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Historia del púrpura como el color de la realeza

Mucho antes que se hablara de sangre azul, la expresión más aceptada para los hijos de la realeza era que “habían nacido en el púrpura”.

Mucho antes que se hablara de sangre azul, la expresión más aceptada para los hijos de la realeza era que “habían nacido en el púrpura”. Y no es extraño. Al igual que ocurre con el caviar, el oro o la seda se trata de una cuestión de oferta y demanda. En este caso el color era muy deseado, pero había poca oferta. Los romanos por ejemplo, tenían una ley que prohibía al pueblo usar este color en su vestuario y solo estaba permitido para aquellos de noble cuna o alto abolengo. El rey persa Ciro adoptó el púrpura en sus túnicas como uniforme real y en el Imperio Bizantino se lo tenía casi por sagrado. De hecho las leyes y edictos se firmaban con este tono y (aquí nació la costumbre) los hijos de la realeza eran descritos como "nacidos en la púrpura”.

¿Qué tiene que ver la oferta o la demanda? En aquellas épocas los tintes artificiales no existían obviamente y todas las tinturas naturales se obtenían de raíces, minerales y hasta de animales. El púrpura, podríamos decir que nació en Tiro, actual Líbano, pero por entonces parte de la civilización fenicia. La púrpura de Tiro, la más codiciada (una suerte de caviar iraní, champaña francés o seda china) se obtenía de una especie de caracol marino (Bolinus brandaris) y era tan extremadamente raro que llegó a valer su peso en plata, según relata en El Banquete de los eruditos, de Ateneo de Náucratis. Este color se encuentra en la glándula hipobranquial de los mencionados caracoles y hay dos formas de obtenerlo. Una menos cruenta que era “ordeñar” la glándula para obtener el líquido y dejar vivo al molusco y la otra era rompiendo su concha. Los caracoles usan esta sustancia para sedar a sus presas o como antimicrobiano cuando ponen sus huevos. Para obtener 1 gramo de esta sustancia es necesario contar con 10 000 caracoles. Y ese gramo apenas alcanza para teñir un pequeño retazo. La sustancia obtenida debía dejarse secar al sol durante un lapso muy preciso de tiempo para ser utilizada más tarde. De ahí su valor y la dificultad para producirlo en masa. Medio kilo de lana teñida con este púrpura costaba, según el edicto de Diocleciano del año 301 unos 150 000 denarios… a dinero de hoy, unos 300 000 euros.

La exclusividad del púrpura llegó a la época isabelina, cuando los habitantes de  Inglaterra tenían que acatar las leyes suntuarias, que regulaban estrictamente qué colores, telas y ropa podían y no podían ser usados por diferentes clases dentro de la sociedad inglesa. Entre estas normas se encontraba aquella que estipulaba que solo os parientes cercanos de la familia real podían usar púrpura. Hubo que esperar hasta 1856 cuando el químico inglés de 18 años William Henry Perkin creó accidentalmente un tinte púrpura sintético y la exclusividad del molusco se perdió para siempre.

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