El origen pagano de la Navidad: saturnales romanos y un banquete vikingo

Muchos de los elementos de la actual Navidad proceden de las fiestas paganas que celebraban el solsticio de invierno, como Saturnalia o Yule.

Calcetines de Navidad
Imagen: iStock Photo.

La Navidad es una fiesta internacional especialmente extendida y arraigada en el mundo occidental. Aun con los muchos cambios que ha podido ir viviendo y su expansión a otros ámbitos a través de sus costumbres más consumistas, la raíz de la fiesta no podría ser más cristiana ya que celebra el nacimiento de Jesús. Pero, con todo esto, resulta que existen precedentes que sirvieron a la Navidad como antecedente para ser lo que es y por ello queremos hablar de dos de las fiestas que más influyeron en la Navidad: la Saturnalia romana y el Yule nórdico.

Pero antes de meternos en materia queremos aclarar unos puntos que consideramos importantes. El primero es la tendencia de las sociedades humanas a tener prácticas y costumbres similares incluso cuando está separados por kilómetros y no han tenido relación alguna (véanse las similitudes entre el Samhain celta y las festividades relacionadas con los muertos de los mexicas). El segundo punto es que no hay ningún documento ni ninguna mención en los evangelios que establezca el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús; esta fue establecida en el siglo IV d.C. bien basándose en un estudio llevado a cabo por los cristianos latinos de la época o bien queriendo que coincidiera con el solsticio de invierno, una fecha que todos los pueblos de todas las creencias consideran importante.

 

El solsticio como reinicio

A lo largo del año los momentos clave en la sucesión de las estaciones son los solsticios y los equinoccios, cuando los días pasan a ser más cortos o más largos y se marca el paso de una estación a otra. En el solsticio de invierno tiene lugar el día más corto del año, el paso definitivo hacia el invierno y, por lo tanto, la proximidad de la primavera y del renacimiento de las cosechas. Desde este momento los días se van alargando poco a poco proporcionando más horas de luz y una mayor actividad.

Si el equinoccio de otoño marcaba la muerte de la naturaleza (generalmente encarnada en un dios o diosa), el hecho de que a partir del solsticio los días se alargaran hacía de este una ocasión perfecta para celebrar un renacimiento. Muchas religiones antiguas celebraban en este día una victoria, una festividad alegre y con un potente elemento social en la que se pedía una buena cosecha y se hacían ofrendas para mejorar la fertilidad, tanto de la tierra como de las personas.

Saturnalia
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Saturnalia y el Sol Invictus

En la Antigua Roma el solsticio de invierno era en honor de Saturno, uno de los dioses principales de su panteón. Se caracterizaba por su duración de 12 días en los que evitaba cualquier tipo de disputa y todo eran ofrendas, banquetes, regalos y bacanales. Se permitía jugar a la lotería (prohibida el resto del año) e incluso se liberaba de sus tareas a los esclavos, a quienes se les trataba durante unos días como a ciudadanos libres. La fiesta terminaba el día 25 de diciembre, Día del Sol Invicto, cuando Saturno vencía a la muerte.

Desde que Constantino I puso fin a las persecuciones contra los cristianos y permitió la libertad de culto (año 313), los cristianos en tierras de Roma empezaron a crecer en número de seguidores y se dieron cuenta de que es más sencillo ganar adeptos si el cambio es gradual y se conservan, a su manera, las costumbres que la gente ya tiene asimiladas. Es por esto que se adoptaron los principales elementos de los saturnales y se situó el nacimiento de Jesús (entendiéndose como la “fiesta grande” de la cristiandad) el mismo día que la fiesta grande de la Antigua Roma.

En Saturnalia también encontramos, a su manera, los antecedentes del roscón de Reyes o de los Carnavales.

 

Yule, la proto-navidad de los nórdicos

La otra gran fuente de inspiración para la construcción de la Navidad moderna fue Yule (o Yuletide), la celebración del solsticio de otoño que realizaban los pueblos de origen germano y del norte de Europa. Debido a su popularidad reciente y a que en los países nórdicos se conservan muchas de sus costumbres, Yule es conocido como la ‘Navidad vikinga’.

Tal vez por la diferencia de clima existente entre Roma y lugares como Noruega, la fiesta de Yule era mucho más recogida que los saturnales pero mantenía una misma finalidad: cerrar un ciclo, celebrar la victoria de la vida sobre la muerte y pedir buenas cosechas. Las distintas tradiciones y festejos se basaban en la mitología nórdica y en estos tomaban gran importancia los dioses relacionados con la protección o la fertilidad (en este caso, Freyr y Thor).

La pieza central de Yule eran los sacrificios de animales, que se dedicaban a los dioses y llenaban las despensas de carne para los siguientes meses de frío. A partir de estos sacrificios se organizaba un banquete comunal en el que la cerveza y el hidromiel corrían en abundancia y el plato principal era el juilskinka, lo que hoy se sigue tomando como el jamón de Navidad y que era el sacrificio principal a Freyr. Además se prendía el Yule rog, un enorme tronco guardado el año anterior que se metía en la hoguera y ardía durante toda la noche para iluminar la velada y ahuyentar a los malos espíritus. Se creía que si se extendían por los campos la cosecha sería fructífera.

Cabra de Yule
Imagen: Wikimedia Commons.

 

También existía la cabra de Yule, otro sacrificio de un macho cabrío que era el animal que llevaba las ofrendas durante la celebración. Se cree que la muerte de este animal se dedicaba al dios Thor, protector de la humanidad que montaba un carro tirado por los carneros mágicos Tanngnjóstr y Tanngrisnir que el dios podía devorar y resucitar si cubría los huesos con la piel. Con el paso del tiempo la cabra fue sustituida por un hombre vestido con pieles que llevaba los regalos y esta figura acabaría por convertirse en Joulupukki, un personaje parecido a Papá Noel. En la actualidad, países como Suecia o Noruega se llenan de muñecos y adornos en forma de cabra hechos de madera que prueban la importancia de la que el Yule nórdico todavía goza.

La última tradición que queremos destacar es la de introducir árboles de hoja perenne en las casas y decorarlos con cintas. Esta práctica era común en las culturas celtas o germanas ya que, al no perder sus hojas, los árboles perennes eran un símbolo de naturaleza viva pero los nórdicos le daban otro significado. El árbol representaba a Yggdrasil, el árbol mundo sobre cuyas ramas existen los Nueve Reinos de la mitología nórdica (entre los que se encuentra Midgard, el reino de los hombres). ¿Encontramos aquí el origen del árbol de Navidad? Probablemente.

 

De una fiesta a otra

Existen teorías y estudios que rechazan cualquier relación de la Navidad cristiana con las tradiciones paganas previas y defienden que los primeros cristianos, que intentaban distanciarse lo máximo posible de las demás religiones, no habrían basado el nacimiento de Jesús en una fiesta que consideraban ajena e impía, sino que la elección del día 25 se basa en estudios realizados en el siglo IV.

Hay que entender que el cristianismo, en su momento, fue una religión nueva que se introdujo en una Europa en la que las religiones paganas llevaban asentadas mucho tiempo por lo que resultaría muy difícil conseguir un cambio de mentalidad y fe si no se buscaba un punto en común, un gancho. La Navidad tomó los elementos, valores y símbolos de diversas fiestas que ya existían antes que ella y los readaptó al contexto y la mirada de los cristianos, igual que los romanos podían haber hecho antes con las fiestas griegas. Se trata de celebraciones distintas, pero que han sido construidas o se han visto influenciadas por las anteriores y que parten de unas bases y principios que resultan universales para todas las religiones y creencias humanas.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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