por supuesto, idealizada, como la del rey Ragnar Lodbrok, un personaje vikingo legendario. Pero sí que hubo un rey histórico cuyas acciones quedaron para la posteridad. Al punto de que todos los días utilicemos una tecnología que lleva su nombre: el Bluetooth.

Los hombres del Norte

Desde finales del siglo VIII y durante casi tres siglos más estuvieron los vikingos dando guerra en Europa (nunca mejor dicho). La primera invasión documentada se fecha en el 789, cuando los vikingos atacaron la bahía de Portland, en Inglaterra. En el verano de 793, ya tenemos uno de sus famosos asaltos a lugares sagrados, en este caso al monasterio de Lindisfarne. Los pobladores de las costas inglesas y francesas veían llegar barcos extraños, que vomitaban hombres rudos en sus costas, arrasaban con sus hachas, las imágenes santas iban al suelo, el oro a los bolsillos y los capturados a esos barcos extraños para ser vendidos como esclavos. En el 841 atacaron Ruán, al norte de Francia. Cuatro años después le tocó a Hamburgo, más tarde París, York, Dublín, Londres, Sevilla y hasta el norte de Italia.

Pocos pueblos del momento podían compararse en ingeniería náutica con los vikingos, su habilidad como navegantes queda patente con la multitud de incursiones a lo largo de todo el Mar del Norte, Atlántico y Mediterráneo. Fueron, además, grandes comerciantes. Hasta la época contemporánea, si toda plaza de pueblo era una posibilidad de mercado, todo barco era una tienda flotante, y esto los vikingos lo tenían claro.

Estas incursiones y comercio comenzaron a dar un poder y riqueza considerable a los grupos vikingos en los que se dividían las penínsulas escandinava y Jutlandia. Esta riqueza, unida al prestigio que ganaron algunos dirigentes, llevó a la creación de monarquías centralizadas durante los siglos X y XI. Y, de entre estos reyes, destaca un gobernador vikingo: Harald Blåtand.

El rey Diente Azul

Bautizado en 965, Harald Blåtand (que significa “Diente Azul”) unificó Dinamarca y cristianizó a los vikingos, iniciando una nueva era para su pueblo, al quedar integrados en la Europa medieval que pronto sería reconocida como la Cristiandad.

Como suele ser habitual, el estudio del pasado tiene varias versiones y este rey vikingo también cuenta con diversas teorías. De entrada, debemos conocer qué fuentes nos sirven para estudiar el mundo de Harald Diente Azul. Para ello contamos con la arqueología y la interpretación de las fuentes escritas. Y es importante el término “interpretación”, ya que los escritos sobre Harald son, en su mayoría, sagas del siglo XIII que tienen por autores a monjes evangelizadores que escribieron muchos años después de la muerte del rey vikingo.

Tenemos la saga Skjöldunga, en la que se cuentan los orígenes de la familia real danesa desde Odín hasta Gorm el Viejo, padre de Harald. Y, como si fuera una secuela, la saga Knýtlinga es una crónica de los reyes daneses desde el gobierno de Harald Diente Azul hasta el siglo XII, escrita (quizás) por el irlandés Olaf Thordarson en el siglo XIII.

Estas sagas hablan de Harald Diente Azul como de los héroes vikingos, cuya imagen es el estereotipo que prevalece en la ficción actual: un rey poderoso, que lucha (y vence, claro) con todo el que se le ponga por delante: nórdicos, suecos, germanos, sajones. Hablan de un despiadado gobernador, capaz de cualquier cosa por aumentar su poder. Es posible que organizara una estratagema para hacerse con Noruega: mandó invitar a su rey, su sobrino Harald Grafeld (“Capa Gris), quien en su visita a Dinamarca terminó asesinado. Diente Azul colocó un rey vasallo en Noruega y todo el país estuvo obligado a pagar tributo a Dinamarca.

Con la Iglesia hemos topado

Pero Harald Diente Azul no era el único caudillo poderoso de entonces. Al sur de sus posesiones se ubicaba el Sacro Imperio Romano Germánico con Otón II el Rojo a la cabeza, quien atacó a Dinamarca en el 974. Como motivo, una de las excusas favoritas de los europeos para iniciar una guerra: cristianizar a los bárbaros paganos. Las fuentes cuentan que Harald no solo aguantó, sino que logró hacerse con el control de algunos territorios al sur de su reino.

Sin embargo, estos hechos no concuerdan con otras informaciones. En el siglo X, Widukind de Corvey escribió la Crónica de Sajonia y en ella explica que los vikingos ya tenían a Cristo como un dios más en su panteón. Y el bautismo de Harald es un hecho contado muchas veces. La conversión del rey está fechada en 965, después de que Harald viera como Poppo, un clérigo de la catedral de Colonia, cogió una espada al rojo vivo y no le ocurrió nada en la mano.

El estudio de este rey es controvertido, pero la realidad actual es que está considerado un personaje muy importante en la historia de Dinamarca. En Jelling, un lugar simbólico del gobierno de Harald, se encuentran dos piedras en las que podemos leer inscrito en rúnico: “El rey Harald que ganó para sí toda Dinamarca y Noruega y cristianizó a los daneses”.

De navegar el mar a navegar en el móvil

Murió en el 987 tras ser herido por una flecha. Pero su nombre ha quedado grabado para la posteridad con una tecnología que usamos a diario. Las runas hagall (ᚼ) y berkana (ᛒ) son las iniciales en inglés de Harald Bluetooth y forman el logo de la tecnología que recibe su nombre.

Referencias:

Price, N. 2020. Vikingos: la historia definitiva de los pueblos del norte. Ático de los Libros.
Velasco, M. 2009. Breve Historia de los Vikingos. Nowtilus.
Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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