¿Cómo se iluminaban las calles en la Edad Media?

Sin gas, sin electricidad y sin un concepto de alumbrado público, ¿cómo se iluminaban los espacios públicos en el medievo?

Los siglos XX y XXI han sido las centurias de la luz. Con tan solo pulsar un interruptor, hacemos que nuestras casas y oficinas se iluminen a cualquier hora del día o de la noche. Las farolas, los neones y los sistemas de iluminación pública destierran la oscuridad de calles, parques y aparcamientos. De hecho, la luz está tan presente en nuestro día a día, que la contaminación lumínica se ha convertido en uno de los muchos problemas asociados al crecimiento urbano.

Sin embargo, esta tecnología de constante luminosidad en la que vivimos es algo reciente en la historia de la humanidad. Durante la Edad Media, la apariencia de las casas y las calles durante las horas nocturnas resultaba muy distinta: había que aprender a convivir con la tiniebla.

La luz y la oscuridad durante la Edad Media

Resurrecc
Pintura de la resurrección de Cristo que incluye una lámpara en la escena. Imagen: ©Rijksmuseum

En las ciudades medievales, la vida pública se terminaba con la puesta de sol. En el crepúsculo, las puertas urbanas se cerraban y permanecerían así, inamovibles, hasta el momento en el que el alba despuntase por el horizonte. La noche era un espacio de tiempo que se caracterizaba por la ausencia de actividades humanas. Por extensión, se convertía en el área de acción de los ladrones, los criminales y los demonios, el contexto ideal para que el Maligno pudiese tentar a los fieles con sus insidias.

La luz, por el contrario, evocaba belleza y justicia. Se tomaba como una manifestación de la existencia divina: al fin y al cabo, después de crear el cielo y la tierra, Dios generó la luz para romper la negrura que imperaba en el universo.

La iluminación de las casas medievales

Lámpara medieval
Lámpara medieval de gran tamaño en la catedral de Hildesheim, Alemania. Imagen: Wikicommons

Las técnicas de construcción doméstica empleadas durante el medievo dificultaban que se pudieran abrir ventanas en las paredes. Las aberturas no solo debilitaban la estructura global del edificio, sino que también exponían la casa al frío y las inclemencias meteorológicas. El bajo número de ventanas, por tanto, implicaba que la iluminación interior mediante luz natural fuera limitada.

Por otro lado, no solía utilizarse el vidrio para cubrir los boquetes de las ventanas. El vidrio resultaba muy costoso. Se montaba en losetas sobre estructuras de plomo y requería reparaciones frecuentes, por lo que únicamente los ricos se lo podían permitir. Los huecos de las ventanas, por tanto, solían cubrirse con trapos o cerrarse con contraventanas de madera. Las iglesias podían optar por vidrieras modestas o por celosías de mármol. Aunque, a partir del siglo XII, el gótico consiguió transformar los espacios religiosos en cantos de luz, las arquitecturas civiles y domésticas siguieron envueltas en la oscuridad.

Al contrario de lo que sucede en el presente, en el que toda la casa dispone de puntos de luz, la iluminación medieval se concentraba en espacios específicos, generalmente aquellos compartidos por todos los habitantes del hogar. Las casas más modestas que disponían de un único espacio de habitación utilizaban el fuego del hogar para cocinar, calentarse e iluminar a la familia.

También se utilizaban velas de sebo bovino y caprino o de grasa de pescado para alumbrar las casas, mientras que aquellas fabricadas en cera se usaban en las iglesias. Se recurría igualmente a lámparas de aceite, que se colgaban del techo mediante cadenas. Las clases populares empleaban lámparas de barro, más económicas, que se fijaban a las paredes mediante clavos.

Las clases altas exhibían candelabros solo en las grandes ocasiones. En la vida cotidiana, preferían recurrir a los servicios de sus criados para romper la penumbra: los servidores eran los responsables de sujetar las velas que iluminaban a sus señores. Se arrojaba luz en las áreas de paso o durante los desplazamientos al aire libre con antorchas, a menudo elaboradas con corteza de abedul.

Los sistemas de iluminación de la vía pública

Campin Anunciación
Detalle del tríptico de la Anunciación de Robert Campin. Imagen: Wikicommons

El trazado urbano medieval se caracterizaba por las calles estrechas y la superposición de estructuras arquitectónicas. Este hecho favorecía la mala iluminación general.

En la Edad Media, las calles no se iluminaban durante las horas nocturnas. Se suponía que la noche era el momento del descanso, el lapso en el que cesaban las actividades económicas y laborales. En caso de que alguien tuviese que abandonar su casa en el corazón de la noche, podía acompañarse de un criado que iluminase el camino mediante antorchas. En algunos casos, sobre todo cuando se buscaba disuadir a los ladrones, los habitantes de la ciudad colocaban velas encendidas en las ventanas, que servían para iluminar débilmente las fachadas y los espacios inmediatos de la casa.

De todas maneras, el alumbrado de plazas y vías públicas se consideraba del todo excepcional. Solo durante grandes eventos o en ocasión de la visita de personajes ilustres de la aristocracia se posicionaban velas junto a las ventanas. En el Medievo tardío, algunas ciudades establecieron la iluminación pública de ciertas zonas de la ciudad. Lo hizo Venecia en 1397 en el sector de Rialto.

Referencias

Verdon, J. 2000. La notte nel Medioevo. Traducción  de Annalisa Spetrino. Milán: Mondolibri.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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