El Generalife de Ismail I

Durante su reinado la Alhambra empezó a formarse como ciudad palatina independiente de Granada y, desde el punto de vista arquitectónico, la fortaleza se iba a delinear en las formas actuales. La Alhambra se convertiría en el orgullo artístico de los nazaríes.

El periodo inaugurado por el quinto sultán nazarí, Ismail I (1279-1325), siguió el surco del mecenazgo artístico trazado por sus predecesores y se considera la segunda etapa de la dinastía nazarí (llamada al-dawla al-ismā ‘īliyya ). La producción artística de la época es la más espléndida que produjeron los nazaríes: en esas décadas, la Alhambra empezó a formarse como ciudad palatina completamente independiente de Granada y, desde el punto de vista arquitectónico, la fortaleza se iba a delinear en las formas actuales. La Alhambra se convertiría en el orgullo artístico de los nazaríes.

Ismail I entró en la ciudad de Granada con sus tropas y se asentó en la Alcazaba, mientras Nasr se refugiaba en la Alhambra y, no teniendo el favor de los granadinos, terminaba siendo destronado y exiliado en Guadix.

El nuevo sultán de Granada tenía un temperamento duro: las fuentes hablan de su celo en las aplicaciones de las penas y también de su moral estricta, fiel a la ortodoxia jurídico-religiosa. A pesar de esto, fue aficionado a las artes y designó como su secretario al poeta Ibn al-Yayyab (1295-1349), que fue encargado de decorar con sus versos algunas de las paredes de la Alhambra.

Jardines del Generalife
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El jardín del arquitecto

Una de esas inscripciones, la cual lleva el nombre de Ismail I, ha permitido comprobar su mecenazgo en el Generalife, una de las aportaciones más importantes que realizó al complejo palatino. Originariamente una almunia de carácter rústico, el Generalife fue construido por Muhammad II y luego modificado por Ismail I en celebración de su victoria en la primavera de 1319 en la batalla de la Vega, librada contra el ejército de los infantes de Castilla don Pedro y don Juan, aliados de Nasr, que habían asediado Granada.

El Generalife es un lugar aislado y rodeado de huertas, bastante alejado del cuerpo principal de la Alhambra al encontrarse en una pendiente encima de ella. El nombre del área deriva de Ŷannat o Ŷinn al-’arīf, que se puede traducir como «Jardín de los Artistas» o «del Arquitecto», lo cual bien describe el uso previsto para el lugar: el recreo y el descanso del sultán y de su entorno de los deberes reales. De hecho, una epigrafía de Ibn al-Ŷayyab nombra el palacete del Generalife como «La Feliz Casa del Reino» ( Dā’r al-mamlaka al-sa’īda ).

El palacio fue construido en diferentes niveles y rodeado por jardines con juegos de agua; se entra a través de dos patios que dan acceso a otro largo patio central atravesado por una acequia. En los dos testeros de este último se levantan el Pabellón Sur y el Salón Regio, la estructura principal del conjunto, construida por Ismail. El programa epigráfico del edificio se compone de versos coránicos y poéticos que subrayan la belleza y el sentido de paz que transmite este lugar de recreo, además de celebrar la figura de Ismail. El sultán encargó también una nueva decoración del ambiente; según el historiador del arte Pavón Maldonado, fue su mecenazgo el que introdujo por primera vez los mocárabes en el arte nazarí, visibles en los arcos, las tacas, los capiteles y los arrocabes. El Generalife sufrió un incendio en 1958 que permitió una serie de investigaciones arqueológicas, tras las cuales se determinó que la torre del Salón Regio fue una modificación de Ismail.

Gracias a los éxitos militares y a la estabilidad política, Ismail I pudo dedicarse a embellecer la Alhambra; se piensa que fue él quien encargó la construcción del nuevo Alcázar Regio cerca de la Alcazaba: el Qasr Al Sultan (Palacio del Sultán), que fue totalmente arrasado por Yusuf I y Muhammad V para levantar los palacios de Comares y de los Leones. Del original quedan pocos elementos: hay rasgos de la torre- qubba que se encuentran a nivel del sótano de la Torre de Comares y de la Sala de la Barca (frente a la misma se abría una alberca como la que hoy en día se encuentra en el Patio de Arrayanes, pero más ancha y similar a la del Partal). El Palacio era destinado tanto al uso privado del soberano y de su familia como a las funciones ligadas al poder, a la justicia y a la administración.

Mexuar y baño real

Uno de los ambientes adyacentes al Palacio de Comares dedicado a esto último era el Mexuar (del arabe mišwār , «consejo»), lugar de reunión del Consejo de Ministros donde el sultán impartía justicia. El Mexuar, que ha sido muy modificado a lo largo del tiempo, se desarrollaba en torno a dos patios: uno secundario al oeste, Patio de la Mezquita, y uno principal al este, el de Machuca. El primero era sede de la Cancillería Real y estaba rodeado de estancias dedicadas a los escribanos y a la administración; hoy estos ambientes han desaparecido y quedan solo los restos fundacionales. El patio tenía una mezquita, mal orientada hacia la Meca, la cual sería la «Mezquita Vieja (...) que construyó el Sultān Abū’l-Walīd», es decir, Ismail I, nombrada en el relato del poeta e historiador Ibn al-Jatib de 1362-63. La mezquita sufrió algunos daños en la explosión del molino de la pólvora en 1590; sin embargo, el edificio y su alminar sobrevivieron hasta el siglo XVIII, como testimonia un grabado de la época en Les delices de l’Espagne et du Portugal (1715).

El segundo patio ha conservado sus edificios y hoy comprende la Sala del Mexuar, es decir, el Nuevo Mexuar construido por Muhammad V, cerca del Patio Dorado. Se presume que la construcción original fuese de la época de Ismail I gracias a unas investigaciones arqueológicas en los muros y también al descubrimiento de un dintel pintado con decoraciones geométricas y a una serie de inscripciones, en la franja del testero norte de la sala, que llevan su nombre («Gloria a nuestro señor Abū’l-Walīd Ismail»).

Uno de los edificios queridos por Ismail I que ha sufrido menos transformaciones es el Baño Real, parte del Palacio de Comares que se encuentra al este del Patio de Arrayanes. Sin embargo, el hamam fue parcialmente reformado tanto por Yusuf I como por los Reyes Católicos en el siglo XVI (de ahí el adjetivo Real). Gracias a esta utilización continua, es el baño mejor conservado de la docena que existían en la Alhambra, a pesar de las restauraciones decimonónicas.

Ismail era una hombre conocido por su moral estricta, pero la percepción que tenemos del hamam como lugar de vicio es herencia del orientalismo decimonónico; en realidad, los baños eran importantes en el mundo islámico para la higiene personal, como ocurría con las termas romanas, de las cuales retoman la distribución y el uso de los espacios: al ambiente se accedía, en su disposición original, a través de un vestíbulo que da acceso a la llamada Sala de las Camas (apodyterium o bayt al-maslaj), espacio utilizado para desvestirse y dedicado también al descanso y a las reuniones, dotado de una linterna, añadida por Yusuf I, que apoya sobre cuatro columnas; de allí se pasa a la sala fría (frigidarium o al-bayt al-bārid), a la sala templada ( tepidarium o bayt al-wastānī ), la más grande, y a la sala caliente (caldarium o bayt al-sajūn), debajo de la cual se halla el hipocausto. Estas salas están abovedadas con bóvedas esquifadas dotadas de tragaluces (o lucernarios) en forma de estrellas de ocho puntas de cerámica vidriada, que servían para la iluminación del espacio y también, abriéndose y cerrándose, para la regulación del vapor. Todo el hamam está decorado con yesería, inscripciones y variopintos alicatados geométricos, y contiene arquerías de arcos de herradura sostenidos por columnas y capiteles labrados. Estos capiteles han sido estudiados por Gómez-Moreno, que los ha atribuido al periodo de Ismail I; por esa razón, se piensa que la construcción del baño se puede atribuir a ese sultán.

Otra construcción quizás original del Alcázar de Ismail I es la Puerta de la Rawda, por su proximidad al cementerio real. Es un pabellón en forma de qubba; en la linterna se abren doce ventanas y tiene una cúpula gallonada pintada con un efecto de ladrillo en trompe l’oeil , igual que la Puerta de las Armas; la cúpula se apoya en semitrompas de aristas y está sostenida por cuatro arcos de herradura apuntados, uno de los cuales da acceso al Palacio de los Leones, al cual el edificio ha sido parcialmente incorporado. Originariamente, estaba rodeado de otras estancias y jardines de los cuales sobrevive un aljibe para el riego de estos últimos. El cercano cementerio de la Rawda, realizado dentro del recinto de la Alhambra y probablemente sobre un enterramiento anterior, situado en los jardines próximos a la antigua mezquita aljama, se ha atribuido a Ismail I, a Muhammad II y a Muhammad V. El término Rawda indica un «jardín», en este caso funerario, y tiene un significado simbólico vinculado al Jardín del Paraíso. Hoy de este sitio quedan solo excavaciones arqueológicas de lo que fue el panteón real de la dinastía; la planta es rectangular, dividida en dos espacios, uno de los cuales tenía que ser el principal sobre el cual se levantaba una qubba . En el Museo de la Alhambra se conservan algunas piezas de la Rawda, que comprenden parte de la celosía de una ventana y algunos fragmentos de decoración en yesería y en azulejo.

Allí yacían los restos de Ismail I, de su abuelo, de su madre y de sus sucesores antes de su traslado a Mondújar por el último sultán nazarí, Boabdil, tras la toma de Granada. El reinado de Ismail terminó bruscamente, en 1325, cuando fue asesinado por un arráez –por encargo de su primo Muhammad, gobernador de Algeciras– que apuñaló al sultán en la misma Alhambra. Tras un paréntesis de estancamiento con Muhammad IV (r. 1325-1333), el esfuerzo artístico de los nazaríes tuvo un periodo particularmente floreciente con el segundo hijo de Ismail, Yusuf I.

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