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Así llegó Madrid a ser capital de España, pasando por Cangas de Onís

La historia de las capitales ibéricas fue mucho más turbulenta de lo que nos imaginamos

Madrid capital españa
Sebastian Dubiel

 Fenicios, romanos, celtas, visigodos… El pasado de España puede contarse desde muchos sitios. Y sin duda uno de ellos es Cangas de Onís. Esta ciudad, a 70 kilómetros de Madrid. fue nada más y nada menos que la primera capital del Reino de Asturias, el cual, teniendo en cuenta que fue el primero de los reinos cristianos en la península, hace que Cangas de Onís, sea la primera capital de España… en cierto sentido.

Luego llegaría Madrid, pero para eso habría que esperar casi 800 años. En 1522, Carlos I (también Carlos V), instaló la sede de la corte en Toledo y se convirtió en una de las ciudades más importantes del imperio. Llegó a contar con más de 60.000 habitantes, una cifra enorme comparada con la de los habitantes de Madrid, que por entonces apenas era una villa. Pero tenía mucho a su favor y por ello, en 1561, Felipe II tomó una decisión que cambiaría la historia de Madrid  establecer en ella la Corte de forma permanente y convertirla en la capital de España.

Es cierto que Madrid era pequeña pero tenía una posición estratégica en el centro de la península. Felipe II también se alejaba de Toledo, una ciudad que tenía el arzobispado más importante del país, era la sede cardenalicia más rica del planeta, después de Roma y ejercía un poder que el monarca no quería compartir con nadie. De hecho, en aquellos tiempos Madrid no tenía ni obispo.

A esto hay que sumarle que la rebelión de los comuneros había servido para expropiar muchas tierras en Madrid, entre ellas la Casa de Campo. De hecho, los comuneros también fueron la excusa para descartar Valladolid, ciudad que había apoyado la revuelta. Sevilla se descartó por el clima y por la caza: Felipe II era muy fanático de esta práctica y los alrededores de Madrid eran una zona próspera para eso. Y más contando con los terrenos expropiados.

Más detalles: el rey no solo no tendría competencia de la iglesia, tampoco le harían sombra otros nobles en Madrid: los más cercanos eran los Mendoza y estaban en Guadalajara. De este modo, la nobleza que llegara después de Felipe II a la ciudad, estaría a su merced, en muchos sentidos. Madrid también tenía un mejor acceso a agua potable, algo que a Toledo le condicionaba mucho en términos sanitarios y urbanísticos.

Y finalmente había otro motivo que nada tenía que ver con la estrategia, los celos, el urbanismo o la geopolítica: el amor. En 1559 Felipe II se había casado con Isabel de Valois, su tercera esposa. Pese a la diferencia de edad, el rey era 15 años mayor y se casaron cuando Isabel tenía apenas 14 años, entre ambos nació un vínculo rara vez visto en las cortes europeas: de genuino amor. Por ello, cuando Isabel manifestó que Toledo, con sus murallas y su clima, le disgustaba, mientras que Madrid le resultaba muy atractiva, Felipe II no lo dudó. Podría casi decirse que Madrid nació como capital del amor o por amor al menos. 

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