¿Por qué cambian de nombre los papas?

Una vez aceptada la elección como papa tras el cónclave, al candidato se le pregunta cómo quiere ser llamado (Quomodo vis vocari?). El primer obispo de Roma que cambio su nombre fue Juan II.

Juan II
Imagen: Getty Images.

Ser papa implica que, tras su muerte, todo lo que hizo y todo lo que no hizo será recordado y analizado durante generaciones. Pasará a formar parte de los libros de historia y millones de personas le recordarán para bien y para mal. Su posición de poder permitirá al susodicho papa poder tomar decisiones y contar con una más que considerable libertad de actuación que, sin embargo, no siempre será total ni dependerá de él. En lo que sí se tiene mayor libertad es en el nombre por el que será conocido, que viene con el cargo. ¿Desde cuándo se cambian el nombre los papas y por qué lo hacen?

El momento de la verdad llega cuando el candidato es elegido papa. Después de la celebración del cónclave y todas las votaciones secretas que hayan sido necesarias para que haya un ganador claro, el cardenal decano pregunta al susodicho si acepta el puesto de Sumo Pontífice a la cabeza de la Iglesia Católica y bajo qué nombre quiere ser conocido (“Quomodo vis vocari?”). En realidad esta particularidad de la elección parece acercarse más a una costumbre que a una norma y no es hasta el siglo VI cuando encontramos el primer caso de cambio de nombre.

Muchos defienden que el cambio de nombre es simbólico y se basa en los propios evangelios, donde vemos cómo Dios otorga nuevos nombres a sus elegidos y como el propio Jesús rebautiza a Simón como Pedro, primer líder de la Iglesia cristiana. Este cambio de nombre tendría un potente elemento simbólico por el que el elegido dejaría atrás su vida pasada y su identidad para renacer como una nueva persona, convertida en la máxima autoridad del catolicismo. Sin embargo, como ya se ha dicho, no fue hasta el siglo VI cuando el papa Juan II decidió tomar ese nombre dado que el suyo era Mercurio, dios romano del comercio, y le parecía poco apropiado que el nuevo pontífice se llamara como una deidad pagana.

Después de Juan II hubo casos en los que el papa cambió su nombre y casos en los que no y de hecho no es hasta el siglo XI cuando esta costumbre parece introducirse en el proceso y empieza a generalizarse. Desde entonces, los únicos dos papas que se han saltado la tradición y se han quedado con su nombre de nacimiento han sido Adriano VI y Marcelo II. Los nombres más utilizados desde entonces son Juan (23 veces),  Gregorio y Benedicto (empatados en 16 veces), Clemente (14 veces), Inocencio y León (también empatados en 13) y Pío (12 veces). Les siguen Esteban, Urbano, Alejandro, Adriano, Pablo, Sixto, Martín, Nicolás, Celestino, Anastasio y Honorio. Entre los nombres que solo han sido utilizados una vez están Cleto, Ceferino, Higinio, Lino, Romano, Sabiniano y Zacarías. Curiosamente, ningún papa ha querido utilizar el nombre de Pedro en el cargo, ni siquiera Juan XIV y Sergio IV que tenían ese nombre antes de ser elegidos.

La elección del nombre es cosa de cada papa, pero suelen tener que ver con algún santo o papa anterior al que quieren homenajear. Así, Juan Pablo I eligió este nombre conjunto en honor a sus predecesores Juan XIII y Pablo VI. Juan Pablo II lo hizo para recordar a su breve precursor (Juan Pablo I murió 33 días después de ser nombrado papa) y Francisco I lo hizo en alusión a Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana y conocido como el santo de los pobres.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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