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Cuando las barbas pagaban impuestos

A lo largo de la historia, diferentes monarcas y líderes crearon una tasa que debían pagar quienes llevaran barba

Impuestos extraños
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Podríamos decir que está cogido por los pelos. Literalmente. Y no nos equivocaríamos. La primera referencia a un impuesto vinculado al vello facial se remonta a 1535, cuando el rey Enrique VIII de Inglaterra (que llevaba barba), introdujo un impuesto sobre las barbas…  o al menos un edicto que señalaba que arrancarse la barba era un delito castigado con multas de diferentes cuantías, dependiendo del infractor y su abolengo.

La siguiente mención a un impuesto “bárbaro” se produjo más de un siglo después y se trata de la más conocida en términos históricos. Todo comenzó con Pedro I, alias Pedro el Grande. A finales del siglo XVII, Rusia distaba mucho de ser la potencia que es actualmente. No estaba vinculada a Europa en términos económicos o políticos, tampoco tenía una marina que pudiera extender o al menos asegurar sus fronteras ni ampliar sus rutas comerciales. Así miraba a Inglaterra por sus conquistas territoriales y a Holanda por su poderío comercial. Pedro I sabía que tenía que modernizar Rusia o al menos adaptarla a los tiempos que corrían en Europa y con este propósito se pasó dos años recorriendo el continente como parte de una gran embajada de 250 importantes miembros de la política rusa. Solo que Pedro I viajaba de incógnito bajo el nombre de Sargento Pyotr Mikhaylov. El zar ruso pasó cuatro meses trabajando en un astillero para la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, en el Reino Unido trabajó en el astillero de la Royal Navy, visitó fábricas, escuelas y museos e incluso asistió a una sesión del Parlamento.

Cuando finalmente regresó a Rusia, Pedro I comenzó un ambicioso proyecto para convertir a su país en una nación acorde con los tiempos y la política continental. Cambió por completo la administración local, el ejército, la iglesia y la industria. Modificó el calendario y hasta la caligrafía. La necesidad de dinero, provocada principalmente por las guerras que emprendió Pedro I, hicieron también que creara numerosos impuestos: al vodka, a los baños rusos, a la apicultura, la pesca y…a las barbas. Para Pedro I se trataba de una costumbre anticuada y muy alejada de lo que había visto en Europa. Y la anunció a bombo y platillo pese a la oposición generalizada de militares y de miembros de la iglesia ortodoxa rusa. Por ello quienes llevaban barba debían pagar un impuesto que iba desde 1 kopek para los plebeyos hasta 100 rublos (más de 3000 euros actuales) para los nobles.

Quienes pagaban el impuesto recibían una moneda que certificaba que la tasa había sido abonada. Los nobles recibían una de plata mientras que el resto una de cobre y en ella se podía leer “Se ha cobrado el impuesto” en una de sus caras  y "La barba es una carga superflua”, en la otra. Más de medio siglo después de esta medida, en 1772 (47 años después de la muerte de Pedro I), el impuesto se eliminó.

Solo una vez más volvió a surgir la idea: en 1907, un miembro de la legislatura de Nueva Jersey (Estados Unidos) presentó un proyecto de ley para gravar las barbas con un impuesto. Proponía recaudar según el largo de la barba (entre 1 y 5 dólares anuales) y si la barba fuera pelirroja, se pagaba un 20% más. Por algún extraño motivo el proyecto no fue aprobado.

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