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La peste negra y otros enigmas de la Edad Media, en la nueva Muy Historia

Su origen se vio en todo tipo de causas: desde aspectos astrológicos hasta geológicos, como erupciones de volcanes y miasmas toxicas provocadas por movimientos sísmicos; y, por supuesto, de trasfondo, la cólera y el enfado divino por los pecados humanos.

El esqueleto de la guadaña   

Las plagas, en efecto, son una cosa común, pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas”, escribió Albert Camus en La peste (1947). 
 
Si algo hemos aprendido con esta pandemia es que los acontecimientos son tales por- que nos sobrepasan, nos pueden, por mucha que haya sido nuestra previsión, por mu- cho que nos hayamos preparado. Entre 1346 y 1347 estalló en el Viejo Continente una de las mayores epidemias –si no la mayor– de la historia, que se extendió rápidamente por las regiones de la cuenca mediterránea y el resto de Europa. Una enfermedad desconocida que no se sabía cómo atajar, una zoonosis incomprensible cuando se desconocía ampliamente la importancia de la profilaxis y la higiene. Tal fue su virulencia que impregnó no solo los aconteceres cotidianos, sino también las costumbres y todo el imaginario colectivo y el arte de la época. Su origen se vio en todo tipo de causas: desde aspectos astrológicos hasta geológicos, como erupciones de volcanes y miasmas toxicas provocadas por movimientos sísmicos; y, por supuesto, de trasfondo, la cólera y el enfado divino por los pecados humanos. Desde entonces, la peste negra es el esqueleto de la guadaña, la imagen de lo fatal. En este número de MUY HISTORIA hemos querido acercarnos a esa época, a su concepción y vivencia de la pandemia (muy concretamente en nuestro país), y también descubrir otros males, ver cómo fueron experimentados por las gentes. Estamos muy lejos del Medievo, desde luego, pero conmueve comprobar que el estupor sigue siendo el mismo, que somos profundamente humanos.  

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