¿Qué fue la Lista Gris de Hollywood en los años 50?

Se llamó así a la versión "suave" de la Lista Negra durante la caza de brujas macarthista. Los incluidos en ella tuvieron problemas para trabajar en el cine.

Melvyn Douglas

Entre 1947 y 1957, ser blacklisted –estar incluido en la Lista Negra de Hollywood– significaba para un cineasta no sólo la imposibilidad de trabajar sino, en muchos casos, la condena al ostracismo social y, en algunos, a la cárcel o el exilio. Esta Lista Negra tuvo sus raíces en el triunfo republicano en las elecciones al Congreso de Estados Unidos de 1946; acabada la Segunda Guerra Mundial, la URSS pasó de ser un aliado a un enemigo y se desató una auténtica histeria anticomunista, que revitalizó las actividades del llamado Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC, por sus siglas en inglés) creado en 1938. Su impulsor fue el tristemente célebre senador Joseph McCarthy, por lo cual –aunque no participase directamente en las sesiones del Comité– se ha dado en llamar macarthismo a este período oscuro de la Historia de EE UU y a la caza de brujas contra los izquierdistas, una de cuyas expresiones –ni mucho menos la única– fue la citada Lista Negra.

La parte más dura, obviamente, se la llevaron los llamados Diez de Hollywood, condenados por desacato al Congreso al negarse a contestar a las preguntas sobre su supuesta militancia comunista: entre ellos, algunos tan conocidos como el director Edward Dmytryk –que luego se retractó y colaboró con el HUAC– o el guionista Dalton Trumbo, que pasó por la cárcel. Pero hubo más de 200 personas en la industria del cine y sus aledaños que fueron blacklisted; unos se exiliaron en Europa (Jules Dassin, Joseph Losey, Lionel Stander o el mismísimo Charles Chaplin), otros dejaron de trabajar en las películas para siempre (la escritora Lillian Hellman, el actor y cantante negro Paul Robeson) e incluso hubo a quienes les costó colateralmente la vida por depresión, enfermedad o suicidio (el más famoso, el galán John Garfield, que tuvo una trombosis con sólo 39 años).

Y no sólo eso: muchas otras luminarias de la gran pantalla, simplemente sospechosas por ser "compañeros de viaje" del izquierdismo (liberales, progresistas...), serían graylisted, un término que podría traducirse como "estar en la Lista Gris". Sobre estas personas no pesó ninguna acusación oficial pero, de hecho, se encontraron repentinamente sin ofertas de los estudios, con rescisiones de sus contratos, etc. Hubo entre ellos actores muy famosos, como Edward G. Robinson o Henry Fonda, que por lo general se refugiaron en esos años en el teatro y la televisión y retomaron con éxito sus carreras cinematográficas cuando la ola antirroja amainó, a finales de la década de 1950. Aunque quizá el caso más llamativo entre todos ellos sea el del gran actor y antiguo galán Melvyn Douglas (en la foto que ilustra este artículo, a la derecha de la imagen).

Douglas (1901-1981), famosísimo desde que, en los años 30, protagonizase Ninotchka junto a Greta Garbo y otras muchas comedias románticas, era un progresista –si bien nunca fue comunista– bien relacionado con el presidente Franklin D. Roosevelt, de cuyas políticas fue un gran defensor, lo mismo que su segunda esposa, Helen Gahagan. Ambos formaron parte del Comité Antinazi de Hollywood y de otras varias asociaciones de izquierdas, pero en principio ello no obstaculizó la fulgurante carrera de Douglas. Esto iba a cambiar a raíz de que Gahagan se presentase al Senado como demócrata en 1950, enfrentándose al republicano Richard Nixon. Éste y su entorno la bautizaron como La Dama Rosa (The Pink Lady) por su "blandura con los rojos" (ella contraatacó dándole a Nixon el mítico apodo de Tricky Dicky, Dicky el Tramposo, que lo perseguiría el resto de su vida) y la desacreditaron... y, de paso, a su marido, que de pronto se vio en la Lista Gris y sin trabajo en Hollywood. Lo mismo que Fonda, Melvyn Douglas se dedicó al teatro, hasta que tuvo un regreso triunfal: en 1964, recibiría el Oscar al Mejor Actor Secundario por Hud... y otro en 1980, un año antes de su muerte, por Bienvenido, Mr. Chance. Un doble resarcimiento a una tremenda injusticia.

CONTINÚA LEYENDO