Cómo capturar un unicornio en la Edad Media

Esto era lo que recomendaban los autores del medievo para atrapar al unicornio.

¿De dónde vienen los unicornios?

Brillante, multicolor y adorable, el unicornio se ha convertido en un icono de la cultura pop. En las fuentes históricas, sin embargo, esta criatura fantástica muestra unas características muy alejadas de la versión amable contemporánea.

Los bestiarios, textos populares en el medievo que recogían un saber enciclopédico sobre animales y criaturas tanto reales como míticas, describen los unicornios como seres similares a los caballos de cuya frente emerge un largo cuerno, a menudo en espiral. Viven en los bosques en estado salvaje y se caracterizan por una naturaleza fiera y violenta. Desde un punto de vista iconográfico, se estima que la imagen del unicornio bebe de influencias dispares que van del Valle del Indo a Bizancio.

Una versión del unicornio se encuentra atestada ya en las fuentes de la antigüedad grecolatina. En una imagen que difiere respecto a la que encontramos en los textos medievales, Plinio el Viejo lo denomina monoceros y lo sitúa en la India, como también lo hiciese Ctesias. Lo describe con cuerpo de caballo, cabeza de ciervo, patas de elefante y rabo de jabalí, más próximo al rinoceronte (animal al que, probablemente, se refieren los autores antiguos) que a la figura equina popular en períodos posteriores. Plinio también escribió que emitía un mugido grave, que poseía un único cuerno negro que despuntaba en el medio de la frente y que era imposible de capturar.

Cazar al unicornio

Caza unicornio
Imagen: Wikicommons

Durante la Edad Media, en los bestiarios se especifica que la única manera afectiva para capturar a un unicornio consiste en colocar a una joven doncella en el camino del animal. La virginidad de la muchacha constituye el único poder capaz de domar a la bestia que, al verla, según especifican las fuentes, apoyará la cabeza en el regazo y se quedará dormido plácidamente, o bien mamará del pecho de la joven. El autor clásico Claudio Eliano ya había escrito que, en la estación amorosa, los unicornios se comportaban de manera dócil y gentil con las mujeres. Incluso Leonardo da Vinci recogió este modo de atrapar al unicornio en uno de sus cuadernos.

Los unicornios figuran tanto en el arte religioso como en el secular. Los manuscritos medievales iluminados suelen representar al unicornio en el acto de apoyar la testa sobre la doncella, que con cierta frecuencia se muestra desnuda. A menudo se acompaña la escena con un caballero o un cazador que clava la lanza en el costado del animal. La caza del unicornio fue un motivo artístico común durante la Baja Edad Media. Los Tapices del Unicornio, por ejemplo, que se produjeron en los Países Bajos en torno a los años 1495 y 1505, muestran a lo largo de siete escenas a un grupo de cazadores en una batida para atrapar a la mítica criatura.

El significado simbólico

Dama unicornio
Imagen: Wikicommons

El unicornio, en cuanto criatura extraordinaria, poseía capacidades igualmente excepcionales. Al cuerno se le atribuían propiedades mágicas y terapéuticas y, por ello, era una sustancia rara muy apreciado. Se decía que curaba multitud de enfermedades, que purificaba el agua haciéndola potable y que servía para detectar venenos.

Desde un punto de vista cristiano, el unicornio se asociaba a la pureza y a la concepción inmaculada de Jesucristo. La doncella se identifica con la virgen María, mientras que el cuerno representaba la unión entre Dios y Cristo. En la imagen del unicornio cazado al que la lanza atraviesa se reconoce, en ocasiones, a Cristo en la Pasión, con el costado hendido por la punta del arma. El Physiologus, un texto clásico que gozó de gran fama durante el Medievo y que describía a los animales en clave alegórica, por lo general en su relación con la fe, establece estas conexiones entre el unicornio y el mensaje cristiano de manera explícita. De la misma forma, el unicornio se vincula a los valores de la castidad y la lealtad matrimonial.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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