Jomsvikingos, los mercenarios nórdicos que soñaban con oro y acero

Esta hermandad de guerreros semilegendaria se regía por un estricto código de honor y tenían su propia fortaleza, Jomsborg.

Jomsvikingos
Imagen: Wikimedia Commons

Cuentan las sagas nórdicas, esos relatos en los que historia y leyenda se abrazan hasta ser uno, que en el lejano norte, a orillas del gélido mar Báltico, se alzaba una imponente fortaleza habitada por una hermandad de guerreros que ofrecían su acero y su habilidad a todo aquel que pudiera pagar sus servicios. El lugar se llamaba Jomsborg y su gente, jomsvikingos.

Como hemos adelantado, tanto la fortaleza como este grupo de mercenarios pertenecen al mundo semimítico. Son mencionados en la saga Jomsvikinga, la saga de Olaf Tryggvason y mencionados en diversos lausavisur (composiciones líricas propias de Islandia). La existencia o no de Jomsborg y sus temibles guerreros a sueldo ha sido tema de debate para muchos historiadores durante años y sus reticencias proceden principalmente de la falta de pruebas físicas y restos arqueológicos, teniendo como únicas fuentes las sagas enumeradas y tres piedras rúnicas de la época que sí hacen referencia a ellos. En cualquier caso, y aunque en parte sean simples elucubraciones, resulta interesante analizar esta peculiar figura histórica que son los jomsvikingos.

 

La gran fortaleza del Norte

Empecemos hablando de su hogar, Jomsborg. Las sagas la describen portuaria fortificada que alberga exclusivamente a los mercenarios y era utilizada como centro de operaciones para sus incursiones. Se estima que podría haber albergado entre treinta y trescientos longships, los barcos de guerra empleados por los vikingos, por lo que en ella habría residido como mínimo un millar de guerreros. Los jomsvikingos eran guerreros de élite por lo que no serían baratos. Esto nos lleva a pensar que la ciudad debía acumular una gran riqueza derivada de sus numerosas incursiones y estaría equipada con todo lo que los guerreros pudieran necesitar (barracones, salones comunales, herreros y armeros, campos de entrenamiento…).

La falta de restos arqueológicos impiden determinar el lugar exacto donde supuestamente se alzó Jomsborg. Las únicas referencias que se tienen es que estaba a orillas del Báltico y se cree que podría haberse alzado sobre la colina de Silberberg, en la isla de Wolin (actual Polonia). También fue allí donde supuestamente estaba la ciudad de Vineta, un puesto comercial que las leyendas dicen que se hundió en las aguas al negarse sus habitantes a convertirse en el cristianismo. Otra opción sería que un asalto vikingo arrasara la ciudad y los atacantes hubieran decidido construir Jomsborg sobre sus cimientos. Por desgracia, no se han encontrado pruebas materiales que demuestren la existencia de ninguna de las dos ciudades.

Jomsvikingos
Imagen: Wikimedia Commons

 

Cómo eran los jomsvikingos

Hablemos ahora de los soldados de fortuna que dieron vida a la fortaleza de Jomsborg y cuya leyenda quedó grabada para la posteridad en las grandes sagas nórdicas.

Los jomsvikingos vivieron su época de esplendor entre los siglos X y XI, coincidiendo con un periodo de mucha actividad bélica en los países nórdicos (ya fuese entre ellos o contra terceros). La fundación de los jomsvikingos corrió a cargo de Palnatoke, un caudillo danés semilegendario que constituyó esta hermandad de guerreros y les concedió un código propio. Palnatoke fue el mentor del príncipe Svend, hijo del rey Harald Blatand (o Bluetooth), y parece que también fue quien convenció al joven de que se alzara en armas contra su padre y tomara el trono para devolver a la cultura nórdica a sus raíces. Harald Blatand se había convertido al cristianismo y esto provocó que muchos grandes señores, que seguían adorando a los dioses de Asgard, se le opusieran. El rey murió alrededor del año 986 y, según la saga Jomsvikinga, lo hizo en Jomsborg y a manos de Palnatoke.

A diferencia de otros saqueadores del norte de Europa, cuyas incursiones eran estacionales y complementarias a la agricultura o el comercio, los jomsvikingos eran un ejército profesional y privado que vivía por y para la guerra. A lo largo de todo el año, ofrecían sus servicios a distintos monarcas o señores y se unían a sus fuerzas regulares ya fuese para expediciones a lugares como las islas británicas o para apoyarles en sus enfrentamientos internos. También podían actuar como guardaespaldas e incluso formaron parte de la guardia personal de Harald Blatand. Al igual que otros mercenarios, como la compañía del Cid Campeador en España, las circunstancias acabaron por forzar a los jomsvikingos a trabajar para cualquiera que les pagara sin importar que fueran paganos o cristianos.

Los jomsvikingos tenían una serie de rasgos distintivos que servían como elementos de cohesión y los fortalecían como grupo. El primero era su fe ciega a las creencias paganas propias del norte y su adoración a deidades como Odín, Thor o Tyr. El segundo era su código de conducta, una serie de reglas que los jomsvikingos juraban al ingresar en la hermandad y que siempre debían respetarse. Entre las normas de estos mercenarios están el reparto equitativo del botín, no pelear (física ni verbalmente) con otros miembros, mostrar valor en combate, no dejarse atrapar como prisionero, vengar la muerte de los miembros caídos, retirarse solo como última opción, no abandonar Jomsborg por más de tres días sin el permiso expreso del líder y no poder tener a la familia en Jomsborg (no se sabe si se les permitía tener esposa e hijos).

Los jomsvikingos combatieron en muchas batallas a lo largo de los años y vivieron tantas derrotas como victorias. Para principios del siglo XI la situación había cambiado y ya no tenían tanto trabajo ni eran tan imprescindibles para los grandes señores. Esto empujo a que gran parte de los jomsvikingos siguieran a su líder, Sigvaldi, y a sus hermanos hasta Inglaterra, donde se asentarían y se convertirían en la guardia pretoriana del caudillo Canuto el Grande. Los que se quedaron en Jomsborg tuvieron peor suerte, ya que se cuenta que la fortaleza fue atacada en el año 1043 por el rey Magnus I de Noruega, siendo totalmente destruida y sus ocupantes aniquilados.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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