¿Cuál era la función del agua en la Alhambra?

El agua en el contexto de la Alhambra constituye uno de los temas esenciales para comprender las funciones totales de este magnífico conjunto monumental. La presencia del agua en la Alhambra se debe a diversos factores de índole espiritual, así como a funciones domésticas y vinculadas a la higiene.

El agua en el contexto de la Alhambra constituye uno de los temas esenciales para comprender las funciones totales de este magnífico conjunto monumental. La presencia del agua en la Alhambra se debe a diversos factores de índole espiritual, así como a funciones domésticas y vinculadas a la higiene. En las próximas líneas se intentará explicar cómo funciona el agua en varios aspectos del conjunto palatino.

Para comenzar, veamos el uso del agua en el ámbito doméstico y más elemental relacionado con la Alhambra. Cabe colegir que cualquier espacio de vivienda, con presencia humana continuada, requiere de diferentes lugares contenedores de agua. Precisamente, la ubicación del agua es la que suele indicar si esa presencia humana es continuada, intermitente, interrumpida o inusual. En el caso de la Alhambra, el sistema hidráulico es muy sofisticado, ya que la subida del agua a la Sabika requiere poder salvar los diferentes desniveles entre la ciudad y el lugar donde se sitúa el monumento para realizar los sistemas de canalización que abastecen a los espacios y que evacúan las aguas residuales. El río Darro es el principal surtidor de agua, desde donde se conduce hasta la Acequia del Sultán que sube al Generalife. Las últimas excavaciones arqueológicas demuestran claramente la sofisticación del sistema de aljibes y acequias para poder impulsar el agua —de forma manual— desde la parte baja —Bab al Difaf o Puerta de las Compuertas— a la parte alta del conjunto palatino por medio de una compleja red de acueductos subterráneos que, a su vez, canalizan el agua desde el Generalife hasta los ramales subterráneos de la Alhambra. Una vez en la Alhambra, el agua estaba al servicio de los rituales de pureza, embellecimiento e higiene personal de los habitantes del complejo palatino, así como para nutrir las diferentes albercas desde las que nacen redes de acequias y subacequias que alimentan los huertos, los jardines y las fuentes.

Fuente de la Alhambra
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Agua y luz para hacer visible lo invisible

Los usos del agua en la Alhambra, como se puede observar, forman parte de una compleja red de cooperación que se incluye en el modo de entender el mundo de las sociedades mediterráneas, incluidas las islámicas. Este espacio, donde se alza la residencia del soberano del Reino Nazarí de Granada, se convierte en una especie de microcosmos paradisíaco donde cada elemento que compone el conjunto palatino cumple con una función específica. Es por ello por lo que el agua no solo es importante para la cotidianidad del lugar, sino que se convierte además en un elemento simbólico y filosófico recurrente en los espacios más cercanos a la presencia del soberano y en las prácticas religiosas del islamismo nazarí.

En los textos coránicos son innumerables las referencias al agua como parte esencial de la Creación, además de constituir el elemento fundamental que codifica el Paraíso de los Bienaventurados. Resulta del todo lógico pensar que su presencia en la Alhambra no solamente sirviera para llenar de agua las albercas. Estas piscinas, en realidad, funcionan como espejo donde se reflejan los principales lugares de aparición pública del soberano, como se observará en la Torre de Comares. En otros lugares importantes lo que se hace es representar el agua de forma esquemática, en aquellos espacios que aluden simbólicamente al momento de la Creación. A continuación, se va a atender en profundidad a estos aspectos.

El conocido como Patio de Arrayanes contiene una de las albercas más espectaculares de los Palacios Nazaríes. Coronada por la Torre de Comares, dicha alberca tiene la función de rememorar ese espacio paradisíaco vinculado a la presencia del soberano y, además, reflejar de forma constante —y cambiante— el lugar donde se sitúa el Salón del Trono. Así lo determinan, como se puede leer en recientes estudios y traducciones del profesor Puerta Vílchez, los poemas de Ibn Zamrak o Ibn al-Jattib que recorren los muros del edificio de Comares, que anteceden al Salón del Trono. Este logro sutil de «hacer visible lo invisible» por medio del uso del agua y los efectos de la luz sobre ella es uno de los mecanismos más recurrentes para representar el poder del monarca desde la Antigüedad Tardía. El soberano rara vez aparecía ante el pueblo ofreciendo una visión completa de su figura. Por lo general, se dejaba ver para la impartición de justicia y la audiencia pública en lugares muy concretos. Incluso era costumbre que portase algún tipo de tejido fino que ocultara su rostro. Además, la arquitectura monumental y sus juegos claroscuristas, con la colocación de accesorios efímeros como celosías, cortinas o lámparas, generaban un espacio íntimo y misterioso que dejaba volar la imaginación y potenciaba el poder de la dinastía emanado directamente de Dios. Ejemplos destacados del citado fenómeno se encuentran en el complejo acceso a Medina Azahara para la recepción de embajadores y personajes importantes, en la Mezquita de Córdoba, en algunos palacios de época taifa, en el ceremonial almohade y, con mayor antigüedad, en Santa Sofía de Constantinopla. Así pues, la alberca del Patio de los Arrayanes simboliza algo más que el mero hecho de ser un contenedor de agua destinado a embellecer el espacio. En un plano filosófico, la permanencia del neoplatonismo emanado desde Egipto y presente en los inicios teológicos del islam toma las metáforas del agua paradisíaca que riega ese lugar eterno al que llegarán los bienaventurados que han ejercido una correcta vida espiritual, esforzada en la fe.

Recreación del paraíso

El Palacio de los Leones es otro de los espacios de los Palacios Nazaríes que contiene una particular estructura, así como una exquisita decoración, vinculada a los conceptos espirituales sobre el agua, el Paraíso y la Creación citados con anterioridad. Puede observarse, en primera instancia, que este lugar compuesto de patio y salas que lo flanquean es el único edificio en la composición de los Palacios Nazaríes que cambia su orientación con respecto al resto de espacios palatinos. En este caso, es una orientación hacia el este, mientras que, por ejemplo, el Palacio de Comares la tiene hacia el norte, hecho que reflejó en su momento el profesor Ruiz Souza. En sintonía con el citado maestro, el Palacio de los Leones presenta todos los elementos definitorios de lo que podría ser una recreación arquitectónica del Paraíso descrito en los textos coránicos: jardín celestial acotado por el tamaño de la Tierra y del Cielo y con abundancia de agua en forma de cuatro ríos y una fuente que surte de forma perpetua al recinto. Son numerosísimas las referencias coránicas al aspecto que tiene el Paraíso, reiterando las que previamente se habían materializado en los himnos del Paraíso griegos, siríacos y orientales que nutrieron los textos coránicos en sus inicios. La fuente del Palacio de los Leones contiene una inscripción poética en árabe donde se pone de manifiesto que fue el sultán Muhammad V quien realizó la obra, inspirado directamente por Dios. Las alusiones al plano paradisíaco se manifiestan con la comparación entre la fuente y la riqueza de las piedras preciosas y los elementos suntuosos como la plata, materiales que reflejan la luz, símbolo de Dios en las religiones monoteístas y especialmente en el islam desde sus inicios: «¡Bendito sea aquel que dio al imán Muhammad ideas que embellecen sus mansiones! ¿No hay en este jardín maravillas que Dios no quiso que semejantes hallara la hermosura? Tallada de perlas, de diáfana luz, engalanada toda ella por el aljófar derramado. Líquida plata entre joyas fluyente, con la belleza de estas, blanca y transparente (...)». La fuente, en el centro, recibe el agua de cuatro canales que surgen de los pabellones sobresalientes al este y oeste y de las famosas salas de Abencerrajes y Dos Hermanas, que confluyen en el centro, recreando el Jardín Feliz de los textos coránicos y de la poesía árabe.

El jardín feliz

Las salas que flanquean las partes norte, sur y oeste del Patio de los Leones participan también de la recreación del citado Paraíso celestial. La conocida como Sala de Abencerrajes, donde según la tradición historiográfica se puso fin a la sublevación de este cuerpo de guardia en época del sultán Mulay Hacén, reproduce en su arquitectura y decoración la simbolización del estado primigenio del plan de Dios que da lugar a la Creación del mundo. La cúpula de mocárabes que corona dicho espacio de planta cuadrada — qubba —pone de manifiesto la cooperación de las partículas que componen el universo, puestas en movimiento por la omnipotencia de Dios, y, en una especie de explosión total, conforman la composición perfecta del mundo terrenal. En este caso, la representación del agua —formación de los ríos, los mares, las aguas subterráneas, etc.— se hace presente entre los prismas de los mocárabes a través de unas líneas de azul intenso y blanco que caen zigzagueantes hacia los muros de la sala. Cuando llegan al muro, las líneas de agua se van entretejiendo entre la representación vegetal, simbolizando la creación de las plantas, los frutales y las flores. De nuevo, se puede recurrir a numerosas aleyas coránicas, como por ejemplo en el Corán 2:21, para comprender esta representación: «Él ha hecho para vosotros de la tierra un lecho y del cielo un techo, y hace caer agua del cielo y que gracias a ella broten frutos, que son para vosotros provisión (…)».

Por otra parte, enfrente de la citada Sala de Abencerrajes, la Sala de Dos Hermanas ofrece similares mensajes simbólicos, cubierta de nuevo por una magnífica cúpula de mocárabes, cambiante según la luz y el momento del día, representando la grandeza de lo sagrado. Entre las piezas de mocárabes se advierten las líneas azules y blancas en zig-zag que simbolizan la creación del agua. De este modo se completa la recreación del Jardín Feliz islámico, cuya confirmación la encontramos en uno de los poemas de la Sala de Dos Hermanas: «Yo soy el Jardín que con la belleza ha sido adornado, contempla mi hermosura y mi rango te será explicado. Por mi señor el imam Muhammad rivalizo con lo más noble por venir o ya pasado. ¡Por su Dios!, su hermoso edificio supera (…)».

La escalera del agua

Por último, en lo que concierne a este singular y bello edificio, la Sala de los Reyes se alza como, posiblemente, el lugar donde se encontraba la famosa biblioteca de la Alhambra. Este espacio es interesante por la gran cantidad de bóvedas de mocárabes que se alojan en su interior. De nuevo, cadauna de ellas deja ver gruesas líneas azules que representan la creación del agua desde el mismo centro de la bóveda celeste, donde se sitúa tradicionalmente el Trono de Dios. Como se puede deducir por medio del análisis de la arquitectura y los elementos iconográficos que la acompañan, el Palacio de los Leones ostenta una función vinculada a aspectos extremadamente espirituales, como un espacio de recogimiento destinado al saber religioso y filosófico.

El último espacio al que se hará referencia y que refleja un uso particular del agua en el contexto de la Alhambra se encuentra en el Generalife, en la parte más alta del conjunto. Se trata de la conocida como Escalera del Agua. En la parte superior del Generalife se construyó un pequeño oratorio privado al cual se accede por una escalera flanqueada por dos barandillas, construidas primorosamente con tejas invertidas y enlucida de blanco, por las cuales se desliza el agua. En tres tramos, el canal se detiene en pequeñas pilas circulares facilitando la recogida del agua con las manos. Esta escalera se ha interpretado como una fuente de abluciones que permite al fiel hacer la limpieza ritual previa al acceso al oratorio islámico conforme va ascendiendo. La Escalera del Agua supone una solución funcional, y también estética, de gran originalidad. El conjunto se cierra con una especie de bóveda de laureles que generan un entorno fresco y un remanso de absoluta paz, necesaria para realizar las pertinentes acciones rituales en el interior de la mezquita.

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