Así vivían los campesinos en la Edad Media

Ahogados en impuestos, dependientes de la religión y el señor feudal, cuando tenían ocasión no dudaban en dar rienda suelta al desenfreno.

 

Una de las grandes paradojas del estudio del pasado es la escasa atención que han recibido los campesinos, precisamente la gran mayoría de la población hasta finales de la Edad Moderna. A pesar del auge de investigaciones sobre la vida cotidiana en muchos sectores sociales de diferentes etapas históricas, seguimos teniendo un vacío importante en el conocimiento de la cultura popular rural, sus festejos, sus glorias, sus penas y cuanto acontecía en la vida del 80% de la población. Nos queda mucho para dejar de hacer historia de solo unos pocos. Entre las dificultades a superar está el mayor interés que suele despertar la historia política y militar que rodea a reyes, nobles y sus guerras. Pero también la falta de fuentes a la que agarrarnos para formar un discurso sobre una masa social en su mayoría analfabeta cuyo trabajo no deja rastro documental apenas. Pero no solo en el texto se apoya el historiador, sino que en este caso contamos con una rica fuente de información gracias a la pintura.

Un señor en el cielo y otro en la tierra

La sociedad de la Edad Media tenía una primera y significativa división entre privilegiados y no privilegiados. Ambos segmentos sociales están representados en el arte y, como a veces una imagen vale más que mil palabras, no hay más que observar la diferencia entre ellos para captar al instante el tipo de vida de cada uno. Podemos comparar, por ejemplo, cómo era un banquete para los nobles y cómo era para los campesinos. 

Los campesinos de la Edad Media estaban siempre mirando al cielo. Lo hacían desde dos puntos de vista fundamentales para entender su modo de vida: el religioso y el meteorológico. Dios estaba en todas partes y a sus designios correspondía todo cuanto acontecía. Y por otro lado estaba el tiempo y sus ciclos a través de las estaciones del año, que regían cada etapa y el trabajo a realizar en el campo tanto con la agricultura, como la ganadería e incluso la caza.

El pintor de lo rural

El pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo (1526/1530 - 1569) resulta un caso excepcional para nuestro cometido. En vez de dedicar sus obras a temas mitológicos y religiosos, como era habitual en la época, optó por acercarse también al paisaje y la vida cotidiana de los campesinos. Aunque sus pinturas no transmitan prácticamente apego alguno a la religión por parte de los campesinos, sí que tenemos todo un ciclo dedicado a las estaciones, con obras que recrean las diversas etapas del año en las labores agrícolas y el modo de vida aldeano. Una manera de vivir del todo cíclica, monótona y dependiente del tiempo, las epidemias, las guerras, el deseo (o capricho) del señor feudal y los innumerables impuestos de los que se hacían cargo únicamente estos pecheros, ahogados en pagos como todos los que ocupaban la base de la pirámide social medieval, los no privilegiados, para deleite y manutención de los menos, los privilegiados.

Brueghel se adentraba en las fiestas de los campesinos acompañado por un amigo comerciante:

“Los dos hombres se vestían como los campesinos, e incluso como los demás invitados llevaban regalos y se comportaban como si pertenecieran a la familia o al círculo de uno u otro de los esposos. Le encantaba observar las costumbres de los campesinos, sus modales en la mesa, bailes, formas de cortejo y todas las bufonadas que podían ofrecer y que el pintor supo reproducir, con gran sensibilidad y humor”.

Desde la cosecha en agosto y septiembre, a los sufrimientos y dramas que los campesinos pasaban cuando la guerra llegaba a sus tierras. Estas penurias fueron retratadas por Brueghel, pasando por el trabajo de los pastores y la difícil tarea de lograr una caza fructífera en los gélidos inviernos europeos. Pero también había tiempo para el ocio y aunque Brueghel realizó sus obras sin intención de representar escenas reales, no faltan infinidad de detalles del todo rigurosos con el pasado.

La boda campesina (c. 1566-1569), Museo de Historia del Arte de Viena. Wikimedia.
La boda campesina (c. 1566-1569), Museo de Historia del Arte de Viena. Wikimedia.

En la pintura que acompaña a estas líneas vemos una boda campesina. La idea estaba clara: querían repicar los grandes banquetes que celebraban los nobles en las bodas familiares, pero en versión adaptada a bolsillos más llenos de tierra que de dinero. Las grandes comidas nobiliarias disponían todo un arsenal de comida, música y teatros para componer un espectáculo digno del estatus que ocupaban. El anfitrión solía tener una mesa exclusiva, destacada con un dosel de telas y decoraciones suntuosas. En la pintura de Brueghel vemos a la novia, con una cara llena de felicidad, ocupando un lugar central delante de un dosel improvisado, decorado con una corona de papel, todo colgado sobre heno apilado con un rastrillo como ornamento. A falta de cubertería lujosa, bandejas de plata y sirvientes atentos a los huéspedes, aquí se ha cogido una puerta de madera para transportar los humildes platos, posiblemente de avena, repartidos por los propios campesinos, que se habrían fabricados ellos mismos la cerveza que se vierte en jarras de barro a la izquierda de la obra. No parece que pudieran pagar a actores para una obra de teatro, pero un par de gaiteros debían generar un ensordecedor ambiente en el granero utilizado como salón. A la derecha de la novia están su madre y su padre, el único que tiene una silla con reposabrazos, toda una deferencia, mientras que el resto se agolpa en los bancos de madera. Incluso el poder. A continuación de los padres de la novia podemos ver a un fraile y al único con ropas de lujo: el señor feudal. Ambos charlan en una esquina de la mesa, casi desinteresados con el acto al que asisten, que solo puede darse gracias al permiso de los poderes político y religioso del momento.

Con una vida así, no es de extrañar el comentario que dejó el propio Brueghel en uno de sus cuadros:

“Los campesinos se deleitan durante tales fiestas en bailar, saltar y beber hasta emborracharse como bestias. No pueden dejar pasar la oportunidad de participar en semejante kermés, incluso si el resto del año tienen que pasar hambre y morir”.

Referencias:

Ortega Cervigón, J. I. 2020. Breve historia de la vida cotidiana en la Edad Media Occidental. Nowtilus.

Walker Vadillo, M. A. 2018. Bruegel y los campesinos. Historia National Geographic 173, 78-93.

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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