¿Qué fue la batalla del Ebro?

El 25 de julio de 1938 Negrín y el general Rojo lanzaron una gran ofensiva que, al fracasar, aceleró la derrota del bando republicano y el final de la Guerra Civil.

En el verano de 1938, en plena Guerra Civil Española, la situación del ejército de la Segunda República era más que comprometida. Encadenaba una serie de derrotas que habían ido cercándoles en un territorio cada vez más escaso mientras las tropas franquistas, con mejor armamento y conservando la férrea disciplina militar, avanzaban imparables. Con todo en su contra, el entonces presidente Juan Negrín y el jefe del Estado Mayor, el general Vicente Rojo, lanzaron un órdago que podría haber cambiado el curso de la guerra pero que solo sirvió para confirmar su final. La República se disponía a atacar con todo en la batalla del Ebro.

1938 fue un año decisivo durante la Guerra Civil para ambos bandos. Con el norte tomado, las tropas franquistas se preparaban para una nueva ofensiva sobre Madrid a finales de 1937 pero se vieron sorprendidos por la toma de Teruel el 7 de enero. Franco ordenó una contraofensiva y recuperó la ciudad, disponiéndose entonces a seguir avanzando hasta salir al Mediterráneo para dividir el territorio republicano y aislar a Cataluña. Tras la toma de Castellón el 14 de junio y la próxima llegada a Valencia, desde donde se gobernaba la República, Negrín y Rojo se dieron cuenta de que si no querían perder la guerra definitivamente debían plantar cara.

 

Comienza el ataque

En la madrugada del 25 de julio, las tropas republicanas cruzaban el Ebro por Mequinenza y establecían el río como frente de batalla. La ofensiva pretendía aprovechar el factor sorpresa y aunque se consiguió ganar terreno hasta el día 30, el avance fue lento y la rápida respuesta franquista provocó que esos primeros éxitos se desvanecieran rápidamente. Los enfrentamientos se extendieron a lo largo de todo el río Ebro desde Tarragona a Zaragoza y el tomaron forma de batalla de desgaste en la que no se cedía ni un ápice del terreno. La estrategia de Rojo tuvo, según algunos historiadores, un fallo estratégico básico en los combates en río: si el agua va paralela al frente, se convierte en un obstáculo para el atacante y una ayuda para el defensor.

La del Ebro se considera la batalla más sangrienta (20.000 muertos y más de 70.000 heridos entre ambos bandos) y una de las más largas (114 días de enfrentamientos) de la contienda. El Proporcionalmente, las bajas fueron equiparables a las experimentadas en el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial. Los choques más brutales entre ambos ejércitos se produjeron en septiembre y en octubre se comienza a perder el terreno ganado por el ejército republicano. El 28 de octubre, el mismo día en que las Brigadas Internacionales abandonaban España, comenzaba la contraofensiva franquista que llevaría a que los republicanos volvieran a cruzar el río en noviembre.

 

El principio del fin

La ofensiva del Ebro fue la última esperanza de la República. Tras ser derrotados, con la moral baja y una considerable pérdida de recursos y hombres, el avance franquista parecía imparable. Para febrero de 1939, Franco había tomado Cataluña y el gobierno republicano se descomponía cada día que se alargaba el conflicto. Negrín y los comunistas pretendían continuar con la guerra lo máximo posible, esperando un conflicto mundial que les brindase apoyo; pero la población estaba cansada de lucha y algunos intentaron llegar a una paz acordada con Franco.

El por entonces ya Generalísimo, sabiéndose vencedor, promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas en febrero del 39 y confirmó que el único escenario que se planteaba era la rendición total. Las tropas franquistas entraban en Madrid el 28 de marzo de 1939 y Franco anunciaba el fin de la guerra el 1 de abril.

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