¿Quién fue La Chata?

Se llamó así a la hija de la reina Isabel II de España y fue la Borbón más querida y popular.

La Chata

La Borbón más querida por el pueblo nació en Madrid el 20 de diciembre de 1851. Isabel de Borbón y Borbón, conocida popularmente como La Chata, fue la hija primogénita de Isabel II y Francisco de Asís de Borbón (aunque se cree que su verdadero padre fue el duque de Baena, amante de la reina). Como tal, ostentó los títulos de infanta de España y princesa de Asturias –hasta 1857, fecha del nacimiento de su hermano Alfonso XII, adquiriendo más tarde el de condesa de Girgenti por su enlace con Cayetano de Borbón-Dos Sicilias en 1868. Su matrimonio fue breve y desgraciado: no tuvieron descendencia y su marido, epiléptico y mentalmente inestable, se suicidó pegándose un tiro en 1871.

Con la proclamación del príncipe Alfonso como rey de España en 1874, se convirtió por segunda vez en princesa de Asturias y heredera al trono, hasta que nació su sobrina María de las Mercedes en 1880. Pero, pese a no desempeñar ninguna responsabilidad oficial (o precisamente gracias a eso), Isabel fue la más popular de su familia debido a su carácter afable, su gusto por los toros –no se perdía una corrida y era amiga de muchos toreros– y su naturalidad en el trato con la gente: cuando miembros de la Familia Real le reprocharon que se mezclase con el populacho, replicó: "Al que no le guste, que no mire". Debido a esa simpatía y a su pequeña nariz, el pueblo la apodó La Chata y ella se mostró encantada con el mote.

Fue tanta su popularidad que, cuando en 1931 se proclamó la Segunda República y se envió al exilio a Alfonso XIII (su sobrino) con toda su familia, con ella se hizo una excepción: si lo deseaba, podía quedarse en España. Pero La Chata, casi octogenaria y con la salud ya maltrecha, declinó la oferta y partió con los suyos a Francia. Sólo cinco días después, el 23 de abril de 1931, falleció en un convento de Auteuil, cerca de París, y fue enterrada en el país vecino. Sesenta años más tarde, en 1991, sus restos serían repatriados a España por orden de Juan Carlos I.

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