¿Qué fue la "Masacre de Margarita Belén"?

Fue la matanza de 21 militantes peronistas a manos de la policía militar del dictador argentino Vilela en 1976.

Monumento homenaje a las víctimas de la Masacre de Mercedes Belén

Las víctimas habían sido detenidas en casi todos los casos durante el año 1976. Entre ellos había trabajadores, estudiantes, docentes, periodistas; en su mayoría eran militantes de la Juventud Peronista. Todos ellos muy jóvenes, –sólo dos superaban los 35 años–, fueron torturados y ejecutados y cuatro desaparecidos en una zona cercana a la localidad argentina de Margarita Belén.

Los presos políticos de aquellos años, –detenidos durante la puesta en marcha del plan genocida de la dictadura militar de Vilela en Argentina (1976-1981)–, sabían que “traslado” significaba en muchos casos la muerte, sobre todo, cuando se realizaban a altas horas de la noche o cuando cambiaban los movimientos en la prisión. Así lo hicieron saber los hombres y mujeres que se presentaron como testigos en el juicio por la Masacre de Margarita Belén que finalizó en 2011.

Gracias a los más de 120 testimonios (entre ellos un policía arrepentido) se logró reconstruir la verdadera historia de la masacre.

Operativo “encubrimiento rojo”

Así se llamó la operación de traslado de los presos, una puesta en escena desarrollada en la noche del domingo 12 de diciembre cuando fueron trasladados 13 detenidos bajo la excusa de causar desorden en la población carcelaria.

Esta “técnica” para simular asaltos y ataques mortales la conocían los militares pero también se enteraron de ella los presos, quienes sabían que al ser trasladados en muchas ocasiones se producían asesinatos en el camino, simulando emboscadas como lo fue en este caso.

La versión militar de los hechos indicó que la columna que trasladaba a los detenidos en la Ruta Nacional 11, había sido emboscada, muchos de los detenidos habían huido. La realidad fue que 17 personas identificadas y cuatro todavía sin identificar –consideradas desaparecidas– sufrieron un fusilamiento colectivo.

La clave de este método realizado en complicidad entre las Fuerzas Armadas, la policía y el poder judicial era el golpe de efecto que causaba sobre la población (golpe psicológico), un mensaje para quiénes continuaban resistiendo desde las fábricas o en la clandestinidad la avanzada golpista.

En esta masacre, fue la policía de la región quien hizo la tarea de liberar la zona para que el convoy militar pudiera trasladarse por la ruta sin testigos.

Los miembros del operativo tenían uniforme de combate, armados con FAL, escopetas y su pistola reglamentaria. Pertenecían a la VII Brigada a cargo del general Cristino Nicolaides.

Los cuerpos fusilados se metieron en el interior del camión (los supuestos guerrilleros muertos) y luego y fueron enterrados en el cementerio de Francisco Solano, en la capital chaqueña. 

No fue la primera ni la última vez que los militares fraguaron un enfrentamiento para disfrazar un fusilamiento colectivo.

La matanza de Margarita Belén puede entenderse dentro del plan sistemático que la dictadura orquestó para aniquilar a la clase obrera y a la vanguardia juvenil que estaba en ascenso, entre ellos militantes clasistas, peronistas y de izquierda.

Cada año, organismos de derechos humanos realizan actos conmemorativos en la ciudad de Margarita Belén en el lugar donde se alza un monolito en honor de las 21 víctimas de masacre.

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